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Liderazgo de la mujer y el fomento del tejido social en Guatemala

El consorcio conformado por Cáritas Arquidiocesana de Guatemala, Pastoral Social Cáritas Arquidiócesis de los Altos, Pastoral Social Cáritas Diócesis de Quiché y Pastoral de la Tierra Diócesis de San Marcos, con el financiamiento del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania BMZ y Cáritas Alemania, implementó, durante nueve años, el proyecto Reconstrucción y Fomento del Tejido Social Comunitario.

Este proyecto, dividido en tres fases, acompañó a treinta grupos de autogestión en ocho municipios de cuatro departamentos de Guatemala, con el objetivo de empoderar a lideresas, fomentar la participación de la mujer en espacios de participación ciudadana y promover la autogestión comunitaria.

Estos treinta grupos de autogestión comunitaria, liderados e integrados por mujeres, representan a más de 700 familias de los municipios de Huitán y San Carlos Sija, en Quetzaltenango; La Blanca, en San Marcos; Palencia, Amatitlán y Chuarrancho, en Guatemala; y San Andrés Sajcabajá y Santa Cruz del Quiché, en Quiché.

Las mujeres guatemaltecas aún enfrentan desafíos y brechas educativas, limitadas oportunidades económicas, barreras sociales y culturales que impiden su autonomía y capacidad de participación y liderazgo. En este contexto, las lideresas han fortalecido sus competencias conocimientos, habilidades y actitudes en el marco del proyecto, para involucrarse en estructuras de organización comunitaria y municipal y representar así los intereses de las mujeres y los de su comunidad.

“Antes, las mujeres no podíamos desenvolvernos como ahora lo hacemos, hemos aprendido que tenemos libertad de expresarnos y derecho a ser escuchadas. La Escuela Oficial Rural Mixta El Conacaste’; que antes solo ofrecía educación primaria, ahora imparte también preprimaria y básicos, tras lograr la reconstrucción del establecimiento”, comentó Mérida Cutz es presidenta del grupo de autogestión comunitaria del caserío El Conacaste, en Chuarrancho, Guatemala.

Actualmente, 103 lideresas integran estructuras de participación ciudadana y toma de decisiones como en los Consejos Comunitarios de Desarrollo (COCODES), los Consejos Municipales de Desarrollo (COMUDES), organizaciones municipales y direcciones de la mujer, entre otras.

El empoderamiento de las lideresas y los grupos de autogestión hizo posible la ejecución de 74 iniciativas orientadas al mejoramiento de la infraestructura comunitaria y familiar, la educación, los emprendimientos productivos agropecuarios y las acciones ambientales. Estas iniciativas contaron con financiamiento comunitario, gubernamental, municipal y de organizaciones no gubernamentales (ONG). En total, se movilizaron aproximadamente Q8,228,380.60 y se benefició a más de 37,553 personas.

“Teníamos miedo de hablar, porque estando solo cocinando y trabajando en casa eso nos limita; en cambio al salir y organizarnos convivimos con otras mujeres en bienestar de nuestra comunidad”, expresó Bartola Coxic presidenta del grupo de autogestión del caserío Culión, Santa Cruz del Quiché, Quiché; y presidenta del comité de mujeres de esa comunidad.

Desde Salinas 11, La Blanca en San Marcos, Erika Aguilar, integrante del grupo de autogestión comunitaria, comparte que esta forma de organización también les ha permitido a las mujeres conocer sobre las distintas formas de violencia que existen, lo que les permite saber enfrentarlas y ayudar a otras mujeres a salir de círculos violentos que atentan contra su integridad. “En las comunidades no siempre podemos atendernos con un médico, pero aprendimos a sembrar albahaca, ruda, apazote y sus beneficios para recurrir a ellas cuando lo necesitamos”, comentó Aguilar.

Todos estos procesos de organización que promueve el proyecto confirman que cuando las mujeres se organizan y trabajan de forma unida, ganan legitimidad, capacidad de convocatoria e influencia en las decisiones comunitarias. Los espacios formativos compartidos con otros sujetos sociales fomentan el entendimiento mutuo, cuestionan estereotipos y construyen confianza; todo esto, transforman las relaciones de poder y consolidan un tejido social más fuerte y equitativo. El proyecto Tejido Social concluye su tercera y última fase en 2026, pero las lideresas continuarán representando y gestionando los intereses de los grupos de autogestión y los de su comunidad.