Comunitario
Quiero superarme: el proyecto que transformó a jóvenes del Corredor Seco en profesionales
En Chiquimula, madres campesinas transformaron la escasez en oportunidades y abrieron camino hacia la universidad para sus hijos.
La ayuda del proyecto contribuye con el desarrollo educativo de los niños y jóvenes de la comunidad. (Foto Prensa Libre: Cortesía Juan José Villanueva)
En las comunidades de Pinalito y Maraxco, Chiquimula, un proyecto que nació hace dos décadas ha logrado que jóvenes del área rural del Corredor Seco se gradúen de abogados, administradores de empresas y enfermeras, gracias al apoyo de miembros de la comunidad y a la organización de madres.
Todo comenzó con una clase. Juan José Villanueva, maestro en Chiquimula, leía artículos de la Constitución con sus alumnos, aquellos que hablan del derecho a la salud y a la educación. Fue entonces cuando una alumna lo interrumpió: “Profe, yo tengo derecho a la educación, yo quisiera estudiar, pero no tengo el dinero”.
Villanueva, hoy jubilado, no olvidó esa frase. La realidad que veía todos los días tampoco ayudaba: “Las muchachas terminaban la primaria y se casaban”; los muchachos se iban a trabajar o aprendían, como él dice, “malos hábitos”. En el Corredor Seco, donde la lluvia escasea y la pobreza se impone con fuerza, las opciones eran pocas.
En el 2006, Villanueva habló con un grupo de madres de Maraxco y Pinalito para saber si estaban dispuestas a organizarse. Dijeron que sí. Así nació el proyecto Quiero superarme, de las Madres Organizadas del Pinalito y Maraxco.
Padrinos solidarios
El mecanismo es sencillo, pero requiere constancia. Villanueva, quien por esa época también estudiaba Derecho, comenzó a buscar padrinos: guatemaltecos en Estados Unidos, en Canadá y en la capital. Docentes universitarios que, a su vez, buscaron a otros. Hoy, el proyecto cuenta con alrededor de 30 padrinos que aportan distintas cantidades al año. “Algunos les dan mil, solo una vez, pero eso les sirve de estímulo. Les dan 800, 600”, explica Villanueva.
Además de los aportes económicos para cubrir colegiaturas, los jóvenes reciben una mochila con material didáctico y útiles escolares que contribuyen a su desarrollo educativo.
En estos días, el proyecto entrega útiles escolares a jóvenes de las comunidades, una actividad que se repite al inicio de cada ciclo escolar.

Lo que han logrado
En dos décadas, el proyecto ha acompañado a alrededor de 300 jóvenes hasta el nivel básico y a unos 150 hasta obtener el título de nivel medio. Algunos llegaron más lejos: hay egresados que ganaron becas en Estados Unidos, y este año varios están por graduarse de la universidad, en carreras como Derecho y Administración de Empresas, explica Villanueva.
“Gente de aldea”, subraya Villanueva. Jóvenes que, sin el proyecto, probablemente no habrían llegado hasta ahí.
La iniciativa ha contado con el apoyo del Centro Universitario de Oriente (Cunori) de la Universidad de San Carlos, de universidades privadas con sede en Chiquimula y de la Policía Nacional Civil, a través de su programa de Prevención del Delito.
Un rol importante
Quienes sostienen el día a día son las madres organizadas. Ellas eligen su propia junta directiva, coordinan actividades para recaudar fondos y son quienes acuden a los medios de comunicación locales para dar a conocer las necesidades. “Siendo ellas campesinas, luchan para que sus hijos estudien”, dice Villanueva. Eso, asegura, es lo que más motiva a quienes deciden apadrinar.

