Centro de Innovación y Emprendimiento Bi, un espacio para desarrollar la creatividad y consolidar negocios

Diseñado para cerrar brechas y acelerar procesos que, de otra forma, tomarían años, este Centro busca apoyar a emprendedores guatemaltecos para desarrollar sus ideas de negocio, de la mano de laboratorios y programas de mentoría para comercializar sus productos finales.

Convertir una idea en un negocio sostenible suele ser un camino lleno de pruebas, aprendizajes y decisiones clave. En Guatemala, ese trayecto hoy cuenta con un aliado estratégico: el Centro de Innovación y Emprendimiento Bi, una plataforma que combina infraestructura, formación especializada y acceso a mercados para que los emprendimientos no solo nazcan, sino que crezcan y se consoliden.

Impulsado por Fundación Bi y respaldado por Banco Industrial, el Centro ofrece una estructura integral que va más allá de la capacitación tradicional. Su propuesta articula espacios de coworking, makerspaces, laboratorios especializados y programas de mentoría que acompañan a los emprendedores desde la validación de su idea hasta la comercialización de sus productos.

Ubicado en el séptimo nivel del edificio Quo, en la zona 4 de la Ciudad de Guatemala, el Centro se ha convertido en un punto de encuentro para el talento creativo y productivo del país. Allí, los emprendimientos encuentran no solo infraestructura moderna, sino también una comunidad que favorece la colaboración, el aprendizaje y la visión de largo plazo.

INFRAESTRUCTURA QUE CONVIERTE IDEAS EN PRODUCTOS

Uno de los diferenciadores del Centro de Innovación y Emprendimiento Bi es su enfoque práctico. Los emprendedores pueden acceder a laboratorios de alimentos, prototipado, diseño, corte y confección, así como a telares, equipados con tecnología que permite desarrollar y probar productos en condiciones profesionales.

Estos espacios reducen costos iniciales, facilitan la estandarización de procesos y permiten validar productos antes de llevarlos al mercado. Para muchos emprendimientos, esta infraestructura representa el primer contacto con estándares de calidad, seguridad e innovación que les abren la puerta a nuevos canales de venta.

FORMACIÓN, MENTORÍA Y REDES DE CONTACTO

La infraestructura se complementa con programas de formación adaptados a cada etapa del emprendimiento. Desde ideación e incubación hasta aceleración, el Centro ofrece talleres, asesorías personalizadas y mentorías impartidas por expertos de distintos sectores.

El acompañamiento no se limita a lo técnico. También aborda áreas clave como registro de marca, etiquetado, empaque, marketing digital, redes sociales y estrategias de comercialización. Además, el Centro facilita el acceso a redes de contacto, alianzas estratégicas y plataformas de venta que conectan a los emprendedores con clientes reales.

DEL ACOMPAÑAMIENTO AL IMPACTO REAL

El impacto del Centro se refleja en historias concretas. Emprendimientos que iniciaron como ideas informales hoy cuentan con marcas registradas, procesos definidos y ventas sostenidas. La plataforma Démosle Guate, impulsada por Banco Industrial y Fundación Bi, se ha convertido en una vitrina comercial que permite a los productos locales llegar a un público más amplio, incluso con pilotos de venta en retail.

Este enfoque integral demuestra que el emprendimiento no se fortalece únicamente con inspiración, sino con estructura, disciplina y oportunidades tangibles.

“El acompañamiento del Centro de Innovación y Emprendimiento Bi transformó por completo mi camino como emprendedor. Me dio las herramientas, la confianza y la motivación para convertir una receta artesanal en una marca guatemalteca con identidad, estructura y un futuro lleno de oportunidades”,

Efraín Velásquez, fundador de Andriego.

Andriego, historia de éxito

El emprendimiento Andriego nació en el 2025, cuando Efraín Velásquez buscaba generar un ingreso adicional para su familia. La chispa inicial fue una receta de salsa macha que un amigo mexicano le compartió, originaria de regiones como Puebla y Jalisco. Junto con su esposa, Efraín comenzó un proceso de experimentación para adaptar el sabor al paladar guatemalteco, manteniendo su carácter artesanal, pero dotándolo de identidad propia.

Los primeros meses fueron completamente artesanales: producción limitada, ventas a personas cercanas y sin una estructura formal. No existía marca registrada, ni procesos estandarizados, ni una estrategia clara de comercialización. A esto se sumaba el reto de introducir un producto poco conocido en el mercado local, lo que implicaba educar al consumidor y generar confianza.

Antes de vincularse con el Centro de Innovación y Emprendimiento Bi, Andriego se encontraba en una etapa inicial, con un producto validado a pequeña escala, pero sin bases sólidas para crecer. El acercamiento se dio tras conocer un programa de Fundación Bi dirigido a emprendedores gastronómicos, recomendación que marcó un punto de inflexión.

El acompañamiento permitió ordenar el emprendimiento: se estandarizó la receta, se registró la marca, se desarrollaron etiquetas y se fortaleció la presentación del producto. Además, Efraín recibió formación en marketing, redes sociales y empaque, así como oportunidades de exposición en eventos y degustaciones.

Como resultado, Andriego logró ampliar sus puntos de venta y obtener un espacio en la tienda Démosle Guate. Aunque la meta de llegar a supermercados sigue en construcción, las ventas han crecido de forma sostenida y el emprendimiento cuenta hoy con una visión clara de futuro. Más allá del negocio, el proceso fortaleció la confianza, la disciplina y el trabajo en equipo familiar, consolidando un proyecto con bases firmes.