CATALEJO

Empieza proceso final en Venezuela

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Pasadas las primeras horas después de lo ocurrido el martes en Venezuela, el análisis sereno debe entender qué es, realmente: el inicio de un proceso, casi seguramente el final, para liberar a los venezolanos de la dictadura de Maduro. El papel de la comunidad internacional es fundamental para lograrlo, porque se debe realizar en base a negociaciones de los intereses de los países involucrados en primera línea: Estados Unidos, Rusia y China, y en un segundo pero cercano lugar, las democracias europeas. En América Latina, la sensatez política debe prevalecer, y por eso la posición del presidente mexicano, Luis Manuel López Obrador, quien habla de “respeto a la autedeterminación de los pueblos”, es un ejemplo de posición a espaldas de la historia.

Simplemente, Venezuela es muy grande e importante, a pesar de estar ahora en la lipidia económica y social. Putin y el líder chino Xi Jinping responden a sus intereses económicos, por las enormes deudas de Maduro, pero no tendría lógica pasar más allá de enseñar los dientes, pero nunca llegar a morder. En ese sentido, las declaraciones del secretario de Estado Pompeo, al no descartar la opción militar, dan municiones a quienes en todo el mundo, pero especialmente en Latinoamérica, son adversarios ideológicos de los Estados Unidos trumpianos. La OEA, la ONU y demás entidades internacionales deben también ser tomadas en cuenta. El líder ruso Khrushchev dijo en pocas palabras: “Estamos frente a una crisis internacional de primera, donde la astuta diplomacia tiene el papel más importante”.

El gobierno de Maduro no puede ser calificado de izquierda ni de derecha. Simplemente no tiene ideología: es una banda criminal de la peor calaña, en una situación de posible repetición en otros países, aunque pequeños, del continente. Yo le veo a esta crisis cierta similitud a la de los cohetes atómicos de 1963, entre Kennedy y el líder ruso Khrushchev. Los grupos demócratas venezolanos y sus aliados ya deberían estar negociando cómo actuarán cuando caiga Maduro, porque de no hacerlo, las ambiciones se saldrán como de su caja de Pandora y muy pronto habrán sido inútiles todos los años de lucha. Como dice el viejo dicho, “no hay mal que dure cien años”, pero es errado entusiasmarse, cuando lo adecuado es prepararse para la batalla final.

Por fin

Luego de casi siete años de lucha de la familia de Cristina Siekavizza y de cortapisas de todo tipo de la defensa de Roberto Barreda, todo quedó abierto para el juicio por la muerte de esa joven madre, en el caso de femicidio más famoso de la historia nacional, no solo por ese hecho, sino por el traslado secreto a México de los pequeños hijos del matrimonio, hasta ser capturado y puesto a disposición de la justicia. El caso tuvo el miércoles una nueva faceta increíble, cuando la madre del acusado, una expresidenta de la Corte Suprema, junto con dos familiares agredió a los padres de ella, en una acción cuyo efecto es disminuir aún más el escaso apoyo a quien es el protagonista principal vivo de ese evidente, a mi juicio, caso de uxoricidio.

Recuerdo las manifestaciones dominicales de miles de mujeres y hombres exigiendo justicia, así como los valientes discursos del doctor Juan Luis Siekavizza. El paso de los años provocó, no el olvido del caso, sino el convencimiento de ser uno de los más de cerrados porque las víctimas se cansan, se desesperan, de chocar contra el mal sistema jurídico. No es malo, en realidad, sino demasiado lento, a paso de caracol, y es víctima del abuso de los derechos legales. Quiero terminar con un ruego para todos: no mencionar a los dos niños, cuyos abuelos paternos han realizado su papel a la perfección. Ciertamente, la batalla aún no se ha ganado, pero sí el paso dado el miércoles constituye una pequeña gran victoria.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.