Opinión

Nuevas relaciones sociales urbanas

Manuel Salguero

Manuel Salguero

Estamos a las puertas de un boom de torres de apartamentos. Ahora los hay por doquier. Casi en todas las zonas se les puede ver ya hechos o en proceso de construcción.

Los multifamiliares fueron el resultado de experimentos gubernativos con inicios muy complejos y llenos de obstáculos. Casi nadie los quería, y la mayoría que los ocupó no captó o no quiso captar el concepto de vivir en comunidad.  No había reglas, por lo que se derivó en relaciones sociales especiales donde abundaron los abusos y excesos locales.

Los pocos edificios de altura se ubicaron preferentemente en las zonas 9, 10, 14 y 15 y estaban dirigidos a la clase alta.

En ese ínterin, vino el boom de los condominios y pegaron con fuerza en la periferia, en el área suburbana, donde el costo de la tierra era accesible.

Estos desarrollos no contaban con una legislación adecuada, por lo que el desorden no fue de los pobladores sino de las autoridades y de los desarrolladores. Se apoyaron en la ley de propiedad horizontal y en la ley de parcelamientos urbanos que data de los años sesenta.

La concentración humana se trasladó a los municipios periféricos pero enlazado laboralmente al área metropolitana de la capital.

Actualmente, se tiene un serio problema de movilidad, ya que la infraestructura no ha marchado al ritmo de estos desarrollos, por lo que los residentes nuevos y antiguos están retornando a la capital.

Se trata de edificios residenciales  construidos por el mismo desarrollador privado como enclaves residenciales similares o emulando a los condominios y barrios privados suburbanos.

Asistimos al inicio de una gran ciudad globalizada a una ciudad autosegregada que se fragmenta en espacios residenciales aislados o guetos, a una ciudad privada alrededor de la cual se levantan muros reforzados por dispositivos de seguridad infranqueables.

Asistimos también a una lucha de superioridad social, a una nueva clasificación, entre los propios residentes, donde existen conflictos despiadados por la supremacía simbólica y el uso de los espacios compartidos. Donde se miran por encima del hombro unos a otros, se comparan con el modelo, haciéndole reproches al vecino que está allí y que contradice la imagen que se habían hecho del lugar que deben compartir.

Los folletos publicitarios de los promotores inmobiliarios y administradores de copropiedades cerradas afirman que están habitadas por la élite y cerradas al resto, pero la realidad puede ser otra.

De cualquier manera, estas “ciudades privadas” serán una herramienta para hacer nuevos descubrimientos en las ciencias sociales, los sociólogos tienen una tarea que será la de reformular o rediseñar estas nuevas relaciones sociales.

* manuelsalgueroespana@gmail.com