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Opinión: La puerta con la IA está abierta, pero cruzarla exige algo más que optimismo

La inteligencia artificial cambiará las tareas antes que los empleos completos. La ventaja de Guatemala dependerá de combinar tecnología, criterio humano y aprendizaje continuo para convertir potencial en productividad.

En una economía donde buena parte del empleo es informal, la innovación puede concentrarse en pocas organizaciones, mientras la mayoría compite con herramientas, procesos y aprendizajes de otra época. (Foto Prensa Libre: Magnific)

En Guatemala, la conversación sobre inteligencia artificial suele comenzar con una pregunta equivocada: ¿cuántos empleos destruirá? Es una inquietud legítima, pero puede distraernos de la decisión urgente.

La tecnología rara vez entra en una empresa y elimina de golpe una función completa. Entra por una tarea: resume un expediente, compara cotizaciones, atiende una consulta, prepara un pronóstico o redacta una propuesta. Después modifica el estándar de desempeño del puesto entero.

La tarea es la unidad de cambio. Por eso, el futuro del trabajo se decidirá tarea por tarea.

La pregunta importante para Guatemala no es si las personas competirán con las máquinas, sino si aprenderán a trabajar mejor con ellas.

Esa es la nueva alfabetización digital que necesitamos. Ya no basta con saber utilizar una computadora, buscar información o manejar una aplicación. Ser alfabetizado en la era de la inteligencia artificial significa poder aplicarla a un problema real, comprobar sus respuestas, comunicar con claridad, convertir información en decisiones y aprender de manera continua.

La herramienta puede producir una respuesta en segundos. El valor humano está en formular la pregunta correcta, reconocer lo que falta, interpretar el contexto y asumir la responsabilidad por el resultado.

La velocidad del cambio obliga a actuar. El Foro Económico Mundial estima que el 39% de las habilidades utilizadas hoy cambiará o perderá vigencia antes del 2030. Si el mercado laboral mundial fuera una oficina de cien personas, 59 necesitarían capacitación antes de terminar la década.

Estas cifras no anuncian un mundo sin trabajo. El mismo informe proyecta más empleos creados que desplazados por las grandes transformaciones económicas, tecnológicas y demográficas. Anuncian algo más incómodo: habrá oportunidades, pero no necesariamente para quienes mantengan las mismas capacidades.

El cuello de botella guatemalteco

Guatemala ya enfrenta esa tensión. Nuestro desafío no consiste solo en crear puestos, sino en elevar la calidad del trabajo, producir más valor y, sobre todo, creérnosla: Guatemala puede competir con estándares globales.

En una economía donde buena parte del empleo es informal, la innovación puede concentrarse en pocas organizaciones, mientras la mayoría compite con herramientas, procesos y aprendizajes de otra época.

El estudio Brechas de Talento 2023-2024, de Fundesa, encontró que el 66% de las empresas consultadas tenía dificultades para atraer candidatos con habilidades técnicas específicas y que el 46% señalaba la falta de experiencia relevante.

Esto no describe únicamente una escasez de talento. También revela una dificultad para identificarlo, atraerlo y desarrollarlo. En la búsqueda y evaluación de líderes y profesionales hay una constante: las organizaciones están entrando en una competencia intensa por el talento.

Y para las personas, la respuesta no puede ser acumular diplomas ni aprender únicamente a escribir mejores instrucciones para un chatbot. Debemos construir evidencia de capacidad.

Para un joven, eso significa proyectos, prácticas, portafolios, dominio de un segundo idioma y ejemplos concretos de problemas resueltos. Para un profesional, implica identificar qué tareas puede automatizar, cuáles puede acelerar y en cuáles su criterio, empatía o responsabilidad se vuelven más valiosos. Para un gerente, significa usar la inteligencia artificial para ampliar su capacidad, sin delegarle la decisión final.

Las empresas también deben cambiar. Comprar licencias no equivale a transformarse. El valor aparece cuando la inteligencia artificial se conecta con la estrategia, se rediseñan procesos completos y se define qué decisiones pueden automatizarse y cuáles deben permanecer bajo responsabilidad humana.

También exige una cultura capaz de experimentar, aprender y modificar hábitos. Sin ese sistema, la tecnología solo acelerará procesos que quizá ya estaban mal diseñados.

La gestión del talento deberá moverse en dos direcciones: atraer mejor y desarrollar más rápido. Esperar que el mercado entregue talento "listo" ralentizará el crecimiento. Las organizaciones tendrán que construir sus propias canteras mediante prácticas, mentoría, formación técnica y trayectorias de aprendizaje estructuradas.

Una alfabetización para todos

Existe, sin embargo, una objeción seria. Una investigación de la OIT y el Banco Mundial encontró que, en América Latina, casi la mitad de los puestos que podrían beneficiarse de la inteligencia artificial generativa no logra hacerlo por falta de acceso a tecnologías digitales básicas en el trabajo.

Por eso, este no es únicamente un reto empresarial. La educación media, técnica y universitaria debe integrar la inteligencia artificial en problemas reales, no confinarla a una clase opcional. Los docentes necesitan formación y reglas claras. Las empresas deben abrir más espacios de práctica y compartir con la academia las capacidades que realmente demandan.

El Estado puede facilitar conectividad, certificaciones cortas y mecanismos de formación accesibles para trabajadores y emprendedores fuera de la economía formal. La alfabetización digital debe convertirse en infraestructura nacional, como lo fueron antes la lectura, la escritura y la aritmética.

La iniciativa Guatemala No Se Detiene se propuso impulsar la creación de 2.5 millones de empleos hacia el 2030. Pero el país no prosperará únicamente por contar vacantes. Prosperará si convierte su potencial humano en productividad, mejores ingresos y empresas capaces de competir.

La inteligencia artificial no garantiza ese resultado. Amplifica las capacidades, las decisiones y también las brechas que ya existen.

Tenemos, entonces, una elección. Podemos esperar a que la tecnología determine cuánto vale nuestro trabajo o preparar a nuestra gente para decidir cómo la tecnología crea valor.

La puerta está abierta, pero cruzarla exige algo más que optimismo. Para ganar en esta nueva era aumentada, primero debemos aprender a competir.

Ramiro Castillo es CEO de ORANGE GROUP y director de Junta Directiva de la Universidad del Valle de Guatemala. Cuenta con más de veinte años de experiencia en estrategia, transformación empresarial, gestión del talento y liderazgo. Es ingeniero industrial, MBA y ha cursado educación ejecutiva en Harvard Business School, INSEAD y University of Cambridge.

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ESCRITO POR:

Ramiro Castillo

CEO Orange Group