FAMILIAS EN PAZ
Búsqueda insaciable
Jordan Belfort, quien llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo, inicia su novela biográfica “El Lobo de Wall Street” con la siguiente frase “…a la tierna edad de veintidós años me dirigí al único lugar que encajaba con mis nobles ambiciones”.
Ese lugar era el centro financiero más grande del mundo y sus “nobles” ambiciones no eran más que placer, dinero y poder. Y lo logró, pero por medio de la manipulación y el uso de técnicas deshonestas y fraudulentas. Famoso por su adicción al sexo y las drogas, montaba grandes fiestas en su compañía hasta que en 1998 fue condenado por estafa y blanqueo de capitales. Hoy vive modestamente en un apartamento en Los Ángeles.
Su conducta estuvo motivada por la búsqueda de dinero, sexo y poder; elementos que influyen de manera significativa en el comportamiento del ser humano. Históricamente, las conquistas y guerras entre pueblos dan evidencia que los tres están íntimamente relacionados: el uso abusivo de poder para la subyugación y esclavitud; el dinero como instrumento de dependencia y la sexualidad como estrategia de sometimiento.
Estos elementos no son malos en sí mismos: el poder se otorga para servir y buscar el bien común, el dinero fue creado para propiciar el intercambio justo de bienes y servicios y la sexualidad para la procreación y el deleite conyugal dentro del matrimonio. El abuso o el mal uso de ellos es lo que causa daño; el uso abusivo del poder se convierte en tiranía, el mal uso de la sexualidad en depravación y en amor al dinero en codicia o avaricia, generando una cultura de muerte o de vida.
Los malos deseos condicionan nuestra conducta. La injusticia, la corrupción, los delitos, nacen del corazón y son motivadas por las mismas causas que llevaron a Adán a rebelarse contra Dios: rechazo a las normas divinas, independencia y buscar erigirse a sí mismo un dios.
De manera que para transformar la cultura debemos cambiar primero nosotros. Un cambio profundo en la sociedad no depende exclusivamente de sistemas o estructuras, mucho menos de un líder, sino del corazón del ser humano. Pretender un cambio únicamente desde el gobierno, la política o de las leyes sería atacar los efectos y no las causas.
El Lobo de Wall Street nunca se sació. Siempre quiso ganar más a pesar de su cuenta millonaria, estaba insatisfecho a pesar de su desenfreno con las drogas, sexo y alcohol, era emocionalmente inseguro. Todos corremos el riesgo de que sus “nobles” aspiraciones sean también las nuestras; el vacío en su corazón también. Blaise Pascal dijo “en el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada…únicamente mediante Cristo Jesús.”
¿Queremos que el país cambie? Se logrará en la medida que cada uno de nosotros actúe de manera honesta y justa. Revisemos nuestras motivaciones, no vaya a ser que como el lobo, nos encontremos en una búsqueda insaciable.