Imagen es percepción

El colapso del eje Venezuela–Cuba–Irán

En política internacional, cuando se habla de veinticuatro horas, no se habla literalmente del reloj, sino de que el tiempo se terminó.

Las calles de Irán arden en una de las crisis más profundas de su historia. Tras 47 años de tiranía, miles de ciudadanos desafían al régimen teocrático en protestas que ya dejan millares de muertos y detenidos. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha intensificado su retórica, advirtiendo de que podría tomar “acciones muy fuertes” contra Teherán y declarando que “la ayuda está en camino” para los manifestantes, declaraciones que algunos expertos interpretan como el preludio de una posible intervención militar estadounidense en Irán en las próximas horas. La situación ha llevado a que varios países europeos han instado a sus ciudadanos a salir del país, ante la creciente inestabilidad y las amenazas regionales de represalias si Washington decide atacar.

Los imperios no se derrumban cuando los invaden, sino cuando colapsan por dentro.

La geopolítica suele explicarse como un tablero de ajedrez, con piezas, fronteras y tratados. Sin embargo, lo que hoy conecta a Venezuela, Cuba e Irán se parece más a una red eléctrica clandestina. No es una alianza ideológica ni romántica, es una arquitectura de supervivencia entre tres regímenes sancionados, aislados y cada vez más dependientes unos de otros para mantenerse en pie. Cuando un cable se corta, sea petróleo, logística, financiamiento o control informativo, el sistema completo comienza a fallar.

Durante años, Venezuela fue el nodo financiero y energético del eje. El petróleo sostuvo a Cuba y la geografía, junto al discurso antiestadounidense, abrió la puerta a Irán en el hemisferio. Teherán aportó aquello que no suele aparecer en los comunicados oficiales, tecnología de uso dual, asesoría militar, drones, rutas aéreas opacas y experiencia para evadir sanciones. La caída violenta del régimen venezolano no fue solo un cambio político, fue un golpe estructural al triángulo completo. La presencia de cubanos vinculados a labores militares y de inteligencia entre los muertos confirmó que la cooperación no era simbólica, era operativa.

Con Caracas fuera de la ecuación, Cuba queda expuesta en su flanco más débil, la energía. Tras 67 años de dictadura, un pueblo cansado y empobrecido enfrenta un límite histórico. Sin el petróleo venezolano, el riesgo no es únicamente económico, es social. Apagones, escasez y fatiga acumulada en una población que ya vive al límite. Donald Trump lo expresó sin rodeos, no más petróleo, no más dinero. El mensaje no es diplomático, es estratégico.

Mientras tanto, Irán arde. Los imperios no caen por invasiones, caen cuando se vacían por dentro.  Las protestas, detonadas por el colapso económico, se transformaron en un desafío frontal al régimen. Más de 2,500 muertos y miles de detenidos configuran la represión más grave en años. Trump ha optado por una ambigüedad calculada, alentar a los manifestantes, advertir consecuencias y preparar opciones militares sin anunciar una guerra abierta. No es improvisación. Es doctrina.

Visto en conjunto, el posible plan de corto plazo no apunta a un conflicto simultáneo a gran escala. Apunta a una estrategia de presión coordinada. Primero, derribar un régimen clave. Luego, estrangular el suministro energético y financiero. Después, empujar el desbordamiento interno de sistemas que ya muestran fisuras. Finalmente, cerrar los corredores tecnológicos y militares que los conectan.

La historia enseña que los imperios no se derrumban el día en que son atacados, sino el día en que dejan de sostenerse a sí mismos. Venezuela, Cuba e Irán comparten un mismo saldo tras décadas de dictadura, represión sistemática, pobreza y subdesarrollo. Sociedades empobrecidas, generaciones sin futuro e incapaces de ofrecer algo más que control y miedo, mientras una élite reducida acumuló fortunas exorbitantes al amparo del poder absoluto.

ESCRITO POR:

Brenda Sanchinelli

MSc. en Relaciones Internacionales e Imagen Pública. Periodista, experta en Etiqueta. Dama de la Estrella de Italia. Foodie, apasionada por la buena mesa, compartiendo mis experiencias en las redes.