Catalejo

Ante los 205 años de separación de España

Este es un brevísimo resumen de algunos hechos —buenos o malos— de nuestra historia, la gran desconocida.

Mañana se celebrará el bicentésimo quinto aniversario del hecho histórico conocido en Guatemala como la independencia de España, pero un análisis más sereno lo debería calificar como una separación, conceptos parecidos pero con diferencias. Este último no implica necesariamente una ruptura de relaciones, por ejemplo. Se mantuvieron representantes de la corona, como Gabino Gaínza, y quienes lo protagonizaron se sentían parte de la metrópoli, porque lo eran. Personajes valiosos como Pedro Molina y José Cecilio del Valle, con sus periódicos El Editor Constitucional y el Amigo de la Patria, respectivamente, mostraron desde entonces el beneficio derivado de la difusión de ideas, aunque fueran contrarias, pero la influencia de familias poderosas, como los Aycinena, contribuyó a disminuir los efectos esperados.


A partir de esa fecha, comenzó un largo proceso de reducción de la Capitanía General de Guatemala, cuyo territorio incluía Belice, Chiapas y Soconusco y terminaba donde en teoría comenzaba Colombia, entonces llamada Virreinato de Nueva Granada, aunque la zona de jungla cerrada entre ese punto impedía el paso y dificultaba las comunicaciones entre la ciudad de Panamá, fundada en 1519, cinco años antes de la primera capital de Guatemala en Tecpán. Esta reducción fue resultado de una mezcla de intereses extranjeros, sobre todo los del enorme imperio inglés, necesitado de puertos para sus avances. Los chiapanecos se unificaron a México y con eso provocaron la pérdida de al menos la mitad del territorio.

La malsana ignorancia reinante mantiene el agobiante atraso del país.


Guatemala se caracterizó por su espíritu unificador del istmo. La figura más importante para este esfuerzo fue Justo Rufino Barrios, de pensamiento liberal y anticatólico, por el poder del catolicismo desde hacía tres siglos. Al ver la imposibilidad de lograr esa unión por la fuerza de las palabras, intentó hacerlo por el poder de las armas y pagó con su vida en la batalla de Chalchuapa, en 1885. El istmo ya se había dividido en parcelas de corte cuasifeudal, y una de ellas fue la república de Guatemala, fundada por el guerrillero conservador Rafael Carrera el 21 de marzo de 1847, apenas 26 años después del 15 de septiembre de 1821. Tenía el apoyo de los Aycinena y de la iglesia Católica, temerosa del protestantismo británico.


La historia de Guatemala se ha caracterizado no solo porque la versión oficial ha sido notoriamente parcializada en demasiadas ocasiones, sino porque además notables partes han desaparecido, y la educación recortada impartida en los colegios y también en las escuelas públicas no permite el conocimiento de lo ocurrido. La clase de historia ha sido desde la década de los cincuentas y poco después de la Revolución de Octubre. Esta enseñanza ha sido también víctima de los efectos de la Guerra Fría iniciada al final de la Segunda Guerra Mundial. No conocer nuestra historia ha sido un importante factor del atraso derivado de la ignorancia de lo vivido en y por nuestro país. Debe ser analizada con serenidad y balance ético e histórico.


Un factor omnipresente es la imperdonable creencia de considerar a lo extranjero necesariamente mejor, superior. Esto abarca incluso al factor racial: los niños serán bellos si tienen piel blanca, pelo rubio, ojos azules o verdes, y eso hasta hace poco se ha reflejado en el lenguaje coloquial o en la publicidad, por ejemplo. Es un ambiente iniciado desde la invitación a europeos a emigrar a Guatemala desde la mitad del siglo XIX, acompañada del rechazo a las etnias, cultura y lenguas mayenses. Conocer la Historia implica enterarse de etapas oscuras y vergonzosas, pero también de las realidades injustamente olvidadas y, peor aún, rechazadas consciente o inconscientemente. La malsana ignorancia reinante mantiene el agobiante atraso del país.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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