Meta humanos
Cuando las mujeres avanzan, Guatemala avanza
El Día Internacional de la Mujer nos invita a reflexionar sobre los avances que, como país, hemos logrado en la incorporación de las mujeres a diversos sectores.
En los próximos días, el 8 de marzo vuelve a poner sobre la mesa la conversación sobre igualdad y equidad de género. El Día Internacional de la Mujer nos invita a reflexionar sobre los avances que, como país, hemos logrado en la incorporación de las mujeres a diversos sectores. En esta discusión conviene preguntarnos si estamos construyendo las condiciones para que el talento femenino, que representa el 50% de la población guatemalteca, despliegue todo su potencial.
El talento femenino no está en duda; el desafío sigue siendo el acceso equitativo.
He dedicado mi carrera profesional al diseño y gestión de programas de inversión y desarrollo económico. Ese camino me llevó desde Guatemala hasta Asia para formarme y regresar con una visión más amplia. Regreso con una fuerte convicción: el desarrollo sostenible no es posible si gran parte del talento del país no tiene acceso pleno a oportunidades. El talento femenino no está en duda; el desafío sigue siendo el acceso equitativo para desarrollarlo plenamente, especialmente en las áreas rurales de nuestro país, donde muchas mujeres enfrentan barreras concretas: acceso limitado a tierra y recursos productivos, menor participación en empleo formal, brechas educativas y responsabilidades de cuidado no remuneradas que restringen su autonomía económica.
Trabajar en Taiwán me permitió observar cómo apostar por una visión de largo plazo invirtiendo en educación, innovación y fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas no fue casualidad, sino una decisión sostenida en el tiempo. Los países que avanzan no improvisan su desarrollo; lo diseñan. En Guatemala, apostar por el talento femenino en igualdad de condiciones forma parte de esa misma lógica estratégica.
En los últimos años, desde la banca multilateral, he liderado en Guatemala una iniciativa que integra el enfoque de género dentro de instrumentos financieros y mecanismos de acompañamiento técnico orientados a fortalecer a las empresarias a través de la banca intermediada. Las mipymes son la base de nuestra economía, y cerca del 45% son lideradas por mujeres, pero persisten muchas barreras estructurales que limitan su consolidación. Esas barreras no son abstractas: implican menor acceso a crédito, brechas salariales, informalidad y poca participación en espacios de decisión. Cuando una mujer no puede formalizar su negocio, acceder a financiamiento o continuar su educación, se limita su crecimiento y el desarrollo del país. Cuando accede a educación, empleo formal y capital productivo, avanza ella; cuando miles lo hacen, avanza Guatemala.
Romper estructuras no siempre significa confrontar. Muchas veces significa diseñar mejor. Sentarse a la mesa donde se toman decisiones y aportar soluciones técnicas que amplíen oportunidades para más personas significa tender puentes entre instituciones para generar impacto real y sostenible.
A las jóvenes guatemaltecas nos corresponde recordar que nuestra capacidad no está en discusión. La preparación, la disciplina y la visión de largo plazo son herramientas de poder. El talento nos abre puertas; la formación y la perseverancia las mantienen abiertas. El país necesita que ocupemos espacios de decisión que abran camino a más mujeres. Porque cuando una avanza, abre espacio para otras. Y en ese camino no caminamos solas: necesitamos también a los hombres como aliados en la construcción de un país más justo y competitivo.
Este 8 de marzo, preguntémonos qué estamos dispuestos a hacer, desde el lugar que ocupamos, para ampliar las oportunidades de más niñas y mujeres. Porque cuando las mujeres avanzan, Guatemala avanza.