CATALEJOAlgunos retos del nuevo presidente
ESCRIBO ESTE ARTÍCULO al mediodía del domingo, porque debo entregarlo antes de tiempo normal a causa de razones de impresión. No puedo saber el resultado, ni ninguna de las características de la elección, y parto de la base de una elección normal, sin incidentes, aunque talvez minoritaria. Sin embargo, creo necesario referirme a algunos temas importantes, independientemente de quien sea el binomio triunfador. Como haya sido, son los dos ciudadanos designados por los guatemaltecos para gobernar el país: por eso, es crucial compartir el significado de esta palabra, pero además, cuál es el objetivo principal de haber llegado a la poltrona presidencial y vicepresidencial. Es un mandato popular, de ninguna manera un cheque en blanco.
GOBERNAR DEBE SER sinónimo de dirigir, de conducir. Pero esto sólo puede hacerse en un equipo. Y el equipo, a su vez, no puede ser solamente una agrupación de amigos, compadres, conmilitones y aprovechados de la circunstancias. Debe ser sinónimo a la vez de selección, de búsqueda de los mejores elementos posibles, pero también deseosos de contribuir al logro de la principal meta de gobernar: ampliar la base de los beneficios para la ciudadanía, no de sólo uno de sus grupos. Esto, además, necesita de comprender y aceptar una realidad evidente: no existe en la actualidad ningún grupo social o político capaz, por sí solo, de conducir al país sin el concurso de ciudadanos de otros criterios, de otros orígenes, de otras experiencias de vida.
UNA DE LAS TAREAS más importantes es la de reponerse del triunfo y colocar a éste en sus verdaderas circunstancias. Preguntarse si en realidad lo es, o si solamente es el resultado de una escogencia, de un voto en contra, o del cumplimiento de un derecho visto en la práctica como una obligación sin posibilidades reales de tener efectos positivos, al convertirse en una repetición de lo mismo. Es necesario si se puede celebrar un triunfo en una elección de participación minoritaria y con un margen estrecho de votos como factor decisivo. Es necesario también meditar si se trata de un mandato de trabajo o en una licencia para continuar el pillaje, cuya calidad y efectos son iguales, aunque las técnicas puedan ser menos burdas a las del régimen anterior.
TRANSPARENCIA debe ser la palabra clave en el proceso de gobernar. Pero no es el único concepto importante: también se debe pensar en la arrogancia como una de las amenazas más serias a la posibilidad de continuar el proceso político actual, acosado por fuerzas conspiradoras no solo contra la gobernabilidad, sino contra la misma existencia del país como ente viable. En otras palabras, humildad en el sentido de serenidad, de confianza en sí mismo, de intención de estar dispuesto a escuchar las críticas y de comprender el distinto papel de cada uno de los sectores sociales. Todo esto con la convicción de ejercer el papel presidencial de ser el representante de la unidad nacional y de la suma de esfuerzos de todos, en cada una de sus actividades.
ESA REPRESENTATIVIDAD del presidente debe ser entendida como la posibilidad de ejercer la capacidad de convocatoria. Estamos todos en un país dividido por demasiadas razones o excusas, urgido de buscar los lazos de unión y de criterios similares, ahora escondidos en la mayor parte de casos por la miopía de quienes lo han dirigido en cualquiera de sus áreas. Estos son algunos de los retos principales del presidente. Pero el más difícil y al mismo tiempo el más fácil, es el de dar una imagen -correspondiente con la realidad, claro- de estar dispuesto a ejercer el papel con seriedad, en forma responsable, pero al mismo tiempo amable. Aunque no lo expresen todos los guatemaltecos, evidentemente estos son criterios compartidos por muchos.