SIN FRONTERAS
Dificultades para cuantificar la población migrada
Es difícil pensar que haya un dato demográfico de tanta magnitud que a su vez sea tan incierto como aquel que responde a cuántos son los guatemaltecos que viven en Estados Unidos. En lo personal comparto con quienes creen que vamos llegando a unos cuatro millones. Pero lo único absoluto es que no hay consenso. Antes, descifrar la cantidad correctamente fue más sencillo. Los migrantes eran menos. Además eran más fáciles de identificar, pues muchos tuvieron acceso a la regularización de sus documentos. Pero, ya en este siglo, en la medida en que fue creciendo el éxodo centroamericano, creció también el rechazo político para incorporarlos a una situación legal. Desorden. Entonces, la forma técnica para medir poblaciones —el censo— empezó a fallar. Miedo. ¿Qué confianza puede inspirar un empleado de gobierno estadounidense cuando toca la puerta de una residencia y pregunta cuántos viven adentro, cuando todos los que viven adentro están indocumentados? El encuestador no llega con propósitos de compartir la información con las agencias de deportación, pero de eso no tiene certeza la familia. Encima, viene el caso guatemalteco que siempre tiende a ser… complejo. El miedo se incrementa entre algunas poblaciones. En la historia del indígena guatemalteco recurren eventos traumatizantes. Viene el aislamiento. Alejados, su mundo es más inaccesible, quizás indescifrable, para la Oficina del Censo. Se hace fácil comprender cómo sus resultados sobre guatemaltecos están fuera de foco.
' Resulta particularmente valioso que el Minex comparta sus propias estimaciones.
Pedro Pablo Solares
El último censo publicado de Estados Unidos se realizó en 2010. Y pareciera que, en lo que se refirió a ubicar guatemaltecos, el esfuerzo fue ineficaz. El total publicado fue de apenas 1.108 millones. La gran mayoría de ellos con alguna forma de estatus legal. Solo a simple ojo, esto, para cualquiera que trabaje en las múltiples industrias y actividades en torno a nuestras poblaciones migrantes, resulta irrisorio, pues se conocen las grandes proporciones de la migración indocumentada. Más cuando se ve que la cifra incluye a 367 mil que eran hijos de guatemaltecos, pero ya nacidos allá. Y a otros 200 mil que, habiendo nacido en Guatemala, ya habrían obtenido la ciudadanía estadounidense. Es decir que más de la mitad de los guatemaltecos que logró ubicar el censo ¡eran los ciudadanos estadounidenses! Por último, a ese porcentaje mayoritario se suman los que, sin ser ciudadanos, ya habrían obtenido residencia legal por alguna de sus variadas formas. Sin tener el dato a mano, recuerdo que de los censados más de 800 mil tenían estatus regular; es decir, unas tres cuartas partes. El censo mostró incapacidad para encontrar al indocumentado guatemalteco que, ya en ese entonces, se mostraba en la luz pública, al enviar remesas familiares por US$4,127 millones. El problema de un censo corto luego se multiplica, pues estudios como los del prestigioso Pew Research Center usan esa data, y hora proyectan que en 2017, los guatemaltecos en Estados Unidos eran apenas 1.44 millones.
En ese mundo de clandestinidad resulta particularmente valioso que el Ministerio de Relaciones Exteriores comparta sus propias estimaciones. Actualmente, en su página institucional, hay una proyección de la población en los 50 estados, sobre la base de los documentos que expiden sus consulados. Esa estimación suma 2.97 millones de migrantes guatemaltecos. Pero aún ese dato, que es de hace dos años, está limitado por el subregistro. ¿Cuántos hay que no se habían acercado al consulado a realizar sus complicados trámites? ¿Cuántos hay que sí se acercaron, pero no lograron los documentos que tantas veces son difíciles de obtener? ¿Cuántos niños nacidos en Estados Unidos que no han sido registrados? Y ¿cuántos han llegado como nuevos migrantes en estos últimos dos años de éxodo masivo? Como sea, esos tres millones de usuarios del Minex en Estados Unidos son un buen mínimo punto de partida.