Hagamos la diferencia

El agua que nace en Guatemala también tiene valor

Un tema olvidado al hablar del Agua es el de las Cuencas Transfronterizas.

A propósito de la discusión de la Ley de Aguas: Guatemala necesita una nueva visión para administrar el agua. Necesitamos una política nacional que permita almacenar, distribuir, utilizar y conservar el recurso hídrico. Pero el agua de Guatemala también trasciende nuestras fronteras. Nuestro territorio es una fábrica natural de agua. Numerosos ríos nacen en nuestras montañas y continúan hacia México, Belice y El Salvador. Las cuencas transfronterizas abarcan aproximadamente 167 mil 725 kilómetros cuadrados, más de 1.5 veces el territorio guatemalteco. El Grijalva, Usumacinta, Suchiate, Coatán, Hondo, Sarstún, Lempa y Paz tienen algo en común: parte de su agua se origina en Guatemala y genera beneficios más allá de nuestras fronteras.

Si Guatemala produce agua que beneficia a otros países, ¿por qué no convertir su conservación en una oportunidad de desarrollo?

Aquí surge una pregunta: ¿estamos administrando este patrimonio como un activo estratégico nacional? Parece que no. Guatemala todavía carece de una ley general de aguas que establezca claramente los derechos de uso, las responsabilidades institucionales y los mecanismos para administrar integralmente el recurso. Esta ausencia debilita el manejo de las aguas nacionales e internacionales. Otros países han avanzado. México y Belice cuentan con legislación específica para gestionar sus recursos hídricos. Esto no significa confrontación. Todo lo contrario: el agua debe convertirse en un instrumento de cooperación, no de conflicto.

Si nuestros bosques en las partes altas de las cuencas contribuyen a mantener los caudales que reciben otros países, conservarlos tiene un valor que debería ser reconocido. No se trata de “vender” el agua ni de privatizarla. Se trata de establecer mecanismos para que quienes reciben beneficios del recurso también contribuyan a conservar las fuentes que lo producen. Quien se beneficia de un servicio ambiental debe contribuir a mantenerlo. Los recursos de compensación transfronteriza podrían destinarse a proteger bosques, zonas de recarga y nacimientos de agua. La conservación podría convertirse en una inversión estratégica.

Pero para negociar necesitamos información e instituciones. No existe un ente centroamericano encargado de dar seguimiento integral a las cuencas transfronterizas y cada país analiza su territorio desde sus propias leyes e intereses. Guatemala debería tomar la iniciativa. Propongo crear una comisión nacional de cuencas transfronterizas, vinculada a la futura autoridad nacional del agua, para medir caudales, actualizar información, identificar zonas críticas y negociar con México, Belice y El Salvador. No podemos negociar lo que no conocemos. También debemos superar una visión limitada de la soberanía. La soberanía sobre nuestros recursos no impide la cooperación internacional. Puede fortalecerse mediante acuerdos para un uso equitativo, razonable y sostenible de las aguas compartidas.

Guatemala tiene una ventaja que todavía no hemos sabido valorar: parte del agua que alimenta cuencas de la región nace aquí. Debemos conservar nuestros bosques, ordenar el uso del agua, construir infraestructura de almacenamiento y riego y establecer con nuestros vecinos mecanismos de cooperación que reconozcan el valor de los servicios hídricos que Guatemala proporciona. El agua no debe ser motivo de confrontación; puede convertirse en una nueva forma de diplomacia.

Guatemala no necesita apropiarse del agua de nadie. Necesita aprender a valorar, conservar y administrar responsablemente el agua que nace en su territorio. Cada río que cruza nuestra frontera lleva consigo una parte del patrimonio natural de Guatemala y una oportunidad para construir un futuro diferente.

ESCRITO POR:

Samuel Reyes Gómez

Doctor en Ciencias de la Investigación. Ingeniero agrónomo. Perito agrónomo. Docente universitario. Especialista en análisis de datos, proyectos, educación digital. Cristiano evangélico.