Al grano
Dejemos de frenar a Guatemala
El poder de cambiar el país está en su gente y en dejar de impedir que pueda crear riqueza sin tantos obstáculos.
Guatemala es un país privilegiado, con tantas cosas hermosas y buenas que muchas veces no sabemos apreciar. También tiene cosas terribles que debemos mejorar. Es lamentable que muchas de ellas afecten tanto nuestro pensamiento que los comentarios se han vuelto pesimistas, a tal punto que hay quienes ya no quieren saber nada del país. Sin embargo, Guatemala es una maravilla. Tiene una población bastante joven, paisajes variados y hermosos, un clima increíble, pero lo mejor de todo es su gente: servicial, trabajadora, positiva y llena de cualidades admirables.
El poder de cambiar el país está en su gente y en dejar de impedir que pueda crear riqueza sin tantos obstáculos.
Quienes confiamos en una mejor Guatemala vemos todo lo positivo del país, lo que no quiere decir que nos conformemos con aquello que debemos mejorar. El país crece, a pesar del gobierno y de sus intervenciones negativas. Los jóvenes están cada día más motivados a hacer cambios positivos, participando en política, economía y derecho. Si tuviéramos que mencionar los principales retos, diría que son de orden económico, jurídico y de seguridad. Estos factores provocan un crecimiento lento y problemas que nos afectan a todos. Crecer al 4%, como se espera este año, parece bueno, pero para un país pobre es insuficiente. Hay que apuntar a un crecimiento de doble dígito y, para ello, se debe desregular y permitir que la economía se libere de tantas camisas de fuerza. Los problemas de inseguridad fueron superados hace muchos años por países europeos que hoy tienen tasas de homicidios menores a uno por cada cien mil habitantes, mientras nosotros seguimos alrededor de dieciséis.
Si bien estos son algunos de los principales problemas de Guatemala, sumados al narcotráfico, el país tiene todas las condiciones para despegar económicamente como ningún otro de la región. El poder de cambiar el país está en su gente y en dejar de impedir que pueda crear riqueza sin tantos obstáculos. Si liberamos a las personas de regulaciones innecesarias, podríamos ver casi inmediatamente una explosión de inversiones, incluyendo carreteras privadas, minería, turismo, agroindustria y muchas otras industrias. Tenemos todo para ser mucho más prósperos. Solo debemos dejar de frenar al país y desabrochar esa camisa de fuerza creada por leyes y regulaciones ridículas, algunas con buenas intenciones, pero con malas consecuencias.
Tenemos un sistema republicano con división de poderes que, afinándose bien, puede funcionar como un sistema de pesos y contrapesos para que ningún gobernante abuse de su poder. Aunque nuestra Constitución es imperfecta, Guatemala sigue siendo un paraíso para vivir.
Quienes nos visitan hablan del país de la eterna primavera por su maravilloso clima. Tenemos deliciosas verduras, frutas tropicales de todo tipo, bosques con distintas variedades de árboles y vegetación que crece rápidamente en muchas áreas del país. También contamos con paisajes únicos: volcanes, lagos, lagunas, playas, ríos, riachuelos y muchos lugares que aún están por descubrirse y aprovecharse. Ciertamente hay problemas, pero muchas veces los hacemos más grandes de lo que son. La minoría de los guatemaltecos es corrupta, no la mayoría. Como decía Luis Pazos, la gente cree que la mayoría de los políticos son corruptos, cuando no llegan ni al 10% de quienes están en el poder.
Generalizamos, criticamos desde fuera y no nos metemos. Dejamos que otros lo hagan, y no necesariamente son los mejores. Seamos positivos, participemos, comentemos, hablemos. Critiquemos lo malo, pero demos soluciones. Hablemos más de lo bueno y positivo. Guatemala tiene problemas, sí, pero también tiene una enorme capacidad para salir adelante si confiamos más en su gente y dejamos de poner obstáculos a quienes quieren trabajar, invertir y construir un mejor país.