El potencial oculto de los hongos nativos de Guatemala que la ciencia estudia para desarrollar terapias contra el cáncer
Extractos naturales de especies de hongos comestibles nativos de Guatemala pueden ser agentes terapéuticos anticancerígenos.
La riqueza biológica de Guatemala podría esconder nuevas alternativas para combatir el cáncer y una investigación de la UVG revela por qué proteger los bosques también puede salvar vidas. Imagen con fines ilustrativos. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Guatemala es uno de los países con mayor riqueza biológica en la región centroamericana, ya que sus bosques albergan una enorme diversidad de especies que aún no ha sido estudiada por completo. Entre esta biodiversidad se encuentran diferentes especies de hongos nativos comestibles, organismos que, además de cumplir funciones importantes en los ecosistemas, podrían contener compuestos naturales con aplicaciones biomédicas.
El interés científico por estos organismos ha crecido, debido a que muchas moléculas naturales provenientes de plantas y microorganismos son la base para el desarrollo de medicamentos modernos.
Hasta el 2011, se habían identificado alrededor de 350 especies de hongos nativos guatemaltecos. Esto representa una gran oportunidad para investigar sus propiedades en el tratamiento del cáncer.
Con el objetivo de explorar este potencial, investigadores del Centro de Estudios en Biotecnología (CEB) de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) desarrollan investigaciones para comprender las propiedades de hongos nativos comestibles y determinar si las moléculas que estos contienen son capaces de incidir en procesos relacionados con enfermedades como el cáncer.
Este esfuerzo multidisciplinario busca generar nuevo conocimiento científico y también fortalecer la investigación biomédica y la formación de futuros investigadores en Guatemala. El proyecto integra a estudiantes de licenciatura y profesores de diferentes áreas de la UVG, a fin de promover el desarrollo científico y tecnológico del país.
Primeros resultados
Por el momento se han hecho análisis preliminares con resultados prometedores. Los extractos obtenidos de estos hongos mostraron la capacidad de reducir el crecimiento de células cancerígenas en modelos de cáncer neuronal y de mama. Además, este efecto parece ser más selectivo sobre las células tumorales, mientras que las células normales presentan cambios considerablemente menores.
También se ha observado que algunos extractos de hongos pueden activar vías de señalización no descritas previamente, que podrían contribuir a alertar o modular la respuesta del sistema inmunológico. En la actualidad, la investigación se centra en el estudio de dos especies de hongos comestibles y en la evaluación de diferentes tipos de extractos para comprender mejor su potencial biológico y terapéutico.
Los análisis también permitieron identificar diferentes grupos de compuestos naturales con potencial actividad biológica. Esto hace ver que los hongos podrían convertirse en una fuente prometedora de moléculas de interés para futuras aplicaciones terapéuticas. Sin embargo, aún es necesario comprender qué componentes específicos participan en estos efectos y cuáles son los mecanismos celulares involucrados.

Además, de estos efectos sobre células tumorales, el equipo ha empezado investigaciones relacionadas con el sistema inmunológico, especialmente con las células blancas. Estas son las encargadas de defender el cuerpo contra enfermedades, ya sean causadas por patógenos, como virus, bacterias y hongos, o por células cancerosas que pueden desarrollarse en el organismo.
Durante los análisis, se expusieron las células blancas aisladas de personas sanas, a algunos de estos extractos, que mostraron una activación de células inmunes. Esto indica que algunas especies de hongos podrían ejercer efectos adicionales sobre la respuesta biológica del organismo. Los resultados apuntan a que los compuestos presentes en los extractos podrían tener funciones más amplias que únicamente afectar el crecimiento celular.
Los estudios más recientes han comenzado a evaluar los mecanismos, mediante los cuales ocurre la muerte de las células tumorales. Hasta el momento, se ha observado la posible activación de una ruta de muerte celular, que podría alertar al sistema inmunitario sobre la presencia de células dañadas o anormales.
Aunque estos resultados aún deben confirmarse experimentalmente, podrían llevar a pensar en la existencia de un efecto sinérgico: las células tumorales podrían morir y generar señales de alerta al sistema inmunitario, mientras que los compuestos derivados de hongos podrían al mismo tiempo estimular la actividad de células inmunológicas.

Acciones de protección
Más allá de los posibles beneficios médicos, estos hallazgos también resaltan la importancia de conservar la biodiversidad del país. Proteger los ecosistemas naturales significa preservar una enorme biblioteca genética, que aún no se conoce a profundidad. Dentro de los genes presentes en las especies que habitan los bosques guatemaltecos podrían encontrarse las instrucciones biológicas necesarias para producir moléculas con propiedades terapéuticas y antitumorales de gran valor en el futuro.
Guatemala forma parte de la región de alta biodiversidad de Mesoamérica y alberga una extraordinaria variedad de ecosistemas, desde bosques nubosos y de pino-encino hasta selvas tropicales y manglares. Esta diversidad ambiental favorece la presencia de una gran riqueza de hongos, muchos de los cuales aún no han sido descritos o estudiados desde una perspectiva química y biomédica.
Se calcula que solo una pequeña fracción de la diversidad fúngica del país ha sido documentada científicamente, lo que hace deducir que numerosas especies con potencial biotecnológico permanecen sin explorar.
En particular, los hongos comestibles silvestres constituyen un recurso de enorme importancia ecológica, cultural y económica para muchas comunidades guatemaltecas. Además de desempeñar funciones esenciales en el mantenimiento de los ecosistemas forestales, mediante la descomposición de materia orgánica y asociaciones micorrícicas —relaciones de beneficio mutuo entre las raíces y hongos, para ayudarse a sobrevivir—.
La pérdida de cobertura forestal, el cambio de uso del suelo y el cambio climático representan amenazas considerables para esta diversidad. La desaparición de un bosque no implica solo la pérdida de árboles, también significa la posible extinción de microorganismos, hongos y otros organismos cuyas propiedades biológicas podrían tener aplicaciones en medicina, agricultura o biotecnología.
Por ello, la conservación de los ecosistemas debe entenderse también como una inversión estratégica en investigación, innovación y desarrollo sostenible.
Cada especie que se protege conserva un conjunto único de genes y metabolitos —compuestos químicos naturales— que podrían convertirse en la base de futuros tratamientos o tecnologías.

