Mamografías: 20 minutos al año que pueden salvar vidas
El cáncer de mama puede avanzar sin dolor ni señales visibles. Una mamografía permite detectar lesiones antes de que puedan palparse y facilita un diagnóstico temprano que puede salvar vidas.
La mamografía permite a los médicos obtener imágenes con información de las mamas y detectar cualquier cambio o anomalía. (Foto Prensa Libre: shutterstock)
Una mamografía es una imagen que se obtiene de una radiografía, pero con equipos especializas para las distintas densidades de la mama. Según expertos, es una técnica que se ha utilizado por más de 50 años de forma segura y eficiente. Su propósito no es confirmar por sí sola un cáncer, sino revelar cambios o anormalidades que requieren atención y que, con frecuencia, aún no pueden palparse.
“Esto nos permite identificar calcificaciones o microcalcificaciones, densidades focales, masas verdaderas dentro de la mama o distorsiones de arquitectura que nos hagan sospechar que la paciente pueda tener algún signo que debamos investigar de mejor manera”, explica el médico radiólogo Sergio Ricardo Mejicano, jefe de Diagnóstico por Imágenes del Hospital de Cancerología de Guatemala.
Estos hallazgos no significan automáticamente que exista cáncer, pero sí orientan al radiólogo sobre qué zonas requieren una evaluación más cuidadosa. Por ello, Mejicano resalta en que las imágenes deben ser leídas por personal con experiencia específica en mama y con equipo que ofrezca una definición adecuada.
“La mamografía es un estudio de tamizaje que utilizamos para detectar lesiones malignas tempranas o lesiones premalignas en un momento oportuno”, añade el médico David Suárez Mota, ginecólogo oncólogo, quien explica que esa posibilidad de encontrar alteraciones pequeñas es clave porque el cáncer de mama puede avanzar sin dolor ni signos evidentes.
Por su parte, la trabajadora social de Fundecán, Fabiola Ruano, destaca la importancia de este examen desde la prevención. “Nuestra mama cambia y necesitamos un examen que sea más profundo. La mamografía es un examen de prevención del cáncer de mama y nos ayuda a visualizar nuestras mamas en el interior, nos permite ver algo que esté muy profundo, aunque nunca nos hayamos palpado nada”, asegura.
¿Quiénes deben realizarse una mamografía?
Los especialistas entrevistados coinciden en recomendar una mamografía anual a partir de los 40 años. “Está indicada la realización de la mamografía de forma anual, a partir de los 40 años, en todas las mujeres”, afirma Suárez.
Antes de esa edad, el ultrasonido mamario suele ser el estudio inicial, especialmente porque el tejido puede ser más denso; sin embargo, un médico puede indicar una mamografía antes de los 40 cuando existen síntomas, antecedentes u otra necesidad específica.
La edad es una guía general, pero no sustituye la evaluación individual. Mejicano señala que, cuando existe un familiar cercano con cáncer de mama a una edad temprana, el seguimiento por imágenes puede comenzar aproximadamente diez años antes de la edad en que ese familiar recibió el diagnóstico.
Es decir que, si un familiar fue diagnosticado a los 45 años, la persona debería acudir a un ultrasonido mamario a los 35, pero como aún no tiene la edad para una mamografía, puede acudir a un ultrasonido mamario.
El ultrasonido suele ser el punto de partida porque el tejido mamario tiende a ser más denso y puede dificultar la visualización en una mamografía. “En pacientes jóvenes, las mamas son muy densas, por lo que el ultrasonido es el estudio de elección”, explica Suárez.
Sin embargo, la ausencia de antecedentes familiares no elimina la necesidad de control. Ruano recoge una idea frecuente entre las pacientes: “En mi familia no ha pasado nada, entonces ¿para qué lo voy a hacer?”. Frente a ese temor, insiste en mantener los chequeos, pues un seguimiento anual permite reconocer antes una señal de alerta y actuar cuando las opciones de tratamiento pueden ser menos invasivas.
Además, Mejicano menciona otros factores que deben tenerse en cuenta, como la edad, los antecedentes personales de cáncer de mama, ciertos antecedentes familiares y genéticos, el historial reproductivo y hormonal, la exposición previa a radiación y la densidad mamaria descrita en estudios anteriores.
Agrega que también hay otros factores modificables relacionados con el estilo de vida, como el sedentarismo, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo. Tener uno o varios de estos factores no equivale a un diagnóstico, pero sí refuerza la importancia de conversar con el médico sobre un plan de vigilancia adecuado.
Aunque en muy pocos casos, algunos hombres también podrían requerir una mamografía. Según Mejicano, menos del 1% presenta cáncer de mama y, en estos casos, se recomienda la mamografía en un paciente varón cuando existe una masa que el médico tratante piense que pueda ser alguna lesión.

Solo 20 minutos
Al llegar al centro de diagnóstico, la paciente recibe una bata y le piden que se quite la ropa de la cintura para arriba, antes de colocarse en el mamógrafo.
“Ponemos dentro de dos paletas plásticas dentro del mamógrafo, la mama en proyección anteroposterior o plana, y presionamos la mama”, explica Mejicano.
La compresión ayuda a distribuir el tejido y a obtener una imagen útil con la menor superposición posible; la sensación de incomodidad varía entre pacientes, pero dura solo mientras se realiza cada toma.
“Sí, es un examen un poco incómodo porque la máquina hace presión en la mama, pero es necesario pasarlo”, cuenta Ruano.
El procedimiento habitual para una mamografía 2D incluye dos proyecciones de cada mama: una toma cráneo-caudal y otra medio-lateral oblicua, tanto del lado derecho como del izquierdo
“Si la hacemos en una mamografía 3D, nos tardamos la misma cantidad de tiempo aproximadamente, pero obtenemos mayor información”, explica el médico radiólogo.
Para facilitar el procedimiento, los expertos recomiendan llegar con ropa cómoda y no aplicarse desodorante, crema, antitranspirante ni productos granulados en el pecho o las axilas el día del examen, porque pueden interferir con la imagen.
Se debe informar al personal si tiene tatuajes cercanos a la mama o la axila, pues algunas tintas pueden verse en la imagen
Asimismo, si la persona tiene implantes mamarios, también debe comunicarlo antes del estudio para que el personal realice proyecciones especiales y desplace el implante al examinar el tejido.
Después de la mamografía no se requieren cuidados especiales.

Tipos de mamografías
De acuerdo con Mejicano, hay mamografías de detección para personas sin síntomas y mamografías diagnósticas para estudiar una zona específica cuando ya existe un bulto u otro hallazgo.
Además, en los tipos de mamografías también varía la tecnología: la mamografía digital o 2D obtiene imágenes planas, mientras que la 3D —también llamada tomosíntesis— imágenes tridimensionales milimétricas que ofrecen mayor detalle y precisión.
“La experiencia nos hace decir que la 3D es muy similar a la 2D, pero la 3D da mucha más información, ya que podemos obtener hasta 90 o 100 imágenes por cortes, perdón, por proyección mamográfica”, explica el médico radiólogo.
También existe la mamografía convencional, sin embargo, se usa menos por la baja resolución que ofrece.
“Los métodos de imagen no diagnostican propiamente el cáncer de mama, sino que sugieren un riesgo. El estándar de oro es una biopsia. La mamografía indica si hay algún tumor y qué tanto riesgo tiene ese tumor de ser cáncer”, aclara Suárez.
Para comunicar ese riesgo entre especialistas se utiliza la clasificación BI-RADS; según la categoría asignada, el médico determina si se necesita vigilancia, estudios complementarios o una biopsia.
Un resultado puede conducir a controles rutinarios, a nuevas imágenes para aclarar una zona o a una biopsia cuando las características ameritan estudiar el tejido. La lectura del informe, por tanto, debe hacerse con acompañamiento médico.
Un examen seguro
Otra inquietud habitual es la radiación. Los médicos entrevistados señalan que la dosis utilizada es muy baja y que el beneficio de la detección periódica supera ese riesgo.
“La radiación que se obtiene es mínima. Se sabe que el entorno habitual que pueda tener un paciente, como los rayos UV, usar mucho el microondas o estar cerca de un televisor, monitor, y el mismo celular, emite radiación; eso tiene mucha más radiación que la cantidad que podemos emitir por una mamografía. De tal manera que no hay ningún riesgo, es más, el beneficio de hacerse una mamografía con regularidad supera los riesgos que implican las muy bajas dosis de radiación de una mamografía”, asegura Mejicano.
Por otro lado, la mamografía no compite contra el ultrasonido mamario, sino que se complementan y responden preguntas distintas. La mamografía puede revelar microcalcificaciones y alteraciones de la arquitectura, mientras que el ultrasonido ayuda a caracterizar una masa y establecer si es sólida o quística.
“Son estudios complementarios. El ultrasonido puede mostrar imágenes que no se pueden evaluar en la mamografía y, al contrario, la mamografía puede mostrar imágenes que no se pueden ver en el ultrasonido”, explica Suárez. En casos seleccionados también puede recurrirse a otros estudios, siempre por indicación profesional.

Un hábito necesario
Según Mejicano, aproximadamente un 5 al 10% de los casos de cáncer de mama se deben a factores genéticos, mientras que un 50% podría relacionarse con factores hormonales o con el estilo de vida de un paciente.
“Por eso siempre es importante adelantarse a los riesgos o factores, tanto no modificables como modificables, para que una persona se acerque a un centro de diagnóstico especializado en imágenes y pueda realizarse este procedimiento”, agrega.
El valor de este examen se mide, sobre todo, en el tiempo que puede ganar. “El beneficio es que el diagnóstico de lesiones premalignas o malignas en etapas tempranas mejora el pronóstico de la paciente”, destaca Suárez.
La diferencia entre mantener controles y consultar únicamente cuando aparece un síntoma puede ser decisiva. “En una mujer que lleva un control anual, si hay algún signo de alerta, se detecta más rápido”, asegura Ruano.
“El cáncer de mama es una de las principales causas de mortalidad mundial. Además, el cáncer es un mal silencioso, cuando ya presenta dolor y signos, suele encontrarse en etapas avanzadas. Tener controles anuales y realizarnos la mamografía permite acceder a un tratamiento menos invasivo y detectar la enfermedad a tiempo”, agrega.
Ruano añade una razón para convertir las mamografías en hábito: “Recordemos que el cáncer de mama detectado en etapas tempranas tiene mayor probabilidad de cura”. Hacerse el control indicado, consultar los resultados con un profesional y no esperar a sentir una masa son decisiones que pueden abrir la puerta a una atención más temprana.




