Internacional

El pulpo<em> Inky</em> se fuga del acuario de Nueva Zelanda

Antes de hacer su movimiento, el pulpo <em>Inky</em> esperó a que fuera de noche y el personal del Acuario Nacional de Nueva Zelanda se hubiera ido a casa.     

El pulpo "Inky" se fugó del acuario de Nueva Zelanda. (Foto Prensa Libre: AP).

El pulpo "Inky" se fugó del acuario de Nueva Zelanda. (Foto Prensa Libre: AP).

Entonces empujó y se metió por un diminuto agujero en la red que cubría su tanque, y se deslizó dos metros  por el suelo. Entonces se fue directo a un sumidero.       

Inky, con un cuerpo del tamaño aproximado a una pelota de rugby, se las arregló para estirarse y apretarse y pasar por el agujero. Desde allí recorrió los 50 metros de tubería hasta volver al océano Pacífico.       

Todo lo que dejó atrás hace tres meses fue un húmedo rastro que permitió al personal del acuario Napier recrear su increíble huida. No se le ha visto desde entonces.       

La historia de Inky comienza en el arrecife de Pania, en el mar y a varios cientos de metros del acuario. Un pescador lo encontró en una trampa para langostas, con mal aspecto.

Había sido atacado, probablemente por la langosta o algún otro pájaro, y varios de sus tentáculos tenían la mitad de su longitud normal.       


Luego de un año recuperándose en el Acuario Nacional, Inky volvía a tener buena salud, explicó el director Rob Yarrall. Y se había ganado al personal con su inteligencia.       

“Solía acercarse y uno podía darle de comer con la mano”, dijo Yarrall. “Te agarraba la mano con las ventosas de sus tentáculos, o te lanzaba agua. Y aprendió a desenroscar la tapa de un bote”.       

Como los pulpos no tienen huesos, pueden colarse por casi cualquier agujero que sea más grande que su pico, explicó Yarrall, de modo que el sumidero de 15 centímetros no era un gran desafío.       

Luego de la huida de Inky, el personal del acuario se imaginó lo que había ocurrido, admiró su astucia, le deseó suerte y volvió al trabajo. Nadie pensó en publicitar la historia hasta que Robyn McLean, directora de comunicaciones del Consejo Municipal de Napier, se enteró esta semana.

Ella habló con un periodista local, y pronto ella y su pequeño equipo habían recibido más de 100 llamadas de medios internacionales.       

“Demuestra que nunca debemos dar por sentado a los animales”, comentó McLean. “El humilde pulpo es una criatura muy, muy inteligente. Pensó en esto y lo logró. De modo que adelante, Inky”.

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