Catalejo

Las diferencias para emitir el pensamiento

Emitir libremente el pensamiento es un derecho vuelto controversial cuando se manosea con insultos y mentiras.

El Pensamiento es una de las posibilidades incluidas en la conciencia humana, por tanto racional, capaz de comunicarse por medio del habla y de vivir en sociedad. Permite conocer y separar el bien y el mal, y por eso puede enjuiciar ética y moralmente las acciones humanas. Puede ser reflexivo o espontáneo acerca de una realidad, de uno mismo y del ambiente, y es tan diverso como lo es el Hombre. Por ello ha sido motivo de estudio filosófico desde hace miles de años, junco con la transmisión de ese pensamiento. Una frase popular dice “cada cabeza es un mundo”, y hoy en día se le califica de derecho humano, es decir las normas y libertades básicas por el hecho de existir, y por ello es también fuente de posiciones contradictorias, incoherentes o contrarias.


También desde siempre la emisión del pensamiento propio ha sido atacada por quienes piensan distinto, o por gobiernos y entidades de cualquier tipo. La Historia está llena de ejemplos de asesinatos debidos a esta divergencia no solo de pensamiento sino de ideología, religión y demás. La democracia occidental, al menos en teoría, admite el respeto a este principio, pero no siempre es así. Ya no se utiliza como castigo a este crimen, sino se ha desarrollado en la burla a la ley, y ello vuelve fundamental el papel del sistema jurídico, al cual se retuerce en sus textos legales gracias a jueces y magistrados venales por corruptibles o convertidos en verdugos. A esto se agrega la confusión de cómo debe funcionar este derecho, el cual no es absoluto, por supuesto.

Los mensajes anónimos, insisto, son cobardes y han proliferado por medio de las redes sociales.


En la práctica cotidiana del ejercicio de emisión del pensamiento sobresalen los medios y laborantes periodísticos profesionales de cualquier clase. Cuando un ciudadano divulga su pensamiento por escrito, por el radio o por los medios electrónicos de transmisión constante, debidamente identificados, es posible calificarlo de periodista de hecho, pero esto lo obliga a cumplir con los factores de la Ley Constitucional de Emisión del Pensamiento. Si no se cumple, cualquier emisor de su forma de pensar puede ser sujeto a un tribunal de imprenta, cuya integración se hace a petición de un juzgado de Paz. Se debe aceptar: es un proceso legalmente largo y la misma LEPP señala formas de solucionar cualquier disputa si el convocante tiene la voluntad de hacerlo.


Un caso especial lo constituyen los políticos últimamente decididos a comunicar su pensamiento o a realizar propaganda política electoral. Al no ser posible catalogarlos de periodistas profesionales porque no llenan ninguna de las condiciones, quedan en el papel de ciudadanos ejerciendo un derecho. Si tienen algún tipo de problemas por acusaciones, injurias o calumnias, los criterios se dividen entre quienes los consideran fuera porque tampoco tienen derecho de respuesta si son atacados o insultados por otro candidato, pero también existe la interpretación de tener derecho porque son ciudadanos. A mi criterio, no tienen ese derecho de responder, porque los señalamientos, aunque grotescos, son parte del especial ambiente previo a las elecciones.


Los columnistas pueden ser periodistas también, pero por lo general son ciudadanos comunes con alguna especialidad o no. Deben llenar las mencionadas condiciones y si alguien se considera ofendido, la solución es cumplir con la LEPP en cuanto a publicar la respuesta, siempre y cuando quien la pide es el interesado, no una persona distinta. Los mensajes anónimos, insisto, son cobardes y han proliferado por medio de las redes sociales. Debido a esto es necesario crear requisitos previos, sin los cuales no puede haber obligación legal. Pero el problema indisoluble de este caso es la imposibilidad para el ofendido de saber quién lo hizo. Ahora hasta es posible crear videos falsos con la mala fe de causar desprestigio a cualquier ciudadano, incluyendo los políticos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.