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Mario, “el Mico” Sandoval, ícono de la política

En 1999 apenas le queda un hilo de voz a Mario Sandoval Alarcón, “el Mico”, como se le conoció en el ambiente sociopolítico del país.

Por Hemeroteca PL

“El Mico” Sandoval, en una imagen de juventud. (Foto: Hemeroteca PL)
“El Mico” Sandoval, en una imagen de juventud. (Foto: Hemeroteca PL)

Sandoval Alarcón (1923-2003) fue un emblema en la lucha antimonunista del país. Junto a él pelearon en esa lid y contra el fantasma del comunismo civiles y religiosos, incluyendo al extinto arzobispo metropolitano Mario Rosell y Arellano.

Soldado del anticomunismo, participó en el movimiento que con ayuda la de la CIA derrocó en 1954 al presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

Desde ese momento, “el Mico” se puso al frente del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), un partido que entremezcló muy bien elementos sociales y religiosos y aprovechó el momento para dar el zarpazo al entonces ya desgastado Árbenz, con todo y la masa campesina que unos años antes había vitoreado la reforma agraria.

Derecha extrema

Sandoval fue el paladín de la derecha extrema. Aliado de los militares, llegó a la Vicepresidencia del país de la mano de Kjell Laugerud, uno de los tantos militares que figuran en la larga lista de amistades de Sandoval.

Le tocó vivir junto a Laugerud el terremoto del 4 de febrero de 1976, a dos años de haber asumido el poder.

Aunque ese gobierno fue resultado de un fraude electoral, Sandoval Alarcón fue implacable con quienes fraguaron el siguiente o desertaron del partido.

De hecho, siempre se jactó de haber echado a Álvaro Arzú cuando éste se sumó al equipo de trabajo del también cuestionado Romeo Lucas García.

Derrotado dos veces en la carrera por la Presidencia, Sandoval abandonó la política en 1991, cuando el MLN ya era un cadáver más en el cementerio de los partidos políticos.

Para él, siempre habrían comunistas y anticomunistas, blancos y colorados, liberales y conservadores, y liberales y demócratas.

Militó con todo y armas desde 1942, y siempre dijo que el MLN había sido la escuela para muchos partidos políticos modernos en el país.

Ese año criticó al Partido de Avanzada Nacional y al Frente Republicano Guatemalteco, dos agrupaciones que ya habían incursionado en la política del país. De éstos dijo en aquella ocasión que no tenían fundamento ideológico, doctrinario y económico.

La izquierda, no

Sostuvo hasta el último momento que la izquierda nunca llegaría al poder, pero que si llegaba “sabría hacerle frente como lo he hecho en el pasado”.

Entre los temas de los cuales nunca quiso hablar están los temibles escuadrones de la muerte, el asesinato de monseñor Gerardi y el caso Pinochet.

La fecha más grata que siempre recordó fue el 3 de julio de 1954, el día del triunfo de la liberación.

“Habíamos logrado salvar a Guatemala”, comentó con orgullo.

Cuando en 1999 se le preguntó de qué lado ideológico estaba en ese momento, contestó con su hilo de voz: “Del lado de la tradición, con sus valores inmutables: Dios, Patria, Libertad”.

¡Ah, las cosas y la vida efímera de la política!