Al grano

La JM y la política

La designación a contracorriente del empresariado del principal responsable de la macroeconomía del Estado no es beneficiosa para el país en su conjunto.

La reciente designación del exministro de Finanzas Públicas Jonathan Menkos para presidir la Junta Monetaria y el Banco de Guatemala ha desatado una intensa polémica, incluso de índole jurídica.


No obstante, para entender la gravedad y el trasfondo de este asunto, el debate debe analizarse desde una perspectiva totalmente despersonalizada. Aquí la cuestión central no es la persona del exministro Menkos —que merece todo respeto—, sus convicciones ideológicas, su militancia política ni nada por el estilo; el verdadero foco debe ponerse en la naturaleza política, económica e institucional de ambas entidades.


En ese sentido, el nombramiento de quien preside el banco central y la Junta Monetaria tiene dimensiones mucho más amplias y delicadas. No se trata solo de un cargo administrativo ni de una cuota de poder político pasajero; estamos hablando de un puesto cuya conducción impacta directamente en la estabilidad macroeconómica del país, en la credibilidad de sus instituciones económicas y financieras y, de manera muy importante, en el clima de inversión —ya sea favorable o desfavorable— que se proyecta tanto a nivel nacional como internacional.


Bajo esta óptica, Guatemala no deja de ser una “rareza” en el concierto internacional. Por un lado, sus calificaciones en los índices de percepción de corrupción, Estado de derecho, libertad de prensa, desarrollo humano o libertad económica suelen ser bastante desfavorables.

Mientras el factor partidista sea menos importante para designar al presidente de la JM, mejor para el país.


Sin embargo, cuando se evalúa su deuda pública externa, la estabilidad de su moneda, el control de la inflación —al menos, en comparación con otros países no dolarizados de la región— y la solidez de sus mercados de crédito, el país se ubica en una posición muy destacada. Y lo más interesante es que, cuando estos elementos de orden macroeconómico se incorporan en las evaluaciones globales, la calificación general del país mejora notablemente frente a los ojos de los inversionistas.


Esa es, precisamente, la fortaleza institucional que debemos cuidar con recelo y reproducir en los otros ámbitos de las administraciones públicas del Estado que tienen dimensiones sistémicas.


El ancla de la estabilidad monetaria y cambiaria ha sido uno de los pocos pilares que han brindado certidumbre a los agentes económicos durante décadas, resistiendo embates políticos de diversa índole.


Surge entonces una pregunta inevitable que los gobernantes no pueden ignorar por cálculo político: si la designación del exministro Menkos no es interpretada por los dirigentes del sector privado organizado ni por los mercados como una señal positiva para atraer inversiones y resguardar los logros alcanzados en materia monetaria y crediticia, ¿no sería mejor para el país que el Ejecutivo designara a otra persona que genere consensos y confianza técnica indiscutible?


Guatemala se enfila hacia un nuevo proceso de elecciones generales y no hay mejor momento para que el presidente de la República y jefe del Estado envíe un mensaje claro y contundente a la ciudadanía y a los mercados: la macroeconómica estabilidad de Guatemala está y debe estar estrictamente fuera del ámbito partidista, blindada de cualquier sombra de captura política. De esa decisión depende gran parte del futuro económico inmediato de la
Nación.

ESCRITO POR:

Eduardo Mayora

Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona y por la UFM; LLM por la Georgetown University. Abogado. Ha sido profesor universitario en Guatemala y en el extranjero, y periodista de opinión.

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