Comunitario

Familias retornan a sus viviendas entre temor e incertidumbre

Sentado en el corredor de su casa, Pedro Alvarado López ve con una mezcla de felicidad y desconsuelo, cómo los cuatro perros de su vivienda se le acercan a darle la bienvenida. Le mueven la cola. Desde el domingo pasado que no los veía cuando junto con su familia tuvieron que huir de la comunidad La Reina, Escuintla, por la furia del Volcán de Fuego. 

Por Sergio Morales

Pedro Alvarado, su esposa, Mirna Rodríguez, y uno de sus hijos se instalaron en su vivienda después de que tuvieron que desalojarla desde el domingo pasado. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Pedro Alvarado, su esposa, Mirna Rodríguez, y uno de sus hijos se instalaron en su vivienda después de que tuvieron que desalojarla desde el domingo pasado. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)

Alvarado, su esposa, suegro y cuatro hijos pasaron meses, desde el pasado 3 de junio en el albergue de la escuela Simón Bergaño, en la cabecera departamental de Escuintla, y tres días después de que habían regresado, el coloso los sorprendió con su quinta erupción del año y de nuevo tuvieron que evacuar.

“Para mí que volver allá no es nada seguro, mire como se ve el volcán”, comentó Alvarado en horas de la mañana de este martes, en el albergue instalado en el estado Armando Barillas, desde donde se veían las enormes fumarolas que salían del cráter del temible coloso.

El albergue fue desinstalado en horas de la tarde, después de que el Centro de Operaciones de Emergencia Municipal (COEM) optara por reducir de roja a naranja el nivel de la alerta por la emergencia por la erupción del Volcán de Fuego al recibir los boletines de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

Como Alvarado, decenas de familias de La Reina sueñan con tener un lugar seguro para habitar. Al llegar a su casa al mediodía de este martes, este hombre cuenta que, desde el 3 de junio pasado, cuando ocurrió la erupción que se cobró la vida de casi 200 personas, no ha podido encontrar trabajo y tratan de sobrevivir con ventas de fruta; además, su esposa se dedica a hacer oficios domésticos.

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La esposa de Alvarado, Mirna Rodríguez, lamenta que en el tiempo que estuvieron ausentes, ladrones ingresaron a su humilde vivienda, construida con palos y paredes de lámina y se llevaron las pocas pertenencias que tenían.

Soldados auxilian a las familias a abordar los camiones en donde fueron trasladadas. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Soldados auxilian a las familias a abordar los camiones en donde fueron trasladadas. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Varios camiones del Ejército tuvieron la tarea de llevar de regreso a sus comunidades a las familias. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Varios camiones del Ejército tuvieron la tarea de llevar de regreso a sus comunidades a las familias. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)

Mientras sus hijos de edades entre 5 y 11 años juegan con una bicicleta sin llantas en el suelo de tierra, Rodríguez pide ayuda a las autoridades gubernamentales para que les faciliten “aunque sea” láminas para sustituir las que tienen puesto que estas están agujeradas.

Como esta familia, muchas de las 316 1ue habitan en La Reina viven con miedo, según Glendi Cordero, presidenta del consejo comunitario de Desarrollo.

Cordero asegura que, aunque han diseñado planes de evacuación, es imposible no inquietarse y dormir cuando el coloso retumba. La Reina está prácticamente a la par de San Miguel Los Lotes, la colonia que quedó sepultada por material volcánico en junio pasado.

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“La gente, hasta antes de la tragedia, estaba acostumbrada la actividad del volcán, pero ahora cuando empieza a retumbar y tirar lava todos se asustan y muchos entran en pánico”, dice Cordero al explicar por qué muchos se resisten a volver a sus casas. 

Mientras las familias preparaban sus pertenencias para regresar a sus comunidades, el Volcán de Fuego sacaba fumarolas que se veían desde el albergue en el estadio Armando Barillas. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Mientras las familias preparaban sus pertenencias para regresar a sus comunidades, el Volcán de Fuego sacaba fumarolas que se veían desde el albergue en el estadio Armando Barillas. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)

En La Reina habitan 316 familias, pero muchas no han regresado desde pasado 3 de junio porque se sienten más seguros en albergues o en casas de sus familiares. “Cada vez que el volcán despierta la verdad nos asusta bastante, sobre todo por los niños”, reconoce Cordero, quien tiene dos hijos, de 12 y 10 años.

Lo que los habitantes de La Reina quisieran, asegura Cordero, es un terreno donde puedan construir su propio albergue para cuando tengan necesidad de evacuar, puesto que es más rápido, porque debido al miedo que sienten los vecinos ellos se alistan para salir en el momento en que el volcán comienza a hacer erupción.

El dilema de salir de Chuchú

La situación es más complicada para los pobladores de comunidades más lejanas de Escuintla y más cercanas al Volcán de Fuego, puesto que en muchos casos deben recorrer escabrosos caminos de piedras, tierra y ríos.

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Lubia Quintanilla vive en Escuintla, pero sus familiares viven en Chuchú, comunidad que queda a una hora y 20 minutos de la ruta Nacional 14.

“Para mí que ellos se hubieran quedado por lo menos otro día aquí porque yo veo que el volcán todavía está feo”, dice Pérez, quien segura que la vida les cambió a partir del 3 de junio pasado puesto que cada vez que el volcán comienza a hacer erupción “me da vueltas el corazón al pensar en mi familia".

Niños de la familia Alvarado Rodríguez juegan en la humilde vivienda. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Niños de la familia Alvarado Rodríguez juegan en la humilde vivienda. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)

La preocupación de María cobra sentido cuando piensa en la posibilidad de que ocurra una emergencia similar a la de junio pasado y que los ríos crezcan y sus familiares queden atrapados. Además, no hay cómo transportarse y los planes de emergencia comienzan, a veces, hasta un día después de que el volcán entra en erupción.

“Bendito sea Dios que ahorita no está lloviendo porque si no todos se quedarían atrapados”, dice Josefina López, otra vecina de Chuchú, quien también sueña con que su familia pueda vivir en un lugar más seguro, pero reconoce “a dónde se va a ir toda la gente si ahí tiene sus tierras, su vida, sus pertenencias”.

Guadalupe el Zapote es otra de las aldeas más cercanas al coloso. Mientras los pobladores empacaban sus pertenencias para regresar, con cierta inconformidad mencionaban que aún no era seguro volver a casa.

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“Ahorita estamos lejos, desde aquí no escuchamos al volcán, pero por lo que vemos no está normal todavía”, señala Emma Leticia Arenales quien es parte de una coordinadora local para la reducción de desastres.

Algunos se querían quedar

Luis Menéndez, un asesor de la comuna de Escuintla reconoció que varias familias preguntaban si podían quedarse. Agregó que en el estadio Armando Barillas se atendieron a mil 800 personas de La Reina, Santa Rosa, El Rancho, El Rodeo, Guadalupe el Zapote, Santa Marta y Monte María, a quienes se les brindó alimentación y albergue.

Pedro Alvarado y su Suegro, Rafael Rodríguez, en su vivienda en la comunidad La Reina, Escuintla. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)
Pedro Alvarado y su Suegro, Rafael Rodríguez, en su vivienda en la comunidad La Reina, Escuintla. (Foto Prensa Libre: Sergio Rodríguez)

Según Pérez, el albergue ya no puede funcionar cuando ya no hay alerta roja, además, indicó que según las consultas que hicieron, la actividad del Volcán de Fuego ya es normal.

Abraham Rivera, alcalde de Escuintla y quien preside el COEM aseguró que, según el informe que recibió de la Conred, las personas ya pueden volver a sus viviendas y de acuerdo con los mapas de riesgo de la Conred ya no corren peligro. 

El pasado domingo el Volcán de Fuego entró en su quinta erupción del año la cual tardó casi 24 horas. Debido a la emergencia fue necesario evacuar a más de cuatro mil personas.

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