Fútbol Nacional

Alejandro Galindo, una vida con pinceladas de Colombia y Guatemala

El futbolista Miguel Alejandro Galindo nació el  5 de marzo de 1992 en la comunidad de Chinautla. Su vida ha sido un ida y vuelta entre Guatemala y Colombia con el sueño de triunfar en el futbol.

Por Carlos Vicente

El parce como le llaman por tener más costumbres colombianas que nacionales, está mentalizado en triunfar en Guatemala.
El parce como le llaman por tener más costumbres colombianas que nacionales, está mentalizado en triunfar en Guatemala.

Por razones familiares, a los 10 años emigró a Bogotá, capital de Colombia, en donde fue criado por su madre, en Agua de Dios, Cundinamarca. Su infancia siempre fue la de un niño de origen humilde.

“Fue cosa de Dios que eso pasara. Estoy feliz con esto que ahora tengo”, indica a sus 22 años, convertido en un jugador profesional de futbol que se formó en el Independiente de Santa Fe, que lo tuvo en su filial y lo hizo debutar a los 19 años.

En Guatemala fue integrante de Municipal en el 2013, y actualmente viste los colores de Antigua GFC, pero no todo ha sido fácil para el volante, quien estaba acostumbrado al calor de su familia en la capital colombiana.

“Extraño mucho a mi madre y a mi novia. Fue duro dejar todo nuevamente, pero si no es así uno no triunfa. Dios me ha dado dos mujeres excepcionales que han estado conmigo en todo momento”, indica Galindo.

El chico de mirada intensa y rostro serio posee un espíritu de niño. “Soy una persona humilde que ha aprendido mucho de la vida. Mi mamá dice que tengo que ser juicioso —maduro— para triunfar”.

Al jugador le gusta mucho divertirse. “Eso trato de manifestarlo siempre en el terreno de juego. Soy amante de los animales. Me gusta ir al cine, salir a comer y visitar centros comerciales”.

“Me he perdido tantas cosas de este país. Tenemos pensado con mi novia en algún momento viajar a otros departamentos para conocer Guatemala que tiene lugares muy bonitos. Quiero recuperar algo del pasado”, agrega.

La vida para Alejandro no es convulsionada, pero genera muchas preguntas curiosas. Una de tantas que saltan al tintero para el jugador guatemalteco nacionalizado colombiano es: ¿Cómo se llama tu papá?. Sin mostrar prejuicio alguno Galindo responde: “No sé cómo se llama, no sé nada de mi papá y su familia”.

Su existencia, que pareciera un juego de legos, se ha ido transformando con las oportunidades. “Toda mi infancia y juventud la he pasado en Colombia, pero nunca me he olvidado de Guatemala porque este es el país que me vio nacer. Yo soy de aquí y me siento dichoso por ello. Amo a Guatemala y Colombia”, señala con mucha seguridad.

Su vida deportiva nació en la escuela Miguel Rizzo. En ese recinto practicaba futbol desde los 11 años. “Estuve entrenando en la escuelita un año. El profesor escuchó que había convocatoria en el equipo de Santa Fe y me llevó. En ese tiempo yo era delantero. Me fue bien, pasé las pruebas y a partir de ahí empecé a pertenecer a ese equipo”, comparte el jugador.

Una sola fuerza ha movido las metas de Galindo desde niño, y es pertenecer a la Selección de Guatemala. Su máximo referente es Carlos el Pescado Ruiz, a quien admira por su capacidad de definir y su trayectoria internacional.

“Desde que empecé a jugar futbol tenía una meta clara y era llegar al futbol guatemalteco. Miraba partidos en la televisión, ansiaba estar ahí”, cuenta.

“Con esa motivación me fui esforzando y recibiendo consejos, soñaba con estar en la Selección de Guatemala, quería venirme a mostrar, dar todo de mí y representar los colores de este país en el que nací”, expresa.

La ilusión del nacionalizado colombiano se hizo realidad en el 2012, cuando el entrenador paraguayo Éver Hugo Almeida, en ese entonces al mando de la Bicolor, lo llamó para que disputara las eliminatorias al Mundial de Brasil 2014.

“Aquí estoy y me siento feliz de vestir los colores de los equipos y la Selección de Guatemala. Defiendo a mi país como a mi madre, a la que amo mucho y extraño”, confiesa.

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Aprende a golpes

No todo es color de rosa en la vida deportiva de volante antigüeño. “Estoy viviendo el tiempo extra que Dios me dio”, afirma. Algunos errores cometidos por su juventud y poca experiencia tuvo que sufrirlos y llorarlos en algún momento.

“Si hay algo que no vuelvo a repetir es pensar que ya lo tenía todo y que con ello me bastaba. Ese fue un error grandísimo. Tuve cosas que no supe valorar y que ahora me están haciendo falta. Dios me ha dado más de dos oportunidades. Digo yo, ahora esta es la última y tengo que aprovecharla. En la vida nada es seguro”, señala.

Cuando su carrera parecía ir en ascenso, en el 2012 sufrió un accidente, cuando disputaba un amistoso con el equipo de Santa Fe. El guatemalteco chocó contra la portería del rival y se lesionó la rodilla, lo que ocasionó que pasara un año y medio sin jugar.

Después de esa situación los rojos le abrieron la puerta y en un entreno se lesionó de nuevo la rodilla, lo cual requirió de una operación. Poco tiempo después fue dado de baja.

“Fueron casi dos años y medio, en total, sin jugar. Algunos pensaron que mi carrera había llegado a su fin, pero gracias a Dios el club Antigua GFC me abrió las puertas y aquí estoy”, añade.

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“Eso me motiva cada vez más. Estar mucho tiempo sin jugar y sin apoyo económico lo vuelve a uno más profesional y te enseña a realizar las cosas como deben ser. Soy más fuerte y consciente con el trabajo”.

Justamente en esa etapa amarga de su vida, con apenas 20 años, recordó lo que muchas veces su madre le aconsejaba: “Las cosas hay que hacerlas, no para que lo vean a uno, sino porque se debe ser honesto con el trabajo”, una frase que nunca olvidará en lo que le resta de existencia.

El ángel de su vida

Uno de los nuevos proyectos en la vida está enfocado en traer a su novia, Lorena, a Guatemala, formar un hogar y enseñarle su patria de origen.

“Ahora estoy comprometido. Dios me puso al lado a una mujer que ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Cuando tuvimos que dejar de comer, por las carencias, lo hicimos los dos. Esa mujer me ha guiado por buenos caminos”, manifiesta.

Más allá del futbol, Galindo es un hombre que se considera enamorado de Guatemala, su prometida y su madre. “Todo esto me ha enseñado a ser humilde y así espero ser siempre. Estoy muy contento de estar con ellas y también consciente del paso que daremos pronto. Dios quiera ella se venga a vivir conmigo a Guatemala”, agrega.

Por ahora, Galindo vive con su perrita Chanel, de raza shih tzu, su fiel compañía. Pero no solo su mascota lo acompaña cuando camina por las calles de Antigua y Jocotenango, en donde ahora reside, pues siempre lleva algo de comida para darles a los perros de la calle.

“Son animales fieles. Más que cualquier amigo, a Chanel la amo y la trato como si fuera mi hija. No estoy de acuerdo con que los maltraten o les hagan daño; hay que respetar”, reflexiona el jugador.

En cuanto al tema alimenticio, extraña la comida de su madre, Mariani Galindo. Cada vez que va de visita a Bogotá, a verla, sabe que un buen plato de frijoles lo espera, porque es su comida favorita. “Me encanta estar con ella y mi novia. Nos divertimos mucho los tres. Esas cosas en verdad las extraño”.

A pesar de toda esa nostalgia, trata de ser maduro y entender que tiene un gran compromiso con la vida y su trabajo como futbolista, porque eso lo tiene ganando dinero. “Mi mamá dice que haga las cosas bien porque es lo que me sirve”.

La sangre lo llama

En el Torneo Apertura 2014 retornó a Guatemala después de su paso fallido por Municipal, pero venía con otro pensamiento, uno de ellos motivado por su nacionalismo.

El futbolista señala que fue bastante difícil despegarse de su familia porque no estaba acostumbrado a dejarla, pero indica que todos esos sacrificios están rindiendo frutos en su carrera profesional y empieza a conocer la tierra que lo vio nacer.

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“Son sacrificios que se deben hacer para después estar tranquilo. No conocía nada de Guatemala. Me voy acostumbrando y me gusta mucho este país. La gente me ha tratado muy bien, me han tendido la mano”.

La lucha por venir a Guatemala inició en el 2011. Galindo formaba parte del equipo mayor de Independiente de Santa Fe, de Primera A de la liga cafetera, y se enteró de que Guatemala jugaría el Mundial Sub 20 que se disputó en tierras colombianas. El jugador envió videos a la Federación acerca de su capacidad de jugar, pero nunca se enteró si estas imágenes llegaron o no a su destino.

Hoy vive un nuevo capítulo, vestido de Azul y Blanco, tras el llamado del entrenador argentino Iván Franco Sopegno, lo que le llena de motivación. “Es un sueño de todo futbolista, era mi ilusión, a pesar de no estar en este país. Cuando me puse por primera vez la camisola de la Selección dije que debía demostrar por qué me llamaron, porque estoy en otro país. Es una meta cumplida y hay que seguir sudando la camiseta; no cualquiera se la pone”, expone.

Todo lo que le ha tocado vivir le ha calado fuerte. Ahora trabaja en su preparación física como nunca antes lo había hecho, trata de fortalecer sus piernas para evitar otra recaída. La voz de su madre, que le dice “debes ser juicioso (sabio)”, está ahí todo el día.

“Me siento agradecido con este país y toda su gente. Aquí nací y lo voy a defender a capa y espada. Le tengo un gran cariño. Cuando Guatemala y Colombia jueguen y me toque estar, creo que entonces tendré el corazón partido”, indica.

El jugador nació en el futbol profesional en un club con buen nombre en el país cafetero, el Independiente de Santa Fe, ocho veces campeón.

Su debut se dio en el 2009, con el Juventud Soacha, filial del equipo rojo en la Primera B. En el 2010 se vinculó con Juventud Girardot, y en el 2011 llegó al primer cuadro.

La historia lo tiene en estos días en el club colonial, donde Alejandro Miguel ha tomado la titularidad. La afición antigüeña vitorea su nombre y le tiene confianza. Paso a paso el potencial deportivo del guatemalteco-colombiano va reviviendo como una flor plantada en tierra fértil.

“Me siento feliz aquí, estoy contento de volver a mi país”. subraya.