ColaboraciónLa grandeza de la vida ordinaria
Por Helen Mackc La vida cotidiana, implica jornadas de estudio, de trabajo, de retos, de dificultades, de alegrías y de logros. Pueden verse como asociadas a la rutina y a la monotonía, sin el valor que tiene lo que carece de sentido trascendente. Incluso desde la cultura dominante, se considera la vida cotidiana como algo opuesto al ambiente que permite que surjan hombres y mujeres que destaquen por su dedicación a causas que superan lo ordinario.
Al acercarse el 9 de enero, primer centenario del nacimiento del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, me ha sido posible identificar aspectos de su legado espiritual que me han sido de particular apoyo, en la lucha personal por vivir en el ámbito familiar, social y público la rectitud de intención, que cuando actuamos desde la fe, significa lo concreto, la coherencia entre los que decimos y lo que hacemos.
Para mí, en particular desde el asesinato de mi hermana Myrna, esa rectitud de intención que he mencionado, se ha complementado con apoyarme en la devoción a la Virgen de Guadalupe que el Beato siempre manifestó, y que en cierta forma se hizo palpable en el momento de su repentino fallecimiento en una habitación presidida precisamente por una imagen de ella. En ocasiones de particular contradicción, una visita del Santuario de Guadalupe en México, ha sido para mí un lugar de encuentro con la esperanza y el compromiso de salir adelante.
Uno de sus escritos más conocidos, editado en diversos idiomas a partir del año 1934, es Camino; en realidad un tratado de espiritualidad a través del cual es posible identificar puntos y temas de meditación que van desde las virtudes humanas y sobrenaturales, hasta diversos aspectos para vivir la santidad en la vida ordinaria. El punto 34 de Camino dice: ?No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte?. Meditar sobre esto me ha servido para rectificar la intención, para comprometerme con la justicia, para prepararme para la verdadera reconciliación.
Esto en medio de lo que el Beato Josemaría llamaba ?la grandeza de la vida ordinaria?, aquella que no se teje de acciones y gestos llamativos, sino de actos de amor ligados a las tareas más normales. La vida de cada hombre o mujer debe vivir, buscando la propia realización en las circunstancias ordinarias, vividas con la conciencia de que son el lugar de su encuentro personal con Dios.
En diciembre de 1992, en ocasión de recibir el ?Premio Nobel Alternativo de la Paz?, tuve el privilegio de ser recibida por el Papa Juan Pablo II, y durante esa audiencia tan entrañable para mí, también recordé la enorme fidelidad y cariño que en todos sus escritos y enseñanzas hiciera tan patente el Beato Escrivá de Balaguer. Sirvan estas líneas para patentizar mi agradecimiento a lo que su legado ha significado para mí, en momentos de dificultad y necesidad de encontrar en la oración, la serenidad y la rectitud que como católica practicante debo testimoniar con mi actuación de vida.