Godot ha llegado

Carney en Davos

El discurso del primer ministro de Canadá representa una alternativa para nuestros países en un nuevo orden mundial.

Lejos del ruido político y mediático de Donald Trump y su séquito en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, a inicios de febrero de este año, fue el discurso del primer ministro de Canadá el más importante no solo de la reunión sino de los últimos quince años. Sin rodeos ni el protocolo de costumbre, Carney fue a la yugular diciendo: “Hoy hablaré de una ruptura en el orden mundial, el fin de una ficción agradable y el comienzo de una dura realidad… en la que la geopolítica de las grandes potencias, no está sujeta a límites ni a restricciones de ningún tipo”. Carney valientemente hace oficial lo que se ha venido advirtiendo por analistas sobre la crisis del sistema liberal internacional y cómo esta se ignoró por esa ficción agradable, una mentira creada por la corrección política de los líderes y principales tomadores de decisiones de países occidentales, medios de comunicación y élites económicas y sociales mundiales.

El poder de los menos poderosos inicia con honestidad.

Inmediatamente después, Carney presenta una alternativa a lo que está sucediendo reconociendo un elemento fundamental de las relaciones internacionales y es que esta dura realidad nos afecta a todos por igual y la diferencia es en la capacidad de reacción que cada Estado tenga. En el caso de las grandes potencias esa reacción será unilateral, pero en el caso de potencias intermedias y países adscritos a los cambios del sistema internacional, Carney ofrece una postura esperanzadora, pero a la vez pragmática: “Por otro lado, me gustaría decirles que los demás países, especialmente las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que incorpore nuestros valores, tales como el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos Estados”. Carney lo resume en una frase que debe ser el lema de los presentes y futuros líderes de las potencias intermedias y países en vías de desarrollo como Guatemala: “El poder de los menos poderosos inicia con honestidad”.

Carney da una cátedra poco común en Geopolítica que es la de presentar un escenario alejado de la lógica de las grandes potencias tanto económicas como militares como Estados Unidos, China y un escalón abajo, Rusia que definen su interés en términos de poder pero un poder finito que suma cero: Lo ganancia de un actor equivale la pérdida para otro y eso lo podemos ver en la realidad actual con los diferentes conflictos que Estados Unidos está llevando a cabo en diferentes partes del mundo que al país que más afectan es a China —el 80% del petróleo de países como Venezuela e Irán tenía como destino final a China previo a la captura de Maduro y a los ataques en Teherán—. Carney habla de un poder honesto que inicia por reconocer el origen del poder: “El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad, y su fragilidad proviene de la misma fuente. Cuando incluso una sola persona deja de actuar… la ilusión comienza a resquebrajarse. Amigos, ha llegado el momento de que las empresas y los países dejen de actuar”.

A pesar de la ruptura que atraviesa el sistema y de los conflictos por la competencia hegemónica mundial que lidera Estados Unidos mediante una política transaccional a un precio bastante elevado —primero guerra arancelaria y ahora intervenciones militares—, Carney abre una puerta para nuestro países y aliar intereses comunes con una estrategia de “autonomía estratégica y soberanía” como él la llama bajo la cual las ganancias de la política transaccional serán cada vez más difíciles de replicar. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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