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George Eastman revoluciona la fotografía en 1885

El 16 de noviembre de 1885 el empresario norteamericano George Eastman, fundador de la empresa Kodak, inventa la película de nitrocelulosa, la cual permitiría impresionar imágenes fácilmente. 

Por Hemeroteca PL

George Eastman fundó la marca "Kodak" que dominó el mercado fotográfico durante más de un siglo. (Foto: Wikimedia Commons).
George Eastman fundó la marca "Kodak" que dominó el mercado fotográfico durante más de un siglo. (Foto: Wikimedia Commons).

Eastman dijo en una ocasión: "Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto", un slogan publicitario que daba a entender que la fotografía era cosa de niños. 

El empresario es considerado el "padre de la fotografía de aficionados" ya que fue él en efecto, quien creó las condiciones técnicas para convertir la fotografía en un arte de masas, cuando a finales de la década de 1890, sacó al mercado la primera película fotográfica, medio siglo después de que se diera a conocer en París, la invención de la fotografía.

Nacido el 12 de julio de 1854 en Waterville, Eastman debió abandonar la escuela a muy temprana edad, al fallecer su padre, para alimentar a su familia. Comenzó a los 14 años como mensajero en una compañía de seguros y sólo a los 20, gracias a su empeño, pudo ser contratado como empleado de un banco, con un sueldo de 800 dólares.



Anuncio publicado en Prensa Libre en 1962 sobre cámaras fotográficas. (Foto: Hemeroteca PL)
Anuncio publicado en Prensa Libre en 1962 sobre cámaras fotográficas. (Foto: Hemeroteca PL)


Cuatro años más tarde, para sus primeras vacaciones, se compro su primer equipo fotográfico. En ese entonces, el aficionado tenía que preparar por sí mismo su material fotográfico, y eso significaba llevar consigo una carpa que hacía de cámara oscura, donde se preparaba la emulsión sensible y después se revelaban las placas, además de todo un baúl de substancias químicas e implementos.

Así, cargado, emprendió su primera excursión fotográfica, y tuvo que enfrentar las airadas reacciones del público, que no se convencía de que sus placas eran invendibles y que él era sólo un aficionado, en tiempos en que pintores, ópticos, boticarios y hasta taberneros se convertían en fotógrafos y hacían de la fotografía un oficio.

Eran los tiempos de las placas húmedas, un procedimiento que le quitaba las ganas a muchos aficionados. Por una revista especializada supo Eastman que en Inglaterra un tal doctor Richard Leach Maddox había inventado la placa seca de gelatina-bromuro, que, de paso mejoraba la sensibilidad conocida hasta entonces y se puso a hacer sus propias placas.



El rollo de película permitió a las masas acceder a la fotografía. (Foto: Hemeroteca PL)
El rollo de película permitió a las masas acceder a la fotografía. (Foto: Hemeroteca PL)


Cuando le negaron un ascenso en el banco, Eastman dejó el puesto en 1880 y se dedicó por entero a la fotografía. Alquiló el tercer piso de una casa en Rochester y se puso a fabricar placas fotográficas. Inventó una máquina para poner la emulsión en el vidrio, pero, no contento con ello, se puso a buscar otro soporte.

Inventó, así, el rollo de papel sensible, en que no sólo estorbaba la estructura del material, sino que, además, la clientela le exigía hacer copias en vidrio de las tomas, lo que venía a ser lo mismo que antes.

En junio de 1888 presentó la primera cámara fotográfica para aficionados con el nombre de "Kodak", una palabra inexistente que sólo tenía la ventaja de ser una marca comercial fácil de pronunciar y de recordar. La Kodak número 1 era una caja con un objetivo simple que producía imágenes circulares, y que se vendía con un rollo de papel para 100 fotos incluida.

Una vez agotado el rollo, el cliente enviaba la cámara de vuelta a Eastman, quien se la devolvía con rollo nuevo y las copias de sus cien fotos. La cámara costaba 25 dólares, y cada carga otros diez.



Detalle de un anuncio de 1963 en el que se ilustraba la facilidad para cargar una cámara fotográfica. (Foto: Hemeroteca PL)
Detalle de un anuncio de 1963 en el que se ilustraba la facilidad para cargar una cámara fotográfica. (Foto: Hemeroteca PL)


El rollo de papel, sin embargo, no era la solución ideal. La base se la dio el inventor norteamericano John Wesley Hyatt (1837-1920), que había participado en 1860 en un concurso en busca de un material para reemplazar el marfil en las bolas de billar conocía el colodión utilizado en las emulsiones fotográficas y descubrió que, mezclándolo con alcanfor, se transformaba en un material firme y dúctil que patentó en 1869 bajo el nombre de celuloide.

Por encargo de Eastman, el químico Henry N. Reichenbach se puso a experimentar con el celuloide hasta lograr en 1888 una película perfectamente transparente. Y, a fines del verano de 1889, salió al mercado el primer filme transparente, de 60 metros de la marca Eastman.

Pero, al querer patentarlo, descubrió que ya un tal Reverendo Hannibald Goodwin (1822-1900) había presentado también a la oficina de patentes una película de celuloide. Eastman peleó durante once años, hasta perder la batalla el 13 de septiembre de 1898.

Tuvo que pagar una indemnización millonaria a Goodwin, que, entre tanto, había muerto ya, pero, con ayuda del filme transparente, su imperio, la "Eastman Company", se había ido ya a las nubes.



Con el invento de Eastman las fotografías podían reproducirse varias veces. (Foto: Hemeroteca PL)
Con el invento de Eastman las fotografías podían reproducirse varias veces. (Foto: Hemeroteca PL)


Otros pasos hacia la popularización de la fotografía fueron, en 1891, una película cargable a plena luz, y la presentación, en 1900, de la "Brownie", una cámara ideada para niños al precio de sólo un dólar, ambos ideas del "selfmademan" Eastman.

Se quedó solterón de por vida, pero mostró sentimientos sociales. Creó un fondo de beneficencia, dio a sus empleados garantías sociales muy avanzadas para su época y donó más de 100 millones de dólares para fines científicos y culturales.

El 15 de marzo de 1932 George Eastman fue hallado en su cama, muerto de un disparo en la sien. Junto a su testamento, en la mesita de noche había una carta con pocas palabras: "A mis amigos: mi obra está cumplida, ¿para qué esperar?". Tenía 78 años de edad, y desde hacía tres años sufría de diabetes.