CATALEJOLos injustificables perros de ataque

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CON SUMA PENA, me enteré de dos muertes muy dolorosas. Ambas son niñas: Jennifer Andrea González Cuque, de 4 años, y Lesbia Jeaneth Terón, de 8, víctimas de mordidas de dos perros pitbull, en casos distintos ocurridos en diversos lugares de la ciudad. Los dos casos hacen necesario sacar el tema de la responsabilidad legal de las personas propietarias de razas caninas como el rottwailer, el pittbull, el doberman y algunos otros cuyas características de ferocidad los convierten en máquinas de matar. Este tipo de perros no tiene la culpa del ataque, porque así es su naturaleza violenta, pero sí hay evidente culpabilidad de quienes los han escogido para encargarse de cuidar sus casas, porque pudieron escoger otra clase de estos animales.  

SOY AMIGO DE los perros. Les reconozco sus grandes cualidades y me doy cuenta también de los riesgos implícitos en el simple hecho de tenerlos. Todo perro, sin importar el tamaño, puede en un momento y por razones a veces difíciles de explicar, convertirse en una fiera, sobre todo si se les molesta con acciones voluntarias o casuales. Pero no puedo aceptar el derecho de alguien de tener en su casa a canes cuyas acciones violentas no constituyen una característica de defensa sino de ataque. Con este tipo de animales un simple error humano, como dejar una puerta abierta, puede convertir a la calle en un lugar de muerte por ataque de fieras cuyas mandíbulas son capaces de destrozar en pocos segundos a una persona. Tener estos perros es indefendible.

CON LOS PERROS sucede como con las armas de fuego. Se puede tener una en casa para defensa, pero no es necesario ni se justifica comprar fusiles de asalto, o escuadras del tipo magnum. Un accidente o una travesura, aunque sean mínimas, pueden convertirse en una tragedia, como son estos dos casos. Las autoridades deben tener un listado de los dueños de estos animales y asegurarse del cumplimiento de las condiciones mínimas de seguridad para evitar ataques. No se necesita conocer demasiado de las características caninas para conocer su tremendo poder físico, lo cual puede imposibilitar los esfuerzos del dueño para controlarlos cuando están efectuando un ataque. No es un tema trivial, ni el control puede quedar en el campo de la voluntad.

ME PARECE UNA MUY buena idea iniciar una campaña para exigir una regularización legal de la tenencia de estos perros. Ya la iniciaron los acongojados padres de las niñitas, Domingo y Olimpia González, y Karina Escobar, cuyas vidas han quedado marcadas para siempre por esta tragedia. La Sociedad Protectora de Animales, el Colegio de Veterinarios y las asociaciones de criadores de perros tienen la obligación de preparar información a fin de ponerla a disposición del Congreso. Este esfuerzo por lograr una ley debe tener como meta darle un mensaje a quienes usan perros para cuidar sus propiedades y sus pertenencias, lo cual es no sólo legal, sino correcto, para permitirles meditar si en realidad es tan necesario comprar un perro de ataque.

A QUIENES CREAN innecesario realizar este esfuerzo, los invito a conocer mi criterio al respecto. Yo tengo tres nietos, de edades entre seis y menos de dos años. Existe la posibilidad de una pequeña travesura, consistente en salir de casa. No sería malacrianza, ni motivo de reprimenda. Si alguien tiene un perro de ataque en las vecindades y por un descuido también pequeño comete un error mínimo, como es dejar abierta una puerta y por ello permitir la salida a la calle de perro de ataque, la coincidencia de ambos hechos podría ser el ingrediente de una tragedia. No quiero ni pensar en mi reacción, pero no sería calmada, sin duda. Quiero terminar este comentario con un mensaje de cariñosa solidaridad a los padres de Jennifer Andrea y Lesbia Jeaneth. Dios les dará la fortaleza necesaria para reponerse de este artero golpe del destino. 

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.