La buena noticia

La justicia engrandece a una nación

El juez que avanza por su trabajo no tiene amo. El que avanza por una llamada, sí.

La justicia engrandece a una nación (Proverbios 14, 34); no es una frase decorativa ni una invocación piadosa para ceremonias oficiales. Es una afirmación que interpela al poder y a la ciudadanía. En Guatemala, donde la confianza en las instituciones ha sido profundamente golpeada, esa frase adquiere una fuerza particular: la justicia no puede ser patrimonio de quienes administran el poder. Pertenece al pueblo.


Por eso es especialmente significativa la jornada en que la asociación civil Poder Ciudadano entregó al Congreso más de 16 mil firmas recogidas en distintos puntos del país para respaldar una iniciativa que propone reformar 24 artículos relacionados con el sistema de justicia. La entrega estuvo acompañada por una oración en la Plaza de la Constitución: “La justicia engrandece a una nación”. No fue solamente un acto religioso. Fue también una interpelación ética y ciudadana.


La parábola de los viñadores homicidas, Mateo 21,33-43, proclamada este domingo, ayuda a leer con profundidad este momento. Un propietario confía su viña a unos labradores para que la cultiven y entreguen sus frutos. Pero ellos terminan comportándose como dueños: se apropian de lo que recibieron en custodia, rechazan a quienes vienen a pedir cuentas y pretenden quedarse con la herencia.


La imagen resulta incómodamente actual. Las instituciones públicas no pertenecen a quienes temporalmente las administran. El Estado no es una finca privada. Los cargos públicos no son títulos de propiedad. Las cortes, el Congreso y el Ejecutivo reciben una responsabilidad que debe ejercerse para el bien común. Cuando el poder se utiliza para repartir cuotas, proteger privilegios o asegurar permanencias, el administrador comienza a comportarse como propietario.

Ahí adquiere especial importancia la propuesta de Poder Ciudadano. Sus reformas plantean, entre otros aspectos, modificar mecanismos de postulación y elección, fortalecer la carrera judicial, separar funciones administrativas y disciplinarias, y establecer límites a la permanencia mediante renovación escalonada. Más allá de la valoración que corresponda al debate legislativo, el núcleo del planteamiento toca una cuestión decisiva: ¿quién administra la viña y bajo qué reglas responde ante sus verdaderos propietarios?


La carrera judicial, por ejemplo, busca que el ingreso, la evaluación y el ascenso respondan al mérito, experiencia, capacidad y el desempeño, y no a llamadas, favores o negociaciones. El juez que avanza por su trabajo no tiene amo. El que avanza por una llamada, sí. Separar funciones pretende evitar concentraciones excesivas de poder. La renovación escalonada y la prohibición de reelección buscan impedir que coyunturas políticas conviertan las cortes en espacios de permanencia indefinida.

La parábola, sin embargo, contiene una advertencia mayor. No basta cambiar las reglas si quienes las aplican conservan la lógica del privilegio. Podemos sustituir mecanismos y mantener las mismas prácticas. Podemos reformar instituciones y reproducir el mismo espíritu de apropiación. Por eso, una reforma de justicia necesita transparencia, vigilancia ciudadana, ética pública y verdadera independencia.


Las más de 16 mil firmas, más cinco mil solo de Jutiapa, son, en este sentido, mucho más que una cifra. Son ciudadanos que llegan a la puerta del poder para pedir frutos. La respuesta del Congreso no debería ser el silencio ni el desprecio. Debería ser debate público, argumentos, escucha y responsabilidad.

“La piedra que los constructores desechan puede convertirse en piedra angular”.  

La piedra que los constructores desechan puede convertirse en piedra angular. La ciudadanía, tantas veces reducida a espectadora, está reclamando su lugar. La democracia exige una custodia pública, temporal y vigilada. Cuando los ciudadanos preguntan por los frutos, no desafían al Estado: ejercen la soberanía que la democracia les reconoce cada día.


La pregunta final de la parábola sigue abierta: ¿qué frutos entregará la viña? Guatemala necesita una justicia que produzca igualdad ante la ley, dignidad, confianza y paz. Quienes administran las instituciones deben recordar algo elemental: recibieron la viña en custodia. No les pertenece.

ESCRITO POR:

Víctor Manuel Ruano

Presbítero de la Diócesis de Jutiapa. Licenciado en Sociología por la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma. Fue rector y profesor del Seminario Nacional de la Asunción, Guatemala, y vicerrector académico Cebitepal, Colombia.