Mirador

Aliados, pero vigilados

Washington coopera, pero también investiga; equipa, pero vigila; considera a Guatemala un socio, pero aparentemente un socio al que conviene observar de cerca.

Ciertas noticias parecen independientes hasta que se colocan juntas, y la fotografía cambia. En pocos días, Guatemala recibió armamento adquirido a EE. UU. después de décadas de restricciones; fiscales y responsables de investigaciones de nueve distritos estadounidenses llegaron al país acompañados por funcionarios del Departamento de Justicia, DEA, FBI y HSI; el país apareció nuevamente en el informe estadounidense sobre principales países de tránsito o producción ilícita de drogas; el presidente Bernardo Arévalo no asistió a la Asamblea General de Naciones Unidas; y no fuimos invitados a la reunión del Escudo de las Américas, la iniciativa regional impulsada por Washington contra los carteles y el crimen transnacional.

Arévalo no estuvo en Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, mientras Estados Unidos reunía a socios para profundizar su estrategia contra los carteles.

A ello se agrega un importante elemento interno: Arévalo llega a este momento políticamente debilitado. La medición de septiembre de CB Global Data lo situó en el último lugar entre 18 mandatarios latinoamericanos evaluados, con 28.2 % de imagen positiva y 67.3 % negativa. Puede ser una coincidencia temporal, pero son demasiadas piezas interesantes como para no intentar armar el rompecabezas.

La adquisición de armamento estadounidense ha sido presentada por el gobierno como una señal de confianza y como parte del fortalecimiento de las capacidades del Estado para enfrentar narcotráfico y crimen organizado. Simultáneamente, el presidente recibió a una delegación estadounidense cuya composición resulta mucho más interesante que cualquier declaración diplomática. No llegaron a tomarse fotografías, sino a fortalecer investigaciones y procesos contra carteles, narcotráfico, lavado de dinero, trata y otras organizaciones criminales transnacionales. Hasta aquí, la relación con Wasshington atraviesa un momento particularmente estrecho.

Pero la fotografía tiene otra mitad. Guatemala continúa incluida por EE. UU. entre los países considerados relevantes para el tránsito o producción ilícita de drogas, lavado de dinero, conformar estructuras financieras y conexiones del crimen organizado con la política, lo que no puede considerarse una buena noticia.

EE. UU. observa, y lo hace cuando entramos en período electoral con un presidente políticamente debilitado. Washington coopera, pero también investiga; equipa, pero vigila; considera a Guatemala un socio, pero aparentemente un socio al que conviene observar de cerca.

Y hay otra pieza. El Escudo de las Américas ha sido presentado por la administración Trump como mecanismo de coordinación regional contra carteles, narcotráfico y organizaciones criminales. Guatemala no estuvo entre los países invitados inicialmente y tampoco aparece integrada posteriormente en el núcleo político de esa iniciativa. Si Guatemala es un socio tan importante en la lucha contra el narcotráfico, ¿por qué está fuera del Escudo? A la fotografía se suma que Arévalo no estuvo en Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, mientras EE. UU. reunía a socios regionales para profundizar su estrategia hemisférica contra los carteles.

Unos estaban en la reunión contra organizaciones criminales, mientras aquí se recibía a quienes investigan aquello contra lo que pretende proteger el Escudo. Washington podría estar distinguiendo entre aliados políticos regionales (partner) y socios operativos necesarios (amigos), algo ya visto en su National Security Strategy en tiempos pasados.

De cara a 2027 habrá que observar los hechos más que los discursos: extradiciones, acusaciones, sanciones, investigaciones financieras y eventuales nombres de políticos relacionados con estructuras criminales. Habrá que ver cómo evoluciona una relación con Washington que parece fortalecerse operativamente mientras mantiene distancias políticas y de inclusión en instituciones. Una especie de “sí”, pero “no”.

ESCRITO POR:

Pedro Trujillo

Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Profesor universitario y analista en medios de comunicación sobre temas de política, relaciones internacionales y seguridad y defensa.

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