La buena noticia
Jesús, el novio
Imágenes verbales para designar cualidades intuidas en el trato con la divinidad
Las realidades trascendentes son tales porque están más allá del ámbito de la experiencia sensorial o conceptual humana. Eso no significa que sean imaginarias; sino que la realidad desborda el rango que la mente puede captar por medio de los sentidos o los conceptos. Pasa lo mismo en el mundo físico. El hecho de que el ojo humano no pueda captar los rayos infrarrojos o los ultravioletas en el espectro electromagnético no significa que sean imaginarios, sino que están más abajo o más arriba del rango de ondas que el ojo logra captar como color.
San Pablo y el libro del Apocalipsis explican que la novia o la esposa de Cristo es la Iglesia.
Dios mismo es inefable. Hablamos de él en lenguaje analógico. Por eso, la Biblia está llena de imágenes para hablar de Dios: habla de sus alas cuando describe su capacidad de acoger y proteger como las aves cobijan a sus crías. Habla de sus manos o de sus dedos cuando describe su poder creador, como el artesano crea con las suyas. Habla de los ojos, de la boca, incluso de la nariz de Dios de la que sale el fuego de su ira, como en el mítico dragón. Jesús recurrió a una imagen tomada de las relaciones de padre e hijo para expresar su relación de origen y procedencia. Son imágenes verbales para designar cualidades intuidas en el trato con la divinidad.
Una de esas imágenes sorprendentes y fecundas fue la conyugal. El profeta Oseas, en el siglo VIII a. C. recurrió a ella por primera vez. Parece que, a partir de la propia experiencia con su esposa infiel, el profeta intuyó el fracaso de la relación de Israel con su Dios. Igual que Oseas, Dios debía sentirse ultrajado por la infidelidad de su esposa, Israel, que daba culto a otros dioses del entorno. El recurso a la imagen conyugal es sorprendente, pues el Dios de Israel es totalmente asexuado. A pesar de que muchas divinidades del entorno cultural del Israel antiguo eras sexuadas y su culto implicaba acciones cargadas de erotismo, el Dios de Israel, masculino, no tenía pareja femenina como contraparte y el culto que se le daba estaba totalmente desprovisto de erotismo. Oseas habló de Dios enamorado del pueblo de Israel en términos que hablaban de su inclinación amorosa, sin aludir a una actividad sexual. La imagen tuvo éxito. Después de Oseas, la desarrollaron los profetas Jeremías, Ezequiel, y el autor de los capítulos finales del libro de Isaías. Incluso un poemario como el Cantar de los Cantares entró en el canon bíblico hebreo porque bajo el influjo de aquellos profetas se leía ya en la antigüedad como celebración del amor casto de Dios por Israel.
La imagen pasó al Nuevo Testamento. En cierta ocasión, cuando le preguntaron a Jesús por qué ni él ni sus discípulos observaban un día de ayuno, respondió que no podían ayunar mientras “el novio” estuviera vivo. El novio era él mismo. ¿Su novia? En los evangelios no queda claro. Él también contó parábolas de bodas para aludir a la salvación; pero nunca hay una novia. En una de ellas, un rey prepara el banquete para celebrar las bodas de su hijo; los invitados no asisten; el rey dispone que la fiesta se celebre de todos modos; sus nuevos invitados son personas recogidas por los caminos. Con la parábola Jesús alude al hecho de que muchos de sus paisanos judíos se resistieron a participar en la salvación que él les ofrecía; pero en la que sí participarían a su tiempo los pueblos gentiles. San Pablo y el libro del Apocalipsis explican que la novia o la esposa de Cristo es la Iglesia, la comunidad de creyentes cristianos. Lo interesante es que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento recurran a imágenes nupciales para hablar del carácter festivo y alegre de la convivencia entre Dios y los hombres como del amor de Jesús hasta la muerte a favor de la Iglesia.