Este año

MARTÍN RODRÍGUEZ

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A principio de año la Cicig nos recordó que hay que ver más allá de lo evidente con la resolución del caso Rosenberg. Nos mostró que en nuestro país se pueden hacer investigaciones serias. Ayudó al MP a capturar al ex presidente Portillo y, como algunos consideramos, sí se puede tenerlo en nuestro sistema penitenciario y juzgarlo aquí en Guatemala.

Aunque para una buena parte del país la crisis continúa, hay sectores a los que les va de maravilla, como el azúcar y el café, por la cotización en las bolsas de valores, y deberían aportar un impuesto adicional para el país. En febrero, el gobierno de Colom hizo gala de su habilidad para enterrar capital político. Tras estar en la cresta de la ola tras la exoneración de su responsabilidad en el caso Rosenberg, se empantanó negándose a dar datos de Mi Familia Progresa y tuvo que despedir al ministro Bienvenido Argueta. También dejó ir en junio a su otro buen ministro, Fuentes Knight, al no apoyarlo para la reforma fiscal.

En marzo llegaron a Gobernación Menocal y Helen Mack. Hubo un aumento de sueldo a los policías, se empezó a combatir en serio la corrupción en el ministerio y —aunque les duele a muchos conservadores—, la violencia ha empezado a bajar sistemáticamente en nuestro país y se está empezando a combatir a los narcos en Alta Verapaz.

Este año se dijo que no a ProReforma y falleció Manuel Ayau, dejando abierta la puerta para la revisión de su legado ideológico. Fue el año en que el mundo decidió presionar para transparentar al sector privado, y después de mucho esfuerzo, el Congreso aprobó no solo una ley de extinción de dominio, sino también de transparentar las sociedades anónimas, con lo que el acuerdo gubernativo de Finanzas que prohíbe contratar a empresas que no tengan acciones denominativas debería estar en plena vigencia.

Fundesa empezó el año con el corcho de querer invitar al golpista hondureño Micheletti y lo terminó bien con el Enade, en donde se distinguieron empresarios modernizantes y empresarios retrógrados y se abre una puerta para que la discusión del año entrante no sea entre chavistas y golpistas.

El invierno fue el peor de la historia, Colom dio Petén a Perenco, se libró una batalla por tener a alguien limpio a la cabeza del MP y se consiguió con la fiscal Claudia Paz, y la oposición siguió dando bandazos en los consejos sobre cómo mejorar la seguridad. La ONU y el Gobierno aprobaron que la Cicig continúe y el nuevo comisionado Dall’Anese resultó mejor aún que Castresana. La Cicig está demostrando que no habrá impunidad en este país para nadie.

Hubo avances muy significativos, como la condena de Fernando García o la producción de la película La Isla o que se hiciera pública la asquerosidad de los experimentos nazis de EE. UU. o la filtración de Wikileaks. El panorama político está abierto. Todo apunta a que Sandra Torres no será presidenciable, sino lo será el tándem Alejos; Stein enterró sus posibilidades de ser presidenciable, y Arzú abrió con sus intenciones de “participar” el debate dentro de la derecha.

En fin, el barco avanza, lento y a veces retrocede, y estamos en medio de oleajes fuertes y con serios problemas en nuestra nave, pero no nos estamos hundiendo, como profetizan los pesimistas. Así que feliz 2011, que la historia la estamos escribiendo nosotros como país. Vea www.MartinRodriguezPellecer.com

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