Pluma invitada

Juventud: la oportunidad que Guatemala debe aprovechar

Guatemala vive una oportunidad única: transformar su potencial joven en desarrollo, bienestar y crecimiento sostenible.

La reciente conmemoración del Día Internacional de la Juventud nos invita a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿estamos aprovechando el mayor activo con el que cuenta Guatemala para construir un futuro más próspero e inclusivo?

Invertir en juventud es invertir en el futuro económico y social del país.

Las oportunidades más valiosas no siempre llegan desde fuera ni requieren grandes descubrimientos. En ocasiones ya están presentes en nuestras comunidades, sentadas en las aulas de nuestras escuelas, desarrollando ideas en sus barrios o buscando una oportunidad para demostrar su talento. Ese potencial tiene nombre y rostro: la juventud guatemalteca.

Con frecuencia, la conversación sobre las personas jóvenes se centra en los desafíos que enfrentan. Hablamos de acceso limitado a la educación, dificultades para encontrar empleo digno, migración o falta de oportunidades. Todas son preocupaciones legítimas y requieren atención. Sin embargo, pocas veces analizamos a la juventud como uno de los recursos más importantes para impulsar el desarrollo económico y social del país.

Guatemala atraviesa una etapa conocida como bono demográfico. Aunque el concepto pueda parecer técnico, su significado es sencillo: existe una alta proporción de población en edad de estudiar, trabajar, emprender, innovar y aportar al crecimiento nacional. Se trata de una ventaja que muchos países han aprovechado para acelerar su desarrollo. Sin embargo, esta oportunidad no genera resultados de forma automática. Para convertirla en progreso real es necesario invertir en las capacidades de las nuevas generaciones.

Los datos muestran la magnitud del reto. El 72.8 % de las personas entre 15 y 29 años se encontraba fuera del sistema educativo, lo que representa aproximadamente 2.9 millones de jóvenes (World Vision Guatemala, 2023). Esta cifra evidencia que el potencial existe, pero también que persisten barreras que limitan su desarrollo y su aporte al país.

La importancia de actuar se vuelve aún más evidente cuando observamos algunos de los principales desafíos nacionales. Guatemala continúa enfrentando altos niveles de pobreza y una de las tasas más elevadas de desnutrición crónica infantil en la región. A primera vista, estos problemas podrían parecer independientes de la situación de la juventud, pero en realidad están profundamente vinculados.

La pobreza suele reproducirse cuando las oportunidades son escasas. Cuando un joven abandona la escuela, encuentra dificultades para acceder a empleo o no cuenta con herramientas para emprender, se reducen sus posibilidades de generar ingresos estables y mejorar sus condiciones de vida. Esa situación tiene efectos que alcanzan a sus familias y que pueden trasladarse de una generación a otra.

La misma Encuesta Juvenil 2023 reveló que seis de cada diez jóvenes manifiestan preocupación por la posibilidad de quedarse sin alimentos en sus hogares y que dos de cada diez han tenido que dejar de consumir algún tiempo de comida por falta de recursos. Estos datos recuerdan que el desarrollo de la juventud no es un tema aislado, sino una condición necesaria para construir comunidades más resilientes y con mayores oportunidades para la niñez.

Por ello, invertir en juventud significa mucho más que ampliar programas educativos o facilitar el acceso al empleo. También implica fortalecer habilidades para la vida, promover el liderazgo, impulsar el emprendimiento y crear entornos donde las personas jóvenes puedan participar activamente en la transformación de sus comunidades.

La experiencia demuestra que fortalecer las competencias de las personas jóvenes en empleabilidad, emprendimiento y liderazgo genera resultados que van mucho más allá de su desarrollo individual. Cuando una sociedad confía en su talento y crea oportunidades reales para que puedan desplegarlo, también fortalece a sus familias, dinamiza sus comunidades y amplía sus posibilidades de desarrollo.

Quizá el bono demográfico sea una de las oportunidades menos visibles que tiene Guatemala. Sin embargo, su verdadero valor no está en las estadísticas, sino en la creatividad, la energía y la capacidad de transformación de millones de jóvenes que buscan abrirse camino.

La pregunta no es si Guatemala tiene potencial para cambiar su futuro. La verdadera pregunta es si tendremos la visión y la voluntad de convertir ese potencial en oportunidades reales. Apostar por la juventud significa apostar por un país con más bienestar, mayor productividad y mejores posibilidades de desarrollo para todos. Porque cuando una generación encuentra oportunidades para crecer, todo un país avanza con ella.

ESCRITO POR:

Boris Salguero

Gerente sénior de empoderamiento económico, World Vision Guatemala

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