Por la libertad

250 años de la declaración de independencia de EE. UU.

El gran nivel de riqueza que tiene Estados Unidos se debe a las reglas claras en las que se han protegido los derechos individuales.

El próximo sábado, 4 de julio, se celebra la “Declaración de Independencia” de los Estados Unidos de América.  Este año es especial porque es el 250.º aniversario de la adopción de la Declaración de Independencia por el Segundo Congreso Continental el 4 de julio de 1776, en Filadelfia.  Es un evento que ha cambiado para bien la vida no solo de los estadounidenses, sino de millones de personas en todo el mundo. 

No es el gobierno el que concede los derechos, sino que ya los poseen las personas.

Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando las 13 colonias británicas en Norteamérica decidieron separarse de la corona británica.  La razón es que llevaban años de conflictos por la cantidad arbitraria de impuestos y regulaciones sin representación política que los británicos  imponían a los colonos.  Aquí surge la famosa frase de “no impuestos sin representación”.  La Declaración de Independencia fue redactada principalmente por Thomas Jefferson, inspirado en las ideas de John Locke, Montesquieu y otros grandes pensadores.   En resumen, implicó la separación de Gran Bretaña, la reafirmación que el poder político deriva del consentimiento de los gobernados y que los gobiernos están diseñados para proteger los derechos individuales.

Su párrafo más famoso afirma:  “Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”.  Estos derechos no provienen del Estado, sino son inherentes a los ciudadanos, y el gobierno debe protegerlos.  No es el gobierno el que concede los derechos, sino que ya los poseen las personas.  Esto fue un cambio radical con el sistema político europeo donde el rey otorgaba los derechos a los ciudadanos.

En esta Declaración se establece claramente que el gobierno tiene poderes limitados y su función es proteger la vida, la libertad y la propiedad (por razones políticas del momento, Jefferson sustituyó la palabra propiedad, que era la que usaba Locke, por “la búsqueda de la felicidad”.  La Declaración preparó el camino para la Constitución de 1787, en la que se establece con claridad la separación de poderes, los pesos y contrapesos de los mismos, la independencia judicial y la supremacía de la ley sobre los gobernantes (ningún gobernante está por encima de la ley).

Alexis de Tocqueville escribió un libro denominado Democracia en América (dos tomos, uno en 1835 y el segundo en 1840) tras su visita a Estados Unidos de América, en 1831.   Él quedó muy impresionado por lo que encontró:  Una sociedad donde la democracia era el futuro inevitable de Occidente.  Además, le impresionó la libertad de los individuos, el gobierno limitado, la sociedad civil, la igualdad ante la ley y un verdadero Estado de derecho.

El gran nivel de riqueza que tiene Estados Unidos se debe a las reglas claras en las que se han protegido los derechos individuales.  No conozco otro país en el que el éxito de alguien se aplauda tanto como en nuestro gran vecino y mayor socio comercial del norte.  Mientras que en otros países de nuestra querida Latinoamérica, el éxito de unos es envidia del resto de la población, lo cual resta y no suma.  En Estados Unidos, la mentalidad es ganadora y no hay ningún cargo de conciencia por ser mejor, hacer dinero y llegar más lejos.   Todo se hace respetando los derechos individuales de los demás en ese sistema donde sí funciona la igualdad ante la ley.  Estos 250 años se deben celebrar a lo grande, y, aunque con algunas imperfecciones, sigue siendo el ejemplo a seguir para revisar las constituciones de los países del resto del mundo.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).