Por la libertad

La factura de Trump

La democracia limitada es importante para evitar el abuso del poder contra los ciudadanos.

El pasado martes 3 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones de mitad de período (midterm elections) en Estados Unidos. En estas elecciones se eligieron únicamente cargos legislativos y estatales. Los votantes eligieron a 435 miembros de la Cámara de Representantes, con mandatos de dos años; a 35 senadores —aproximadamente un tercio del Senado—, con mandatos de seis años; a 36 gobernadores, así como a legisladores estatales, alcaldes y otros funcionarios locales. También se sometieron a votación referendos y diversas propuestas en distintos estados.

Los demócratas recuperaron tanto la Cámara de Representantes como el Senado, por lo que ahora Trump tendrá un Congreso controlado por la oposición.

Los demócratas recuperaron tanto la Cámara de Representantes como el Senado, por lo que ahora Trump tendrá un Congreso controlado por la oposición. Yo no creo que esto represente un voto a favor del progresismo de los demócratas, sino un voto contra el propio Trump.

La semana pasada estuve en un restaurante en Austin, Texas. La mayoría de los meseros eran latinos. Uno de ellos, al comentar sobre las elecciones que se celebrarían pocos días después, nos dijo que estaban ofendidos y cansados de los precios altos y que no votarían por Trump. Lo decía con total confianza en sí mismo. Hoy vemos que Texas se pintó de azul —demócrata—, cuando ha sido tradicionalmente rojo —republicano—. Pero son varias las razones por las que el voto anti-Trump ha triunfado, y no solamente entre los latinos.

En primer lugar, muchos votantes querían contrarrestar y limitar el poder que Trump ha tenido durante sus dos primeros años como presidente, cuando contaba con el apoyo del Congreso y del Senado. En segundo lugar, y tal vez uno de los aspectos de los que más se quejan los estadounidenses, está el costo de la vida. La economía siempre es importante. La inflación, los precios de los alimentos, la gasolina, la vivienda y otros bienes generan la percepción de que la gente está peor que hace dos años. Aunque la economía vaya bien, el consumidor siente que ahora gasta mucho más al hacer sus compras en el supermercado, transportarse de un lado a otro, etcétera.

Como tercer punto, y no menos importante, están los aranceles que Trump impuso al resto de los países del mundo. Esto ha encarecido ciertos productos y materias primas, pero además ha creado enemistades innecesarias. Muchos se preguntan por qué no utilizó otra estrategia para lograr que otros países eliminaran sus tarifas hacia Estados Unidos. No hacía falta encarecer la vida de los propios estadounidenses ni la de los extranjeros que eran amigos y ahora no lo son tanto. La historia del Partido Republicano debería haber servido para no repetir el mismo error. En 1890 se incrementaron las tarifas arancelarias mediante la Ley McKinley. En las elecciones de mitad de período de ese año, los demócratas arrasaron y tomaron el control de la Cámara de Representantes. Lo mismo ocurrió en 1930, con la Ley Smoot-Hawley. En las elecciones de 1932, los demócratas obtuvieron el control del Congreso.

En cuarto lugar está el rechazo a la guerra con Irán. Esto hizo que aumentaran los precios de la gasolina y de otros derivados del petróleo. Iba a terminar rápidamente y continúa. El desgaste de Trump es obvio. A esto podemos sumar la percepción de corrupción y los problemas existentes con algunos candidatos republicanos muy polarizantes.

Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, veía la división de poderes como una defensa esencial contra la concentración del poder y la “tiranía de la mayoría”. La democracia limitada es importante para evitar el abuso del poder contra los ciudadanos. Por ello, lo que vemos ahora en Estados Unidos es lo que Tocqueville alabó en su momento: la mayoría gobierna, pero no puede hacerlo todo; el Ejecutivo tiene poder, pero debe ser controlado; el Congreso legisla, pero está dividido; los jueces son independientes; y la sociedad civil conserva espacios de libertad frente al Estado.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).