Catalejo

La democracia necesita aspirantes analizados

Se debe ayudar a los votantes a tomar una decisión racional.

Las elecciones están siendo motivo de interés inusitado en todo el mundo. La información en publicaciones periodísticas verdaderas o falsas y malintencionadas está cada vez más siendo investigada, sobre todo por elementos como la peligrosa Inteligencia Artificial. Además, las redes sociales, la participación de medios malintencionados o sin seriedad, pero también lo hacen la ignorancia generalizada de quienes los reciben y aceptan lo expresado como verdades pétreas. La prensa independiente y seria sufre ataques dirigidos a su credibilidad por políticos nefastos, aunque hayan llegado por comicios correctos. La multiplicidad enfermiza, casi patológica, de pseudo partidos contribuye a eliminar la fundamental confianza popular en los elementos democráticos.

Las elecciones, tema de primera en todo el mundo, son fuente de publicaciones falsas para desprestigiarlas.

La introducción de ideas religiosas, propias del campo individual, merma la calidad laica de la política, de necesaria independencia de cualquier afiliación religiosa. Entre las elementales razones se encuentra por ejemplo la diferencia de la ética, es decir la definición y alcances de lo correcto. Las principales agrupaciones no-católicas dentro de América Latina son las pentecostales o las neopentecostales, los carismáticos —cercanos al catolicismo— y las neopentecostales, todas estadounidenses. Esto también provoca problemas y separaciones a consecuencia del apoyo tácito o explícito desde el púlpito en favor de candidatos cuya estrategia incluye la presencia y participación en actividades de estos tipos de culto. Por su parte, los católicos también en muchos casos han caído en el error de apoyar a un aspirante específico, con efectos contraproducentes.

Otra mezcla es igualmente preocupante: la de agrupaciones religiosas con publicaciones y medios de comunicación propios. La razón: las familias y amistades añejas pueden dividirse por motivos políticos laicos, pero cuando también lo hacen por razones político-religiosas, su efecto negativo para la sociedad es innegable, lamentable y muchas veces perenne. Por eso, a mi criterio afirmar el apoyo divino a una causa política, es un insulto para quienes tienen clara la diferencia entre los dos campos de acción, y a ello se agrega el absurdo de considerar confiable y buena persona a alguien solo porque pertenece a un gremio político mezclado con alguna de las diversas formas de interpretar al cristianismo católico u ortodoxo, o cualquier otra religión del mundo.

Dentro de este tipo de errores también sobresale la admiración y aceptación de la totalidad de acciones de aspirantes políticos extranjeros, sobre todo de quienes tienen características personales deleznables, despreciables, viles, antihumanas y por ello rechazables. La coincidencia con la ideología fanática de estos personajes, se convierte en una complicidad, aunque en miles de casos no existe la capacidad de entenderlo o, peor aún, la voluntad de hacerlo porque los obligaría a aceptar los criterios mentirosos, traducidos en un futuro cercano a efectos contrarios como consecuencia de la estupidez, esa característica humana estudiada primero por el alemán Bohnhofer antes de ser fusilado por Hitler en 1944 y luego por el italiano Cipolla años después.

Junto con esta característica humana existe otra, demasiado común en los políticos, en general: la maldad, es decir la acción para causar mal al prójimo o actuar con perversión narcisista según modernos estudios de psicología, consistente en no aceptar la necesidad emocional humana, exagerar sus logros, manipular la realidad, idealizar o devaluar al prójimo, dependientes de una validación constante a causa de su complejo de inferioridad disfrazado de superioridad enfermiza. Ya ha llegado el momento de un análisis profesional previo sobre la presencia de estas características en quien aspira a un puesto público. En otras palabras, se debe ayudar a los votantes a tomar una decisión racional, tarea dificilísima porque el voto y la irracionalidad son muy cercanos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.