CON OTRA MIRADA
Día del Patrimonio Cultural de la Nación
El 26 de febrero de 1848, los señores Modesto Méndez y Ambrosio Tuc dieron a conocer la existencia de la milenaria ciudad de Tikal, perdida en la densa vegetación de las tierras bajas de Petén.
' La celebración ese año pilla a este patrimonio mundial con los calzones a media asta.
José María Magaña Juárez
Tan importante hecho provocó que el Congreso de la República emitiera el 10 de marzo de 1998 el acuerdo No. 15-98, declarando el 26 de febrero de cada año Día del Patrimonio Cultural de la Nación; así mismo reconoció el trabajo del Ministerio de Cultura y Deportes y demás instituciones del Estado por su preservación, conservación, rescate, sostenibilidad y divulgación.
Desde entonces, cada año alguna institución organiza actividades conmemorativas y alguien lo comenta, aunque, en general, a la gran mayoría de guatemaltecos el asunto le es indiferente, a pesar de que nuestra riqueza cultural es grande y de variado origen. Las prioridades de la población son otras: trabajo, alimentación, salud, vestido, vivienda, seguridad; aspectos que consumen energía y no dejan espacio para el estudio, ocio y cultura; es decir, bienes básicos para alcanzar calidad de vida.
Aquella riqueza empieza con las civilizaciones precolombinas asentadas en la Costa Sur, cuyos vestigios están diseminados en los departamentos Escuintla, Mazatenango y Retalhuleu. Petén alberga ciudades, centros ceremoniales y calzadas de comunicación de dimensiones colosales; algunas ampliamente estudiadas y documentadas y una gran mayoría aún ocultas bajo la selva.
Del período colonial están todos los pueblos y ciudades conocidas, muchos de ellos implantados sobre asentamientos precolombinos. Destacan, por ejemplo, los templos católicos construidos sobre sus precedentes mayas: Mixco, Patzún, Patzicía, Santiago Atitlán, Chichicastenango.
Del período republicano hay importantes aportes arquitectónicos internacionales, producto del bienestar económico. Ejemplos los hay en San Marcos, Quetzaltenango, Totonicapán, Escuintla y la ciudad de Guatemala, junto a los ensanchamientos urbanos de fines del siglo XIX y primera mitad del XX.
La Antigua Guatemala siempre es un referente, aunque por distintas razones, pues su razón de ser radica en la parcial destrucción causada por el terremoto del 29Jun1773, pero sobre todo, al ordenado traslado al valle de la Ermita; trauma que debió ser inmenso, pues en el nuevo asentamiento, si bien es cierto las condiciones eran favorables: soleamiento, ventilación, madera, agua, canteras y estar en dirección a la salida al Atlántico, todo estaba por hacerse, empezando por la canalización del agua de los nacimientos de Mixco y San José Pinula, que siglos atrás nutrieron a la importante Kaminaljuyú, para lo que se debió construir el montículo La Culebra, sobre cuya cima corría el agua.
Hoy, La Antigua Guatemala, ciudad conservada a lo largo de 48 años de labor técnica, profesional y científica del Consejo Protector, enfrenta el reto de su explotación comercial. Lamentablemente los esfuerzos han sido insuficientes para mantener su vocación habitacional, cultural y turística definida en sus primeros años de protección. El descuido, la falta de planes de ordenamiento territorial y de conservación han provocado el éxodo de sus habitantes, deslumbrados por los altos valores del suelo, cambiando automáticamente su uso. El impacto es grande, al punto de que hoy el diseño de centros comerciales tiende a imitar la histórica ciudad comercializada. Desde luego, el resultado son risibles soluciones urbanas y arquitectónicas sin sentido, en tanto que para las nuevas obras en la histórica ciudad se implantó el estilo colonial, provocando la caricaturización de la propia y verdadera arquitectura tradicional, haciéndole perder su valor.
Así, la celebración del Día del Patrimonio Cultural de la Nación ese año pilla a este patrimonio mundial con los calzones a media asta.