Catalejo
La tarea juvenil dentro de este cambio de época
El cambio de época ya comenzó y los jóvenes tienen sobre sus hombros las principales e inevitables tareas incluidas.
Las redes sociales, como todos los inventos humanos, no son necesariamente malas o buenas. Permiten avances sin duda valiosos, pero su principal problema lo constituye la mezcla positiva y negativa de las características del ser humano. Por un lado, la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, respetar a los demás, cumplir las obligaciones, tener solidaridad, responsabilidad, no mentir, y otros. Pero por otro, la estupidez, caracterizada por ser inmune a la razón pero no a la inteligencia, o sea la habilidad para resolver problemas o aprender temas complicados. Alguien puede ser inteligente en un tema y estúpido en otro. Por otra parte, la edad juvenil puede facilitar la comprensión y de entender nuevos conceptos, difíciles o imposibles para los adultos.
El mundo y la sociedad actual se encuentran en un cambio de época, es decir un período de tiempo con características propias, ahora especificada en los avances tecnológicos constantes y en cortísimo tiempo. Los adultos tienen una dificultad mayor para comprender el manejo de las nuevas máquinas. Ya se ha vuelto un chiste común entre abuelos narrar cuando pedimos ayuda a los nietos de corta edad o iniciándose en la adolescencia, porque ellos comprenden la lógica de la tecnología presente en televisores, radios, celulares, carros. Esta nueva generación es un ejemplo claro de los primeros pasos de ese cambio de época cuya extensión en el tiempo solo se puede saber si se tiene en las manos una bola de cristal como las de los magos y adivinos de los cuentos.
Los jóvenes entre 20 y 40 años, gracias a la tecnología bien empleada, pueden enterarse instantáneamente de hechos ocurridos en todo el mundo.
Es irónico, pero esa nueva época también incluye la aplicación de valores eternos. En el campo de la política, esta debe regresarlos como resultado de la exigencia de esas nuevas generaciones porque se reduzcan —pues lamentablemente eliminarlas no es posible— la corrupción no solamente en su faceta de enriquecimiento dinerario, sino en la de incumplir con las obligaciones y negarse a ver las nefastas consecuencias de la falta de límites tanto legales como éticos y morales. Un caso poco admitido es la corrupción escondida en la segregación y la discriminación de seres humanos a quienes no se les conceden sus derechos por el simple hecho de tener características distintas en su cultura, color de piel, lugar de residencia, o pensar distinto en su religión.
Los jóvenes entre 20 y 40 años, gracias a la tecnología bien empleada, pueden enterarse instantáneamente de hechos ocurridos en todo el mundo. Pueden tomar conciencia de su papel en la sociedad de una época distinta y tratar de hacer a un lado criterios equivocados o intrínsecamente malos, aunque hayan sido aplicados por siglos. Los cambios en esta nueva época incluyen la economía, la religión y la cultura, entre la cual —por ejemplo— está la música, considerada como una manifestación de armonía, no de ruido, o la pintura con fines estéticos en sus diversos estilos, pero no necesariamente abstractos. Por estas razones, crear y sostener ese cambio de época se facilita en la etapa de la vida anterior a la adultez y casi siempre la reproducción humana.
Esta juventud, sobre todo de la mujer, tiene el honroso papel, ojalá voluntario, de perpetuar la especie, algo imposible si no hay procreación, durante un tiempo promedio de unos 25 años. La eliminación intencional y masiva de la maternidad acabará fatal e inevitablemente con la raza humana, y la comprensión de esta realidad debe ocurrir en la juventud, cuando el cuerpo femenino está más preparado. Es necesario señalarlo con toda claridad, casi con crudeza, porque en este caso ese cambio de época está teniendo consecuencias no planificadas ni analizadas y por eso debe ceder el paso a la lógica y el sentido común, consideraciones religiosas, legales o de tradiciones, pero también al derecho de los seres humanos a ser padres, y abuelos, de ser posible.