Por la Avenida de La Reforma, un conductor que podría ser un apasionado de los filmes de Rápido y furioso acelera su bólido. Un semáforo cambia de verde a amarillo y el piloto pisa con más fuerza el acelerador, como si fuera su meta final. Esta es una escena cotidiana en las calles de Guatemala. La situación se agrava si se toma en cuenta el creciente número de vehículos, señala Amílcar Montejo, director opoerativo de la Policía Municipal de Tránsito.
“Hay varias maneras de interpretar cómo conduce el guatemalteco promedio, pero se puede decir que lo hace muy mal y de forma irresponsable, porque hay una cultura arraigada de no respetar las leyes, mucho menos las de tránsito”, señala el semiólogo Ramiro Macdonald.
El profesional sostiene que el acto de conducir exhibe signos que caracterizan al piloto. “Paul Watzlawick, experto en teorías de la comunicación humana, reiteró que todo acto humano es comunicación. Las personas, al manejar un vehículo, van transmitiendo mensajes, consciente o inconscientemente. “Todo tiene su connotación”, dice y pone ejemplos como las luces encendidas, el cambio constante de carril o la misma velocidad excesiva.
Situación actual
En Guatemala se observa descontrol en los conductores y abunda el desorden respecto del tránsito, según el sociólogo Hans Quevedo.
Pero en el comportamiento vial hay factores psíquicos también. “El guatemalteco tiende a proyectar al volante sus sentimientos de frustración y ansiedad ante una vida que le reta económicamente y socialmente. Muchos pueden tener una transformación que va desde sentimientos de inferioridad hasta la agresividad”, explica el psicólogo Manlio Soto.
En cuanto al aspecto técnico, no hay formación o preparación para conducir. Cualquiera lo hace y tiene licencia, pero quizá no reúne la técnicas y habilidades requeridas.
También se encuentra el factor material. “Resulta que la manera como alguien maneja tiene que ver con el aparato que conduce. Los choferes de camionetas manejan un vehículo cuyo motor está a la par durante todo el turno, y eso les provoca un desajuste físico y emocional, en contraposición de un piloto de Transurbano, que tiene una unidad cómoda y adecuada, que no afectará su integridad”, expone Marco Antonio Garavito, de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental.
También surge un contexto de esferas de poder que generan violencia, ya que conducir una camioneta último modelo brinda un estatus para sentirse “omnipotente y todopoderoso”.
“La manera de conducir no será la misma en aquel que maneja un auto de lujo y quien conduce un bus viejo o un vehículo pesado”, dice Quevedo.
Todo este escenario de violencia condiciona la personalidad del conductor guatemalteco y lo convierte en intolerante e irrespetuoso. “Hemos llegado incluso a ver casos de muertes. Muchas personas llevan armas y eso las hace sentir que pueden hacer lo que quieran”, enfatiza el sociólogo.
Agresivos
La personalidad de una persona se refleja en la forma como maneja: puede ser pasiva hasta violenta, pero no se pueden encasillar y decir que alguien siempre actuará de alguna forma, coinciden los psicólogos.
En ese sentido, la personalidad base se puede modificar a partir de las experiencias; un día alguien amanece feliz y al otro despierta con ira por algo que lo perjudica emocionalmente.
La mayoría de accidentes suelen ocurrir por imprudencia, distracción, agresividad e intolerancia. No es lo mismo un conductor despreocupado que uno impulsivo o nervioso.
Problema cultural
La agresividad es una condición que se aprende. “Vivimos bajo estrés por las actividades diarias, estamos tensos por la inseguridad y violencia, y todo eso lleva al ser humano a que expulse sentimientos en algún lado: en el trabajo, en la vía pública, en la casa”, analiza la psicóloga Margarita Quijada.
Otro factor que influye en esas actitudes es la impunidad, la ausencia de castigo o sanción. “Hay sociedades en las que no es permitida la violación, pero como aquí se permite, se crea una cultura de irregularidades. Si me paso un rojo y no pasa nada, lo vuelvo a hacer”, asegura Garavito.
Así como se adquieren esas conductas, también se pueden desaprender a través del autoconocimiento, de saber cómo se siente uno y por qué, y buscar soluciones, pero también la escuela y el hogar deben velar por enseñar a controlar las emociones.
Otros males
En un país como Guatemala no se puede dejar a un lado la inseguridad. Mientras el individuo conduce está permanentemente en alerta y tenso. Ese estrés generado por la delincuencia genera reacciones impulsivas o bien evasiones, como hablar por celular, chatear, enviar mensajes de texto e incluso maquillarse dentro del vehículo, como si este fuese una burbuja.