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La Navidad con los ausentes

Con el atardecer me iré de ti, me iré sin ti, me alejaré de aquí, con un dolor dentro de mí, te juro corazón, que no es falta de amor, pero es mejor así, un día comprenderás que lo hice por tu bien, que todo fue por ti, la barca en que me iré lleva una cruz de olvido... Son las 11 horas del 24 de diciembre, y esta canción se escucha en una de las calles del Cementerio General de Guatemala, a donde cientos de personas llegaron para compartir un momento con sus difuntos.

Celebran la Navidad junto a sus difuntos en los cementerios. (Foto Prensa Libre: Raúl Barreno)<br _mce_bogus="1"/>

Celebran la Navidad junto a sus difuntos en los cementerios. (Foto Prensa Libre: Raúl Barreno)

Rafael Ríos Villeda, tiene 62 años y desde hace 20 trabaja el Cementerio ha sido su lugar de trabajo en la venta de contratos funerarios. Sin embargo, desde hace cinco, debido a las condiciones económicas, decidió involucrarse en otro “chance”: canta en los panteones en días especiales como la Navidad.

A Ríos se le ve caminar por las calles y avenidas del camposanto ofreciendo sus servicios de trovador.

Amelia Rivera pasa la primera Nochebuena sin su padre. Acompañada de su hermano, deja una ofrenda de flores a quien se adelantó el viaje hace un mes. A su lado pasa Rafael y le pide que interprete Más allá del Sol, melodía con acordes tristes y una letra que hace remojar los ojos de los Rivera.

Navidad, Año Nuevo y las fiestas familiares tendrán la silla vacía de su padre. Una mirada húmeda y fija hacia el sepulcro, con la música de la cuerdas tristes, recuerda las viejas celebraciones.

Ríos asegura que los sentimientos que se viven en el lugar son diversos, y que él, no solo con ese ingreso de cantarle a las personas que ya no están, ayuda a sostener a su familia.

“En esta fechas la gente está más propensa a la tristeza, y quizá una canción les hace pasar un rato tranquilo. Llorar no es siempre malo”, asegura.

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