Por la libertad

Cuando la política arruina la economía

Las decisiones económicas correctas se deben tomar en momentos políticos favorables.

Existen muchas decisiones políticas que han sido aplicadas en lugar de correctas decisiones económicas. Cuando esto ocurre, se causan graves daños a los habitantes de un país, reduciendo su nivel de vida o evitando que puedan mejorarlo más rápidamente. Casos típicos son las excesivas regulaciones, los subsidios, los precios tope máximos, los salarios mínimos fijados por decreto, los permisos innecesarios, la alteración de las tasas de interés o del tipo de cambio, los déficits presupuestarios, los gastos superfluos, el incremento de costos en las empresas debido al exceso de burocracia, el tortuguismo y muchas más. En general, se asignan mal los recursos, causando ineficiencias y disminuyendo el crecimiento económico.

Buchanan y Tullock proponen una constitución fiscal que limite las decisiones que pueden tomar los funcionarios públicos.

¿Cuándo se deben tomar las decisiones económicas correctas? Ocurren cuatro escenarios y los políticos deben estar atentos a ellos. Estos son: momentos políticos favorables y desfavorables, combinados con decisiones económicas correctas o incorrectas. Las decisiones económicas correctas se deben tomar en momentos políticos favorables. En la década de los años ochenta se trató de privatizar una serie de empresas de telecomunicaciones en todo el mundo. Sin embargo, había mucha oposición de los trabajadores sindicalizados y la opinión mediática era contraria. La decisión económica era correcta: privatizar estas empresas; pero el momento político no era favorable. Sin embargo, las cosas cambiaron en la década de los noventa, cuando la opinión mediática se volvió favorable y muchas empresas se privatizaron en el mundo entero. El momento político fue favorable y la decisión económica también fue la correcta.

Sin embargo, muchas decisiones económicas se toman por presiones políticas equivocadas. Hace poco, el gobierno de Guatemala aprobó un subsidio a los combustibles. Las razones de las variaciones de precios se debían al conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán. Los precios subieron y el gobierno cedió a los grupos de presión aprobando una cantidad de dinero para reducir en unos cuantos quetzales los precios. Fue una medida económica equivocada, a pesar de las presiones. Aunque el momento político era favorable a esa medida, no se debió haber aplicado porque económicamente era incorrecta. Los precios altos envían una señal al consumidor indicándole que el combustible estará escaso y que debe economizarlo. El dinero del subsidio dejó de utilizarse en cosas más urgentes, como seguridad y justicia, o bien para terminar de arreglar las carreteras que están en mal estado.

James Buchanan y Gordon Tullock, fundadores de la Escuela de la Elección Pública (Public Choice), nos explicaban que los políticos responden a incentivos, persiguiendo objetivos como cualquier otra persona: poder, prestigio, reelección o influencia. No son ángeles; son personas comunes y corrientes con los mismos defectos y virtudes que cualquier otro. Ceden a las presiones de sus votantes y tienden a complacerlos, aunque económicamente sepan que están equivocados. Por ello, al final los políticos terminan aprobando tantas medidas que dañan, en vez de favorecer, a todos los habitantes. La mala asignación de recursos causada por estas decisiones políticas reduce la posibilidad de lograr mayores incrementos en el nivel de vida de la población.

¿Cómo hacer para que los políticos no tomen decisiones equivocadas? Buchanan y Tullock proponen una constitución fiscal que limite las decisiones que pueden tomar los funcionarios públicos. Cuando la política sustituye al mercado en la asignación de recursos y en la toma de decisiones económicas, aumenta el riesgo de ineficiencia, corrupción, privilegios y menor crecimiento económico.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).