Pluma invitada

El valor de actuar juntos

A partir de sus prioridades, el SICA articula esfuerzos regionales y contribuye a generar capacidades y oportunidades adicionales.

Hay momentos en los que las regiones necesitan mirar lo construido y preguntarse cómo pueden responder mejor a los desafíos de su tiempo. La Región SICA se encuentra hoy ante uno de esos momentos.


Desde hace más de tres décadas, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana han construido, a través del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), un espacio permanente de diálogo, concertación, coordinación y cooperación. Lo han hecho a partir de una convicción sencilla, pero fundamental: existen desafíos que podemos enfrentar mejor cuando actuamos juntos.


Esa convicción cobra especial relevancia en el contexto actual. Vivimos en un escenario internacional marcado por una creciente interdependencia. El cambio climático, la seguridad alimentaria, la movilidad humana, la transformación tecnológica y la gestión de riesgos trascienden las fronteras nacionales y demandan respuestas cada vez más coordinadas.


Ante esta realidad, el multilateralismo debe reafirmar su valor y demostrar su capacidad para convertir el diálogo, los consensos y los compromisos en resultados concretos para los países y, sobre todo, para las personas. La pregunta no es ¿necesitamos cooperación?, sino cómo hacerla más efectiva, articulada y cercana a las prioridades de nuestros Estados y a las necesidades de nuestra ciudadanía.


La integración regional no significa renunciar a los intereses nacionales ni sustituir la acción de los Estados. Significa reconocer que existen ámbitos en los que esos intereses pueden fortalecerse mediante la coordinación, la complementariedad y la acción conjunta. La integración no es un fin en sí mismo: es una herramienta que ha sido creada para servir a nuestros Estados miembros y a nuestra gente.


Por ello, fortalecer el SICA implica también continuar evolucionando. Necesitamos una institucionalidad orientada a resultados, con mayor articulación entre sus instancias, capaz de aprovechar las capacidades existentes y de procurar que la cooperación internacional acompañe las prioridades definidas por nuestros Estados miembros.


Al asumir la Secretaría General del SICA, lo hice con la convicción de que una de nuestras principales responsabilidades es construir puentes: entre nuestros países, entre nuestras instituciones, entre nuestros socios y, cada vez más, entre la agenda regional y la agenda global.


Los Estados miembros son el centro y la razón de ser del proceso de integración. A partir de sus prioridades, el SICA articula esfuerzos regionales y contribuye a generar capacidades y oportunidades adicionales. Pero, también necesitamos aliados: países observadores y socios para el desarrollo cuya cooperación permita fortalecer capacidades, movilizar conocimiento, recursos y generar resultados sostenibles.

Cuando compartimos capacidades, experiencias y responsabilidades, los desafíos comunes pueden convertirse en oportunidades para avanzar.


Este esfuerzo adquiere una dimensión aún mayor en el escenario multilateral. Los acuerdos internacionales necesitan encontrar caminos concretos para llegar a los países, los territorios y, finalmente, a las personas. Allí las regiones pueden desempeñar un papel relevante.


La integración regional puede actuar como un puente entre los compromisos globales y las realidades nacionales: traducir acuerdos internacionales en capacidades, políticas, cooperación y acciones concretas; y, al mismo tiempo, llevar las prioridades y experiencias de nuestros países a los espacios donde se construyen las respuestas globales.


La integración es, en sí misma, una expresión del multilateralismo: una forma concreta de articular capacidades y promover respuestas compartidas frente a desafíos comunes. Es por ello, que fortalecer los procesos regionales contribuye, por tanto, a construir un multilateralismo más cercano a las realidades nacionales y orientado a resultados.


Ese es el desafío y la oportunidad del SICA: seguir construyendo una integración que acompañe las prioridades de nuestros Estados miembros, responda a las necesidades de nuestra gente y aporte, desde nuestra región, a las respuestas que demanda un mundo cada vez más interdependiente.


Porque cuando compartimos capacidades, experiencias y responsabilidades, los desafíos comunes pueden convertirse en oportunidades para avanzar.

Ese es, en esencia, el valor de actuar juntos.

*Secretaria General del Sistema de la Integración Centroamericana

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