Deporte Nacional
Blas Quaglieri: la historia de un hombre cuyo legado sigue vivo en cada Vuelta a Guatemala
Blas Quaglieri encontró en Guatemala una segunda patria y dejó como legado la Vuelta Ciclística, la competencia más emblemática del pedal nacional.
Hay nombres que no desaparecen cuando se apaga una vida, porque permanecen en las historias que ayudaron a construir. En el ciclismo guatemalteco, Blas Quaglieri es uno de ellos.
Un francés que llegó a Guatemala siguiendo el rumbo de las bicicletas, encontró aquí su hogar y dejó sembrada una pasión que, casi siete décadas después, continúa recorriendo las carreteras del país: la Vuelta Ciclística a Guatemala.
Su historia comenzó en 1952, cuando llegó al país como parte de una representación francesa que había participado en competencias internacionales. Quaglieri sabía lo que significaba conquistar una gran carrera: en 1949 fue uno de los cuatro jóvenes que representaron a Francia en la segunda Vuelta Ciclística a México, competencia de la que resultó ganador. Los otros integrantes del equipo eran Silvestre Sois, Henri Sarri y León Duau.
Lo que parecía una visita deportiva terminó por convertirse en una historia de amor por una tierra que hizo suya. En 1954 adoptó la nacionalidad guatemalteca y convirtió el desarrollo del ciclismo nacional en una de las grandes misiones de su vida.
Creyó en los ciclistas guatemaltecos
Quaglieri entendió que el talento necesitaba oportunidades para crecer. Desde su labor como entrenador y promotor, ayudó a preparar a ciclistas que marcarían una época, entre ellos Jorge Surqué Canel, la inolvidable Pulga Mixqueña, quien en 1957 se convirtió en el primer campeón de la Vuelta a Guatemala. También contribuyó a la formación de corredores como Jorge Armas, Saturnino Rustrián y Aureliano Cuque López.
Antes de hacer realidad la carrera nacional, organizó una selección guatemalteca para competir en la Vuelta a México, integrada por Surqué, Florencio Alvarado, Víctor Canel España y Jorge Armas.
Además, impulsó los Criterium de los Ases y promovió la participación internacional, convencido de que los ciclistas guatemaltecos merecían medirse con los mejores.
Una idea que se convirtió en leyenda
Junto con David Guerra Guzmán, David Domínguez y Humberto Salazar Damas, Quaglieri fue uno de los precursores de la Vuelta Ciclística a Guatemala.
En abril de 1957, aquella visión se hizo realidad: 64 corredores de Guatemala, México y El Salvador emprendieron una aventura de nueve etapas y 910 kilómetros, del 4 al 13 de abril. Jorge Armas ganó la etapa inaugural y Jorge Surqué se consagró como el primer campeón.
Así nació una competencia que dejó de pertenecer únicamente a sus organizadores para convertirse en patrimonio de los aficionados. En cada ascenso, cada fuga y cada llegada se escribirían nuevas páginas de sacrificio, rivalidad y gloria. Historias que reunieron a familias enteras a la orilla de las carreteras para alentar a sus ídolos.
Quaglieri continuó formando generaciones de ciclistas, entre ellos Edin Roberto Nova, bicampeón de la competencia. Su trayectoria fue reconocida por la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG), que lo incorporó a su Galería de Notables del Deporte Guatemalteco, en la categoría de entrenador. El 18 de agosto de 2016, a los 94 años, falleció. Pero hay despedidas que no significan olvido.
Su historia sigue rodando
Este 23 de octubre, la Vuelta a Guatemala llega a su edición 65. Declarada patrimonio cultural intangible de la nación, la competencia se ha consolidado como una de las grandes citas del ciclismo latinoamericano.
Detrás de esa historia permanece la huella de aquel francés que creyó en Guatemala y ayudó a darle una carrera capaz de despertar orgullo en varias generaciones.
Quizá Quaglieri nunca imaginó hasta dónde llegaría aquella semilla que ayudó a plantar. Hoy, cada vez que la caravana multicolor avanza por las montañas, atraviesa los pueblos y busca la meta, su legado vuelve a pedalear.
Porque, para los amantes del ciclismo, la Vuelta no es solamente una competencia: es memoria, emoción y sentimiento. Y en esa historia que se renueva con cada edición, Blas Quaglieri tendrá siempre un lugar de honor, como el hombre que encontró una patria en Guatemala y ayudó a convertir el ciclismo en parte de su identidad.


