Fútbol Internacional

Mexicanos lloran la eliminación del Mundial de Brasil 2014

Cerca de hacer historia y con un pie en cuartos, los mexicanos pasaron en minutos este domingo de la euforia a la incredulidad y de la tristeza a la rabia por un discutido penal en el descuento que acabó con su sueño.

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“Estoy con mucha rabia… porque nos han robado” , expresaba con los ojos anegados Marcela Sánchez, una limpiadora de 53 años, mientras seguía observando incrédula la pantalla gigante de la céntrica plaza del Zócalo de la Ciudad de México.

El optimismo no podía haber estado más alto entre las más de 7 mil personas que vieron el partido bajo el tórrido sol de esta emblemática plaza capitalina: 3-0, 2-0 o 3-1 eran algunas de las porras que hacían los aficionados.

“México trae todo el ánimo. ¡México va a ganar!” , auguraba exultante Israel Olvera, un vendedor de 38 años del popular barrio de Itzapalapa, festejando junto a sus amigos el golazo con el que Giovani dos Santos abrió el marcador.

Los cánticos, los gritos de “¡Sí se puede!”  o los vítores a las paradas del portero Guillermo Ochoa no cesaron hasta el minuto 88.

Pero el silbido del árbitro en el cuarto minuto del tiempo añadido marcando un discutido penal sobre Arjen Robben del capitán mexicano Rafa Márquez encendió el griterío en el Zócalo.

“¡Se lo regaló!” , gritaba desesperado Juan Carlos Medellín, un mecánico de 38 años, agitando la peluca rizada que llevaba puesta y temiendo el fatal desenlace.

Caras desencajadas y el corazón en un puño antes de que Klaas Jan Huntelaar acabara definiendo el marcador 2-1 a segundos de que terminara el partido. Se acababa el sueño para el México de Miguel Piojo Herrera.

“Estoy sin palabras” , magullaba Liliana Trejo, una estudiante de ingeniería de 23 años.

“Qué va a pasar? ¡Lo de siempre! Pinches árbitros pendejos. México jugó bien, cómo le regalaron un penal a última hora?” , lloraba, mientras un amigo la arropaba.

Cabizbajos, grupos de amigos y de familiares de todas las edades se consolaban unos a otros y trataban inútilmente de evitar las lágrimas al son del “canta y no llores”  del tradicional Cielito Lindo.

“El arbitraje una vez más acabó con las esperanzas de la afición” , se lamentaba Uriel Ramírez, un comerciante de 28 años cuyas lágrimas habían borrado la bandera tricolor de sus mejillas.

“Nos robaron” , espetaba su novia Belén. “Todos estábamos ilusionados con que íbamos a pasar, pero a final de cuentas pasó lo mismo de siempre, nos quedamos en octavos” .

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