Estado, empresa y sociedad
Coyuntura nacional
Aún existe alguna esperanza que de las elecciones de segundo grado pudieran surgir autoridades y funcionarios idóneos.
No solo la coyuntura global sino también la nacional nos plantean una combinación de factores y circunstancias que concurren en este momento, que dificulta interpretarlas apropiadamente para elaborar escenarios plausibles, ante una diversidad de futuribles y la incertidumbre de una prospectiva factible.
Mientras la llamada guerra híbrida, económica, social, cultural, tecnológica, comunicacional e, incluso penal mediante la persecución o guerra judicial (“lawfare”), están a la orden del día, a todo nivel, reflejando intereses económicos y políticos creados, tradicionales, emergentes o espurios, tanto globales como regionales y nacionales, que batallan por imponer su dialéctica y una narrativa sobre la realidad que, material y objetivamente, es muchas veces deprimente, incluso chocante, pero que al mismo tiempo puede resultar esperanzadora de que, al final, surja y se consolide algo mejor.
Además, la lucha política por los distintos espacios de poder de que estamos siendo testigos, conforme avanzan las elecciones de segundo grado, podría alterar el futuro del país, especialmente en el ámbito jurisdiccional, legal, político, económico y social. Todo depende de la forma como queden conformadas: la Corte de Constitucionalidad; el Tribunal Supremo Electoral; el Ministerio Público; la Contraloría de Cuentas; la Superintendencia de Bancos; y, también está el Banco de Guatemala, pero que es de designación directa del Presidente de la República, sin proceso competitivo de selección ni terna alguna.
A estas alturas, cabe apoyarnos en el último estudio de opinión sobre la gestión presidencial realizado por Diestra, que nos debe hacer reflexionar, porque el desgaste gubernamental pareciera ser no solo por los errores cometidos sino porque proyecta una profunda sensación de inacción estructural, en donde el Ejecutivo no ha sido capaz de mostrar una conducción política firme y ni ejercer autoridad sobre las instituciones.
Fue una decepción que finalizara el estado de sitio sin que se presentara públicamente a todos y cada uno de los asesinos de cada uno de los once policías que murieron como represalia de la mara Barrio 18,
El estudio nos alerta sobre los riesgos de una deriva ciudadana hacia un liderazgo autoritario que ofrezca soluciones inmediatas, como una respuesta pragmática al desencanto poblacional generalizado con el actual gobierno. “La inseguridad creciente, las fugas de reos, los problemas de infraestructura, la corrupción persistente en niveles medios del Estado y la ausencia de resultados concretos”, hacen que la población sea más propensa a figuras autoritarias y soluciones extremas. Esta percepción podría dar cabida a que en las elecciones se busque a candidatos que ofrezcan resolver lo que el actual gobierno no ha podido atender, pero, además, que gobierne al país de una forma diferente.
Aún existe alguna esperanza que de las elecciones de segundo grado pudieran surgir autoridades y funcionarios idóneos, capaces, experimentados, probos, valientes e independientes, que de verdad sirvan al país y no a ellos mismos y a sus patrocinadores, o peor aún, al crimen organizado nacional y transnacional, como ha prevenido la Embajada de los Estados Unidos. Pero los 20 seleccionados como eventuales magistrados del TSE, o la cuestionada conducta de los directores de la nueva Superintendencia de Competencia, por ejemplo, no ayudan a confiar que nos depara un mejor futuro. Lamentablemente.
Por otro lado, fue una decepción que finalizara el estado de sitio sin que se presentara públicamente a todos y cada uno de los asesinos de cada uno de los once policías que murieron como represalia de la mara Barrio 18, porque el ministro de Gobernación no otorgó los privilegios a los que tenían acostumbrado al Lobo, líder máximo de la organización criminal.