Pluma invitada

España, al borde de la guerra

En Marruecos, el poder del monarca sobre el Estado es extraordinario.

La historia de España vuelve a colocarnos frente a una realidad que Europa no puede ignorar. En 711 d. C., los musulmanes cruzaron el estrecho de Gibraltar y conquistaron gran parte de la península Ibérica. La Reconquista comenzó en Asturias, tierra de mis antepasados maternos, con don Pelayo, y se inició una lucha que duró casi ocho siglos. La Reconquista terminó en 1492, con la caída de Granada, y puso fin al dominio musulmán.


La amenaza musulmana no fue solo en España. En 732 d. C., Carlos Martel derrotó en Poitiers o Tours a los musulmanes que habían penetrado en territorio franco. Aquella victoria detuvo su avance hacia el norte y quedó en la memoria europea como uno de los episodios de la defensa del cristianismo.


Pero la historia no ha desaparecido. El yihadismo ha convertido a Al Ándalus en un símbolo de su propaganda y en una aspiración territorial. Su sueño es reconquistar la península, imponer un califato y utilizar a España como puerta de entrada a Europa. No estoy atribuyendo esa intención a todos los musulmanes, sino señalando que existe un movimiento yihadista que sí persigue ese objetivo.


Marruecos ocupa aquí una posición decisiva. Su rey, Mohamed VI, tiene gran autoridad política y religiosa, y mantiene relaciones privilegiadas con Francia y España. La invasión no tiene que comenzar con soldados. Puede avanzar mediante migración masiva, influencia religiosa, financiación de escuelas y organizaciones y redes económicas. España debe preguntarse quién financia esas estructuras, qué enseñan y qué intereses tienen.


Lo ocurrido en Ceuta este año cambió la dimensión del problema. Entre el 30 y 31 de julio entraron desde Marruecos entre 70 mil y 80 mil personas creando una crisis sin precedentes. Un informe de la Policía Nacional señaló que gendarmes marroquíes y agentes vestidos de paisano habían guiado la avalancha en varias oleadas buscando colapsar el control fronterizo. El gobierno marroquí niega haber organizado la operación, pero los hechos obligan a España a preguntarse quién permitió semejante avalancha y con qué propósito.

La paz se conserva cuando un Estado demuestra que está preparado para defenderse.


No es necesario que exista una orden escrita del rey para comprender el suceso. En Marruecos, el poder del monarca sobre el Estado es extraordinario. Una operación de esa magnitud, desarrollada ente las fuerzas de seguridad marroquíes, no puede considerarse un accidente migratorio. El estrecho de Gibraltar hace más grave la situación. Apenas 14 km separan Europa de África. Por allí pasan rutas comerciales, energéticas y militares esenciales para el mundo occidental. Su seguridad es, por tanto, una cuestión estratégica para España, para Europa y para el mundo.


España tiene que prepararse ya militarmente. Debe fortalecer sus fuerzas armadas, inteligencia, Guardia Civil, Policía, vigilancia marítima, defensa aérea y capacidad de respuesta en Ceuta y Melilla. También debe exigir a sus aliados europeos una política común frente a cualquier utilización de la migración, que dicen huir del hambre y la miseria, como argumento de presión.


En Oriente Medio, Israel representa un valladar entre la civilización occidental y las fuerzas que pretenden destruirla mediante el terrorismo y la violencia. España puede convertirse en otro valladar europeo, no contra una religión, sino contra el yihadismo que pretende recuperar Al Ándalus e imponer un califato.


El peligro está cerca. España no debe esperar a que una crisis ”migratoria” se transforme en una crisis de seguridad nacional. La paz se conserva cuando un Estado demuestra que está preparado para defenderse.


La historia comenzó en Covadonga y terminó en Granada. Sería una tragedia que Europa permitiera que Al Ándalus dejara de ser historia para convertirse nuevamente en un proyecto político. España debe defender sus fronteras, su soberanía y su civilización. Amén.

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