Beatriz Zepeda: la migración no se va a detener, pues van a buscar otras rutas que los acercará más al crimen organizado

La internacionalista mexicana, Beatriz Zepeda, del Centro de Investigación en Ciencias de la Información Geoespacial Área de Territorio Geopolítica y Sociedad de México, y quien fue directora de Flacso Guatemala analiza la coyuntura mexicana y guatemalteca a partir de las últimas decisiones de Donald Trump.

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La internacionalista Beatriz Zepeda  afirma que la Guardia Nacional de México no puede detener a los migrantes, solo lo puede hacer el Instituto Nacional de Migración. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La internacionalista Beatriz Zepeda afirma que la Guardia Nacional de México no puede detener a los migrantes, solo lo puede hacer el Instituto Nacional de Migración. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

 

Dice que la migración no se va a detener porque “está probado que siempre que hay políticas más punitivas y más restrictivas lo que genera es que los migrantes busquen otras rutas. Lo único que provoca es aumentar la vulnerabilidad de estas personas, porque van a buscar otras maneras de llegar, se van a acercar más al crimen organizado que cada vez les va a cobrar más dinero, quienes los van a llevar por rutas más complicadas porque las fronteras de Estados Unidos, México y Guatemala no pueden sellarse como un muro o una valla, es completamente ilusorio.

También afirma que la Guardia Nacional de México es de reciente formación y que es importante que se sepa que “en México el único cuerpo que puede detener personas migrantes es el Instituto Nacional de Migración, el Ejército no puede, la Guardia Nacional no puede, la Policía no puede, porque no tienen el mandato para detener migrantes.  Lo que están haciendo es aparejando funcionarios de Migración con la Guardia Nacional para que tengan posibilidad de hacerlo.”

Zepeda cree que el principal problema de México es que sus fronteras están viviendo fuertes presiones por la llegada de migrantes que se quedan en su territorio, tanto en la frontera sur como la norte.

Asegura que el problema de los proyectos que se han presentado como el de la Cepal, es que son a largo plazo y que Donal Trump quiere una contención de migración inmediata. También poca acción de los gobiernos del Triángulo Norte, no son receptivos.

¿Qué opina de lo que está sucediendo en México con respecto a la migración?

Es situación muy compleja porque hay varias coyunturas que se deben tomar en cuenta para entender lo que está ocurriendo. Por una parte hay una nueva administración (Andrés Manuel López Obrador) que comenzó con buenas intenciones y una visión de derechos humanos con respecto a la migración. Previamente hubo una administración que rechazó las políticas migratorias con la firme convicción de que esa no era la manera de abordarla, a pesar de que la ley migratoria mexicana no la criminaliza y la reconoce como un derecho. En la práctica cada vez imponía políticas más punitivas frente a la migración. Otro elemento es la campaña de reelección del presidente Donald Trump, lo cual complica las cosas porque el presidente de EE. UU planteo su campaña para la Presidencia, en el 2016, atizando sobre los mexicanos de que la migración es crimen organizado. Ahora está haciendo lo mismo pues ya lanzó el anunció de que se va a reelegir y prácticamente nuevamente empezó a movilizar el temor y cierto racismo que existe en Estados Unidos con respecto a México.

¿Aumentaron la perspectiva del problema las caravanas?

Este asunto no ayudó mucho, porque si bien las primeras versiones no representaron un número mayor de migrantes pues, según datos de organizaciones que velan por los derechos humanos de los migrantes, la cantidad no era un número mayor, porque en la frontera de Tapachula, por ejemplo, contabilizaban unos 7 mil al mes, pero ahora sí se están contabilizando cifras mayores y también a aumentado el número de hombres y mujeres hondureños. Creo que esta es la conjunción de esos factores, además de la infinidad de situaciones que tienen que ver con los  contextos políticos, sociales y económicos de los países del norte de Centroamérica particularmente El Salvador y Honduras que hacen que la situación sea muy compleja.

¿Considera que las amenazas de Estados Unidos contra México, en cuanto al aumento de los aranceles, va a controlar la migración?

Definitivamente no. Está probado que siempre que hay políticas más punitivas y restrictivas lo que genera es que busquen otras rutas. Lo único que provoca es aumentar la vulnerabilidad de los migrantes, porque van a buscar otras maneras de llegar, se van a acercar más al crimen organizado que cada vez les va a cobrar más dinero y los llevarán por rutas más complicadas porque las fronteras de Estados Unidos, México y Guatemala no pueden sellarse con un muro o una valla, eso completamente ilusorio.

Para comenzar no hay un solo paso entre Guatemala y México, sino largos trechos de ríos como el Usumacinta y el Suchiate; también hay zona selvática en Petén, y en Huehuetenango que hay regiones poco pobladas. Entonces, hablar de asegurar una frontera como si fuera un terreno al que le pone una barda es ilusoria. Lo que se está creando es mayor presión para aquellas personas que ya decidieron migrar y que lo hagan por rutas más peligrosas en un mayor estado de vulnerabilidad.

¿Cómo analiza el uso de las fuerzas militares para detener a los migrantes?

La decisión de destacar a seis mil efectivos de la Guardia Nacional -un nuevo cuerpo de seguridad formado por policías federales, militares, y marinos- para resguardar la frontera se recibió con desconcierto, preocupación y desazón, particularmente de la sociedad civil y los defensores de los derechos humanos. La historia de la Guardia Nacional es bastante controvertida pues hace dos o tres meses se aprobó su creación. Es una propuesta del Gobierno, controvertida en su momento, porque implicaba tener una institución de corte militar atendiendo la seguridad pública como respuesta al fracaso de todas las fuerzas de orden público involucradas en el crimen organizado y la corrupción.

Entonces se pensó en un nuevo cuerpo de policía militarizada y no policía militar que iba a dar respuesta a esas grandes interrogantes de cómo hacerse cargo de la seguridad publica. En este contexto surgió la Guardia Nacional con la idea de ser un cuerpo de elite, profesional, bien formado y que no iba a ser infiltrado. Pero ni siquiera han empezado en sus funciones y se les está enviando a la frontera a resguardar la integridad territorial y a contener el flujo migratorio.

¿Cómo detendrá la migración esa Guardia?

Es importante que se sepa que en México el único cuerpo que puede detener a personas migrantes es el Instituto Nacional de Migración, el Ejército, la Guardia Nacional y la Policía no pueden, porque no tienen el mandato para detener migrantes.  Lo que estarían haciendo es solo  acompañar a funcionarios de Migración. Su presencia tiene como objetivo generar cierto miedo a cruzar la frontera.

El temor real es que como se trata de un cuerpo muy joven que no está entrenado para este tema despierta bastante reserva, porque las fuerzas armadas están entrenadas para hacer uso de sus armas de manera muy distinta y no frente al crimen común, amotinamientos y migrantes. El entrenamiento y la dinámica militar es muy distinta no está  formada para contener el flujo de migrantes.

Ante lo imposible de detener la migración, ¿Qué va a hacer México con la acumulación de tantos migrantes en ambas fronteras?

No sé. Creo que van a haber fuertes presiones políticas sobre el Gobierno de México, pero también sobre las comunidades de las fronteras que están recibiendo a los migrantes, tanto en el norte donde están siendo devueltos por EE. UU, como los del sur que ya no los están dejando ingresar a México. Toda esta presión demográfica la estamos viendo en el sur donde de mi país, donde las primeras caravanas fueron recibidas con los brazos abiertos, comida, ropa y alojamiento, pero ahora este fenómeno ya no es pasajero, porque se quedan por algún tiempo, y en esos lugares no hay infraestructura y recursos, lo cual está empezando a crear problemas sobre los gobiernos locales y, en cierta medida, algunas actitudes negativas hacia los migrantes, lo cual es peligroso en términos sociales.

Por otra parte creo que el Gobierno mexicano va a estar sometido a enormes presiones, porque me parece imposible que en 45 días -que es el plazo que Trump impuso- se logre controlar la frontera. Aparte, este acuerdo es ambiguo, yo no tengo conocimiento que haya criterios específicos para medir si México ha aumentado su control o no sobre los migrantes. Probablemente México detenga más migrantes y deporte a más, pero si continúan llegando en gran número a Estados Unidos y Trump considera que es excesivo, no importa lo que México haya realizado.

Con esto ya estamos hablando de un cambio gigantesco con respecto al primer planteamiento de política migratoria del gobierno actual, pues no importa en qué medida se manifiesten los esfuerzos de México si la cantidad de personas migrantes que llegan a Estados Unidos se considera excesiva.

¿Pero México creo una comisión especial para lograr resultados antes de los 45 días?

A mí me llama mucho la atención esa Comisión porque sus miembros vienen del área de seguridad, no de derechos humanos, ni migración, lo cual me da una mala señal en cuanto a cómo se va a abordar el tema de frenar el flujo migratorio. Me parece que en un futuro no lejano México va a ejercer presión sobre los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras para que estos hagan los esfuerzos necesarios para mitigar el problema. El tema es que México tiene poca capacidad de gestión y estos tres países la tienen menos. Además, son parte del acuerdo migratorio, el CA-4 (permite movilidad libre entre los tres países), y México no puede imponer restricciones a esa movilidad. Lo que sí puede, de alguna, es dificultar más el acceso a México en franca contradicción con lo que había dicho originalmente el gobierno de Manuel López Obrador.

¿En qué posición pone este acuerdo a México con respecto a EE. UU?

El gobierno de México está entre la espada y la pared, por una parte durante toda la campaña López Obrador proclamó la importancia de ver el tema migratorio desde una perspectiva de derechos humanos y no criminalizarla, aunque desde luego, México nunca habló de abandonar la soberanía, ni el control territorial. Lo que está diciendo es que haya una migración ordenada para que la gente que quiere ingresar entre, se registre y se conozca su paradero, porque al tener un estatus legal no se vuelven vulnerables y presas fáciles del crimen organizado y de los oficiales corruptos del Estado.  Esta fue la principal propuesta al inicio y de hecho esas fueron las primeras medidas, pero ahora con esta presión de Estados Unidos, México está dando pasos hacia atrás en la política de liberalización del tránsito.

¿En qué plan queda el proyecto de la Cepal y el Plan Marshall?

Es importante destacar que el Plan para el Desarrollo Integral de la Frontera Sur y Norte de Centroamérica no era un proyecto de EE. UU, sino de México, quien trató de vendérselo a Estados Unidos, y este desde un inicio ofreció millones de dólares para echarlo a andar, pero estos no son recursos frescos sino de “reetiquetamiento”, o sea dinero que de todas maneras ya está destinado a proyectos de cooperación para el desarrollo, simplemente se les quita la etiqueta para lo que estaban destinados y se les cambia su destino, pero en realidad no había recursos frescos. Este plan corre el riesgo de convertirse en letra muerta en poco tiempo, porque no está claro quién realmente lo quiere ejecutar, porque, por una parte el gobierno mexicano lo propone y, desde luego es visionario para prevenir la migración, pues aumenta las oportunidades en los países de origen, sin embargo, hay varios factores en contra. El primero es cómo se financia, el canciller mexicano Marcelo Ebrard recientemente comento que se requerirían alrededor de US$10 mil millones durante 10 años para que el proyecto eche raíz y tenga el efecto estructural que se está buscando, el problema es que nadie compromete esa cantidad de recursos, el mismo gobierno mexicano no ha  comprometido un solo centavo para este Plan que está distando para el desarrollo de la frontera sur, en el entendido que este crecimiento y desarrollo económico permitiría captar mano de obra centroamericana que, de otra manera, buscaría una oportunidad en EE. UU; sin embargo, hay que tomar en cuenta que son planes a largo plazo y Estados Unidos, en estos momentos, está preocupado por la contención inmediata.  Si funcionara los resultados serían entre cuatro o cinco años, mientras tanto ¿Qué hacemos con estos flujos atípicos que han aumentado en números que no se preveían a principio de año?

¿Y cómo analiza la respuesta de los países del Triángulo Norte a este Plan?

Centroamérica tampoco ha mostrado gran receptibilidad, no veo a ninguno de los gobiernos apropiándose del Plan y decir qué van a hacer, simplemente podría haber poco interés. Desde la perspectiva económica, por la proporción del Producto Interno Bruto que estos países adquieren a partir de las remesas, de repente y les resulta contraproducente por la cantidad de migrantes y lo que generan para las economías nacionales.

En síntesis, ¿estas presiones no van a detener las migraciones?

Sin duda, la evidencia histórica es que cada vez que hay un recrudecimiento de las políticas migratorias y hay mayores despliegues de las fuerzas de seguridad, los flujos no bajan, lo que aumenta es la vulnerabilidad de los migrantes quienes quedan a merced del crimen organizado y de los elementos corruptos del Estado.

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