Liberal sin neo

De pañal rojo a crítico implacable

Una búsqueda de coherencia moral que lo obligó a cuestionar

Pocas figuras encarnan con tanta intensidad las turbulencias ideológicas de la segunda mitad del siglo XX como David Horowitz. Su trayectoria intelectual lo llevó desde el corazón del comunismo estadounidense hasta convertirse en uno de los críticos más implacables de la izquierda radical. Como observa Jamie Glazov en la introducción de Left Illusions (2003), la vida de Horowitz fue la historia de una búsqueda de coherencia moral que lo obligó a cuestionar las creencias que habían dado sentido a su existencia.


Nacido en 1939, en Nueva York, creció en un hogar donde el comunismo era mucho más que una preferencia política. Sus padres, Phil y Blanche Horowitz, eran maestros de escuela, militantes comprometidos del Partido Comunista estadounidense y admiradores de Joseph Stalin y la Unión Soviética como faros del dorado futuro de la humanidad. Como muchos de los llamados red diaper babies (bebés de pañal rojo), absorbió desde la infancia una visión del mundo que interpretaba la historia como una lucha entre opresores y oprimidos y que veía en el socialismo la promesa de una sociedad más justa.


Durante los años sesenta se convirtió en una figura destacada de la New Left (Nueva Izquierda). Como editor de Ramparts, una de las revistas más influyentes del radicalismo estadounidense, apoyó las protestas contra la guerra de Vietnam, promovió a diversos movimientos revolucionarios y mantuvo vínculos estrechos con los Black Panthers. Como muchos intelectuales de su generación, creía que el cambio social profundo requería lucha, revolución y demolición de las instituciones existentes.

Creía que el cambio social profundo requería lucha, revolución
y demolición.


Poco a poco las certezas que habían guiado su activismo comenzaron a erosionarse. Los crímenes de Stalin y Mao, los testimonios de disidentes soviéticos y la evidencia acumulada sobre la represión en los países comunistas planteaban preguntas difíciles de ignorar. Más tarde, el régimen de líder revolucionario Pol Pot en Camboya (1975-1979) exterminó a cerca de 25% de su población y las sangrientas consecuencias de la victoria comunista en Vietnam reforzaron una inquietud que se hacía más profunda; movimientos que prometían liberación y justicia social terminaban produciendo autoritarismo, persecución y extrema violencia.


El punto de inflexión llegó a mediados de los setenta con el asesinato de Betty Van Patter, una contadora que obtuvo trabajo con los Black Panthers, por recomendación de Horowitz. Aunque el crimen nunca fue resuelto judicialmente, investigaciones y testimonios posteriores señalaron la probable responsabilidad de miembros de la organización. Además del horror personal, a Horowitz le causó profunda indignación que la izquierda, sus activistas e intelectuales, optaran por el silencio cómplice.


Siguió un largo período de reflexión y revisión intelectual y durante varios años se alejó del activismo. Luego inició una etapa en la que se concentró en criticar a organizaciones y líderes específicos y pasó a rechazar los fundamentos filosóficos del radicalismo revolucionario. Sus reflexiones y evolución quedaron plasmadas en Radical Son (1997), una memoria personal, examen de conciencia y relato de una desilusión intelectual.


Horowitz pasó a tener una voz importante en organizaciones y publicaciones que defienden los principios y valores de la sociedad libre. Tan solo una lista de sus libros y ensayos rebasaría el espacio disponible aquí. La vida y obra de David Horowitz ofrecen una lección que trasciende las divisiones ideológicas; enseña que la integridad intelectual exige confrontar los hechos incluso cuando contradicen nuestras convicciones más profundas.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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