Rincón de Petul
CANG y los cantos de Donroe: la advertencia venezolana
El voto del abogado no es un trámite gremial. Hoy, es un acto de soberanía.
Por muchos años, Guatemala y Venezuela han compartido similitudes penosas: se ha denunciado en ambos países la infiltración de redes mafiosas en el poder; en ambas, esto ha conducido a niveles exagerados de inestabilidad. Y, en ambos casos, eso ha terminado en la expulsión hacia el exterior de una quinta parte de sus respectivas poblaciones. Este lunes, los abogados y profesionales afines tenemos el privilegio y una responsabilidad al estar llamados a contribuir para que, en un futuro, la suerte de nuestro país no quede a la merced del crimen organizado, para después caer en las manos de la geopolítica.
Mañana, lunes 5, los miembros del Colegio de Abogados estamos convocados a un evento que solo puede considerarse como un auténtico trabalenguas institucional. Lo reto a que lea esto en voz alta y luego lo comprenda: Estamos llamados a elegir a nuestros representantes (titular y suplente) para integrar la Comisión de Postulación que conformará la nómina de aspirantes a Magistrados del TSE, y que luego, debe elegir el Congreso. Trabalenguas institucional, ¿no? Creo no estar solo al decir que es algo tan enredado, que pareciera diseñado para que nadie lo entienda. Y justo es por eso que tanto importa.
En el lenguaje más claro que encuentro, ese enredo se reduce a esta trascendental secuencia: los magistrados del TSE salen de un listado de 20 candidatos. Este listado es elegido por una Comisión de Postulación, de 5 titulares y 5 suplentes. Los abogados (y profesionales afines) elegimos mañana a uno de esos cinco titulares y uno de sus suplentes. Es decir, los profesionales influimos directamente en quién será candidato a magistrado electoral: el árbitro de las elecciones. Solo que un árbitro que no tiene en mano solo un silbato, sino uno que, además, decide quién entra como jugador a la cancha.
No se trata de quién gana el Colegio. Más bien, de que Guatemala no se pierda fuera de sí misma.
Y aquí está el punto incómodo. En un país de institucionalidad vulnerable, la mafia no siempre entra con violencia; entra con planilla. Forman redes, primero creando universidades politizadas, y luego distribuyendo puesto y emolumento; favores, acceso, protección, o tan solo pertenencia. Con el tiempo, el favor se ha vuelto lealtad petrificada, más allá de sus simples manifestaciones: la canasta en el convivio, o el chicharrón, mañana en la elección. El problema no es que exista organización gremial, sino cuando esas estructuras se vuelven vehículos de corrupción, colonizadores en las estructuras del Estado.
Hoy, más que solo Venezuela, Latinoamérica amanece con una lección amarga. Trump, voluntarioso, se enteró que en el pasado EE. UU. operó con la Doctrina Monroe para imponer agenda en países del hemisferio, aprovechándose de sus debilidades. Y volvió a abrazar la idea, apropiándosela peladamente como la “Doctrina Donroe”. Su intervencionismo, justificado. Y es ahí donde los bolivarianos nos advierten a gritos, desde lejos: que un país no es invadido de un día para otro. Se deja intervenir, paulatinamente, en la medida de sus propios vicios. Y vaya si estas elecciones del CANG no han sido fuente de vicios.
Escuché que mientras Maduro era capturado, en Guatemala sonaron cohetes de alegría. Celebramos lo ajeno, olvidándonos de hacer lo propio. Mañana, el voto no es un trámite gremial: es un acto de soberanía. Si el TSE es capturado, el desorden deja de ser accidente. El círculo vicioso termina con emigración que luego es justificación. Normas de imparcialidad editorial impiden mi apoyo abierto en este artículo. Pero no hace falta decirlo; se sabe cuáles son las planillas del clientelismo. Insto a sus seguidores: No se trata de quién gana el Colegio. Más bien, de que Guatemala no se pierda fuera de sí misma.