Liberal sin neo

El otro conflicto armado interno

Contra fuerzas puramente gansteriles, atomizadas

El diario La Jornada de México informó sobre el asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa con el título “Hijo del conflicto armado”. Describe su genealogía como nieto de Alaíde Foppa e hijo de Silvia Solórzano y Carlos López Arévalo, comandante Camilo, ambos miembros del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). El padre de Juan Francisco y dos tíos, Juan Pablo y Mario, también del EGP, murieron en combate. Describe a su abuelo, Alfonso Solórzano, como “comunista de cepa”. Juan Francisco vivió y se educó en Cuba hasta los 14 años y regresó a Guatemala después de los acuerdos de paz.


Las líneas y formas de conflicto armado han cambiado mucho en las pasadas tres décadas en Guatemala. La guerra de insurrección revolucionaria comunista librada contra el Estado y el Ejército, en el marco geopolítico de la Guerra Fría, culminó con los acuerdos de paz en 1996. La línea que separaba combatientes era bastante clara, aun cuando cada lado estuviera compuesto por variedad en sus ideales, propósitos e intereses. Las fuerzas guerrilleras y organizaciones civiles, académicas e intelectuales que las respaldaban eran fundamentalmente marxistas, moral y materialmente apoyadas por el bloque de la Unión Soviética e inspiradas por La Habana. El lado que combatía a la guerrilla era variopinto; el Estado y el Ejército, el anticomunismo, el sector productivo organizado, organizaciones civiles, políticas e intelectuales, de alguna manera en la esfera de Estados Unidos y la sociedad liberal.


Actualmente se vive otro conflicto armado interno, sin naturaleza ideológica o geopolítica; contra fuerzas puramente gansteriles, atomizadas en numerosas organizaciones criminales que varían en potencia e intereses. Carteles y bandas de narcotráfico y lavado, maras y clicas, que ocupan “territorios” que van desde unas cuantas cuadras urbanas hasta vastas regiones del país; trafican, extorsionan, roban y asesinan. Tienen “negocios”, ejércitos de pistoleros, colaboradores, simpatizantes y nexos internacionales. Cohabitan en un ecosistema de corrupción que se alimenta de los negocios con el Estado.

En teoría, el crimen es invisible, pero en realidad se exhibe con impunidad.


El Estado está profundamente penetrado, desde las ramas del gobierno central hasta las municipalidades, por todas las oportunidades de negocios, protección e influencias que representa. Es el mismo Estado que está llamado a combatir las organizaciones criminales, infectado por el mal que combate. En teoría, el crimen es invisible, pero en realidad se exhibe con impunidad; basta la muestra de “desfiles hípicos” con jinetes que gastan armas doradas y lanzan billetes al público adorador.


El Estudio global sobre homicidios de la ONU 2023 ofrece cifras en diferentes categorías. En el continente americano, 11% de los homicidios ocurre entre parejas intimas o relación familiar; 17%, por motivos interpersonales; 50%, por el crimen organizado y maras; 20%, en relación criminal y 2%, por motivos sociopolíticos. Como contraste, en Europa, 89% de los homicidios ocurren entre parejas intimas o por relación familiar y solo 10% por crimen organizado, maras o relación criminal. Son datos generalizados e inexactos; aun así, dicen mucho.


Es innecesario compartir su agenda o ideas políticas para reconocer que era un tipo arrecho, agresivo y carismático, heredero de figuras icónicas de la insurrección del siglo pasado. Protagonizaba, por lo que era admirado y odiado; daba la cara. Juan Francisco Solórzano Foppa probablemente tenía futuro en la política de Guatemala. Fue asesinado salvajemente. No murió en el conflicto armado interno que culminó en 1996, sino en el que se vive en el presente.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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