Estamos cerca de terminar un año que difícilmente se borrará de nuestra memoria. La pregunta del millón es si los sucesos de este año nos llevarán a seguir adelante en la lucha por sanear nuestro país o si se quedará simplemente como el momento en que pudimos cambiar la historia, pero al final todo siguió igual. ¿Qué hará usted para que el año entrante sea una digna continuación de todo lo sucedido este año?

En retrospectiva, considero este año como el punto de inflexión en la lucha contra la corrupción en el manejo de los fondos de los tributarios. Algunos medios y algunos periodistas bregamos estas aguas desde hace mucho tiempo, llenando poco a poco el vaso de la indignación de la ciudadanía, el cual finalmente se derramó con dos importantes gotas: las investigaciones y acusaciones en el caso de la Línea, presentadas por el Ministerio Público (MP) y la Cicig, y la convocatoria de un grupo de ciudadanos para llegar a manifestar un sábado por la tarde a la Plaza de la Constitución.

A partir de allí, los sucesos que pasarán a la historia se empezaron a acumular vertiginosamente. Se acusó, capturó y puso en prisión preventiva a bastantes funcionarios y personas relacionadas con diversos casos de corrupción. Algunos de los acusados se escaparon —entre ellos Juan Carlos Monzón, que finalmente se entregó— y algunos todavía están como fugitivos.

La vicepresidenta renunció, acusada de corrupción poco tiempo antes de que se le retirara el privilegio del antejuicio; seguido luego de una acusación en su contra, la que la llevó a pasar el resto del año en prisión preventiva —aunque en su caso fue principalmente de internamiento hospitalario—.

Luego fue el turno del presidente, quien sí espero hasta que le quitaran el privilegio del antejuicio —y de hecho intentó evitar que se llegara hasta ese punto, cosa que no logró—. Se le quitó el antejuicio, renunció y está ahora en prisión preventiva, a la espera de juicio.

Lo más importante del año considero que fue la participación ciudadana que se hizo sentir a través de las muchas y diversas manifestaciones que se dieron no solo en la capital, sino también en muchas otras ciudades y pueblos. Al añadir el componente de las redes sociales, la presión ciudadana se convirtió en una bola de nieve que arrasó con quienquiera se pusiera enfrente. Tan notoria fue la participación ciudadana que nos convertimos en ejemplo para ciudadanos de muchos otros países, quienes se motivaron a exigir en sus propios países un alto a la corrupción y al abuso de poder de sus mandatarios.

Todo esto se tradujo también en otros hechos históricos alrededor de las elecciones generales. Uno fue la eliminación de la contienda, por decisión de la ciudadanía del candidato que apenas a principios de año se perfilaba como casi seguro ganador: Manuel Baldizón. En contraposición, todos estos factores le permitieron a un político novato posicionarse como el “externo” y capitalizar la animadversión de la población hacia los políticos tradicionales para ganar la elección a la Presidencia del Ejecutivo.

En resumen, este fue un año increíble; un año para recordar, un año que de seguro podremos contarle a nuestros nietos con orgullo. Sin embargo, debemos estar muy pendientes que los logros de este año se traduzcan en más y mayores cambios en el siguiente. No podemos bajar la guardia porque los pícaros corruptos están siempre prestos para continuar el saqueo de nuestros impuestos. ¿Lo permitirá usted?

Les deseo a todos que pasen una muy feliz Navidad y que el año 2016 les traiga muchas buenas sorpresas, buenos amigos, buenas experiencias, éxitos; pero sobre todo, felicidad.

ESCRITO POR:

Jorge Jacobs

Empresario. Conductor de programas de opinión en Libertópolis. Analista del servicio Analyze. Fue director ejecutivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).