Fútbol Nacional

La historia de amor entre Claverí y Suchitepéquez

Los abrazos que recibió el entrenador Wálter Enrique Claverí por parte de sus seres más queridos, después de haber eliminado a Comunicaciones, el domingo último, pasaron a un segundo plano rápidamente, ya que lo logrado apenas es el primer paso que debe dar el equipo de sus amores para conquistar su tercera corona en el balompié nacional.

Por Edwin Fajardo y Francisco Sánchez / Guatemala

Claverí, extécnico de la selección de Guatemala, y ahora entrenador de Suchi, quiere hacer historia. (Foto Prensa Libre: Francisco Sánchez)
Claverí, extécnico de la selección de Guatemala, y ahora entrenador de Suchi, quiere hacer historia. (Foto Prensa Libre: Francisco Sánchez)

“No soy de celebrar. Soy un poco frío en ese sentido porque la meta es ser campeones. Si lo somos de repente haré una voltereta o un salto”, admite el técnico nacional, quien hoy tendrá el primer pulso frente a Municipal, en la serie que inaugurará las semifinales del Clausura 2017.

“Alcanzar las metas da alegría, pero al otro día eso se acaba y hay que seguir en el presente porque no hay mucho tiempo para preparar el siguiente desafío”, explica mientras su gorgorito espera la oportunidad para ser accionado en el estadio Carlos Salazar, ese mismo que lo ha visto disfrutar y sufrir, tanto como jugador como técnico.

Suchitepéquez recibe hoy a Municipal, en el Carlos Salzar hijo, a las 12 horas.

Con corazón venado

Wálter Enrique no sabe si son cinco o seis las ocasiones en que ha sido contratado por los sureños para tomar las riendas del club cuando está en problemas, tal y como pasó en el torneo pasado, en el que  después de ser campeones fraguaron una campaña para el olvido, despertando el fantasma del  descenso, del que el timonel salió avante —antes había salvado a Zacapa y Heredia—.

“He venido sin importar las circunstancias en que se encuentre el equipo. Uno siempre trata de colaborar”, comenta el nacido en San Pablo Jocopilas, Suchitepéquez. Claverí, fiel a su personalidad, no tiene problemas en aceptar que dirigir a los mazatecos siempre es una decisión de corazón y no tanto de la razón.

“Es el equipo en el que menos dinero he ganado hasta la fecha. Sin embargo, no es un motivo por el que no lo lleve en mi corazón. Jugué 13 años con ellos y lo quiero como si fuera parte de mi cuerpo”, confiesa quien comandó a Suchitepéquez a ganar su primer título en 1983. “Tuve el gusto de ser el capitán de ese equipo. Poseíamos un excelente armado”, recuerda con  nostalgia quien como futbolista se desempeñaba como volante central.

El amor que Claverí le tiene a Suchitepéquez tomó otra dimensión cuando seis años después de haber conquistado su primera estrella contó con la oportunidad, sin mucha experiencia, de dirigirlo por primera vez.

“Estuvimos a punto de ganar otro título. Perdimos la final a un partido único contra Municipal. Si se hubiera jugado el otro duelo seguro hubiéramos sido campeones. Nos expulsaron a dos jugadores y con nueve todavía fuimos mejores”, recuerda, quien también ya levantó dos cetros de Copa con los mazatecos. Aunque la conquista de coronas es una de las mejores satisfacciones  que puede tener un entrenador, para Claverí hay  algo más preciado.





La filosofía Claverí

Los jugadores de Suchitepéquez, durante la práctica previo a enfrentar a Municipal. (Foto Prensa Libre: Francisco Sánchez)
Los jugadores de Suchitepéquez, durante la práctica previo a enfrentar a Municipal. (Foto Prensa Libre: Francisco Sánchez)
“La mayor alegría que tengo es la de haber implementado un modelo de juego con una metodología distinta en Suchitepéquez, aunque se trabaja a un 60 por ciento por tanta dificultad; sin embargo, ha alcanzado para estar siempre en la pelea”, indicó.

Pese al buen trabajo, Claverí aún no ha podido ganarse el cariño y el respeto de todos los mazatecos, pero eso no le quita el sueño.

“Nadie es profeta en su propia tierra. Una persona de cada cien quizá me felicita, mientras los otros pasan insultándome junto a mis jugadores”, explica con un mar de sentimientos encontrados. “Yo no hago cosas para quedar bien con los aficionados. El futbol es una pasión y no sé hacer otra cosa que esa. Yo no soy como otros técnicos que juegan para la gente. Dirijo al equipo y trabajo para la directiva que me paga”, dijo, mesurado y tranquilo.

El enamorado del juego de la posesión y a ras de suelo ya se visualizó en el escenario de la victoria contra Municipal. “Siempre me imagino haciendo muchas cosas. Creo mucho en la ley de la atracción. Me distingo por tener esa mentalidad. Con la Selección imaginaba muchas cosas y estuvimos cerca”, refirió el timonel, quien confía plenamente en los jóvenes.